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UN AÑO DE COVID: pacientes

"A mi marido le dijeron que se fuera despidiendo de mí"

Muchos de los pacientes que se contagiaron con el virus arrastran secuelas que les imposibilitan llevar una vida normal. 

De izquierda a derecha, Carmela Mondéjar, María Mar Sánchez y Marina Español
De izquierda a derecha, Carmela Mondéjar, María Mar Sánchez y Marina Español
Heraldo.es

Más de 100.000 personas se han contagiado de coronavirus en Aragón desde el inicio de la pandemia, muchos de los cuales tuvieron que ser ingresados en el hospital. Un año después, muchos pacientes arrastran secuelas que les imposibilitan llevar una vida normal y continúan con revisiones médicas y rehabilitación sin poderse reincorporar a sus puestos de trabajo. También hay personas que no entran en los casos confirmados con diagnóstico, pero que se infectaron en los primeros meses de 2020 y sufren covid persistente. El pasado enero nacía en la Comunidad el colectivo Long Covid ACTS, que ya cuenta con más de 200 miembros.

Estos son los testimonios de tres pacientes aragonesas:

Carmela Mondejar, junto al Hospital Miguel Servet de Zaragoza, en el que estuvo ingresada tres meses.
Carmela Mondejar, junto al Hospital Miguel Servet de Zaragoza, en el que estuvo ingresada tres meses.
Guillermo Mestre

Carmela Mondéjar, tres meses ingresada: "Salí de la uci hecha un guiñapo. La covid es horrible"

'Historia de mi pesadilla'. Así va a titular Carmela Mondéjar el escrito donde piensa relatar su experiencia de la covid a petición de su médica rehabilitadora del Hospital Miguel Servet de Zaragoza, donde tras infectarse estuvo ingresada desde el 11 de marzo de 2020 hasta el 10 de junio. "Mi marido y yo somos muy viajeros y acabábamos de llegar de Dubái. Nos íbamos a ir a Almería y estando en Albacete, visitando a mi familia, me empecé a sentir mal el día 10. De estar bien a tener 40 de fiebre. Supe que tenía el coronavirus", recuerda esta trabajadora social de 67 años ya jubilada.

Al día siguiente, ambos partían hacia Aragón directos a urgencias del centro, donde esa misma noche le confirmaron que había dado positivo. Comenzaba una batalla de tres meses de la que ha salido victoriosa, aunque todavía sigue de baja médica. "A partir de que me ingresan ya empiezo con mis nebulosas. De la uci solo recuerdo cuatro o cinco cosas; estuve cuarenta días sedada. Vino un señor que me dijo: 'Tú vas a salir. Tienes unos ojos que piden vida'. Eso es real. Tiempo después, al preguntar, me confirmaron que fue el jefe de planta. También venían enfermeras que ponían en la pared 'Ánimo, Carmela'", destaca.

Para ella, esos 53 días en uci es tiempo que le han "robado". Y para su familia, semanas muy amargas. "Un viernes llamaron a mi marido para ver si les daba permiso para que me desenchufaran porque no podían hacer más. "Ha tenido un fallo multiorgánico de pulmón y riñón, le hemos hecho hemodiálisis, transfusiones...", le iban explicando. Toda la semana le iban informando de que estaba muy grave. "Vete despidiendo de ella", le decían. Él les pidió que le dejaran un tiempo para llamar a mis hermanos, que son muy religiosos y encargaron una misa", rememora.

"Cogí todas las bacterias"

Afortunadamente, el lunes siguiente los médicos volvían a contactar con él para comunicarle que su mujer había experimentado una "ligera mejoría" y que la lucha por la vida continuaba. "Chapó por la sanidad pública. Esta gente es de otro material. Cuando entré en el hospital, los EPI ni existían. Los sanitarios llevaban bolsas de basura encima de las batas y atadas a los pies. Luego, empecé a ver los buzos", dice Carmela, quien indica que salió de la uci hecha un "guiñapo". "Sin masa muscular, con pañales durante tres meses, perdí siete kilos... Estuve otro mes en planta. La covid es horrible", afirma.

Abandonó el Miguel Servet en silla de ruedas y hasta hace unas semanas ha estado yendo a rehabilitación dos veces por semana. "Salí con el brazo pegado al cuerpo y sin poder andar. En la uci cogí todas las bacterias. Tengo isquemias cerebrales, sigo con fibrosis pulmonar, los bronquios los tengo muy inflamados, al mes de salir perdí mucho pelo y tuve infección de orina hasta el Pilar. También tengo muchos dolores variados y se me ha necrosado el dedo de un pie», enumera entre las secuelas que le ha dejado el virus un año después de contagiarse.

No obstante, Carmela es una persona muy vitalista que va mejorando conforme pasan los meses. Ahora se encuentra en Canfranc, donde una vez jubilada vive la pareja desde 2015. "Pero viniendo a citas médicas a Zaragoza. Me han dicho que cambie de aires, que salga del hospital".

María Mar Sánchez, técnico de auxiliar de enfermería, se contagió trabajando en abril y todavía está de baja.
María Mar Sánchez, técnico de auxiliar de enfermería, se contagió trabajando en abril y todavía está de baja.
Francisco Jiménez

María Mar Sánchez, con covid persistente: "Aún no he podido retomar ni el trabajo ni mi vida"

María Mar Sánchez, de 52 años y técnico de auxiliar de enfermería, ha vivido el miedo al coronavirus desde los dos lados: como sanitaria y como paciente. Al inicio de la pandemia, cuando todo era incertidumbre, trabajó en primera línea con enfermos de covid en el hospital de Ejea de los Caballeros. Fue en el centro médico donde se contagió en abril de 2020 y a día de hoy padece covid persistente -una enfermedad reconocida por la OMS y el Ministerio de Sanidad- y es miembro del colectivo Long Covid ACTS creado recientemente en Aragón.

"El primer síntoma fue un dolor de cabeza muy fuerte. Estuve casi un mes aislada en una habitación de mi casa con disnea, dolores musculares, de garganta, afonía, náuseas... En dos ocasiones tuve que ir a urgencias aquí en Ejea", explica.

Hasta 36 síntomas

Casi un año después y tras pasar por diferentes especialistas, María Mar Sánchez sigue con dolencias que le imposibilitan llevar una vida normal. "Aún no he podido retomar ni el trabajo ni mi vida. La sociedad no sabe lo que estamos viviendo. He tenido unos 36 síntomas (no todos a la vez). Los míos son más neurológicos. Todos los días tengo dolor de cabeza, de ojo y oído y disnea. No he recuperado el olfato y sufro mareos, déficit de memoria... Te das cuenta de que estás envejeciendo y que no puedes hacer nada. Tengo a mi cargo a mis padres y me tienen que ayudar mi marido y mi hija porque no puedo atenderlos. Esto es lo que vivo diariamente y como yo mucha gente", indica.

Asimismo, esta sanitaria habla de agobio al ver pasar los meses y comprobar que otras personas que se han contagiado ya están activas. "Al principio estás muy solo. No entiendes que todos están trabajando y bien, y tú aquí. Hay días que te baja la autoestima porque dices: '¡Soy joven para estar así!'", afirma.

No obstante, María Mar tiene mucha esperanza en que se dé con un tratamiento. "Está claro que algo nos está pasando. O bien nuestra inmunidad no está funcionando bien -señala- o ha quedado resto del virus y nos salen inflamaciones. Tendrán que dar con algún tratamiento porque esto no es vida", concluye.

Marina Español, en el exterior del Hospital Quirón Salud Zaragoza, donde estuvo ingresada 32 días, de ellos 18 en la uci.
Marina Español, en el exterior del Hospital Quirón Salud Zaragoza, donde estuvo ingresada 32 días, de ellos 18 en la uci.
Oliver Duch

Marina Español, 18 días en la uci: "El coronavirus ha sido una pesadilla y lo sigue siendo"

Marina Español, de 60 años y dueña de una guardería en Zaragoza, da gracias a Dios por estar viva, aunque su cuerpo todavía no le responde al 100% habiendo pasado casi un año de recibir el alta en el Hospital Quirón Salud, donde estuvo ingresada 32 días -18 de ellos entubada y sedada en la uci-.

"No me acuerdo de nada, solo de muchas pesadillas. Y que cuando me despertaron preguntaba por mi familia; estaba obsesionada por que se encontrara bien. Después entré en planta como un bebé: sin poder andar ni comer sola... Perdí ocho kilos, que los recuperé enseguida. Salí en silla de ruedas. Me emocioné mucho, todo el hospital lleno de médicos aplaudiendo. Fui la primera con covid que salí de la uci, por eso estaba todo el mundo tan contento", comenta.

Marina se contagió en Marruecos en un viaje organizado que hizo con su marido y un amplio grupo de amigos del 1 al 8 de marzo. Al cuarto día se empezó a encontrar mal, pero nunca pensó que se tratara del virus. "Creía que era algo intestinal por el agua que había bebido o por frío. Se oían casos en China, pero no aquí. Otros amigos enfermaron. Al final, en el grupo ha habido de todo: asintomáticos, en uci y uno murió", lamenta esta afectada, que ingresó en el hospital el 14 de marzo.

A fecha de hoy, acude tres veces a la semana a rehabilitación, toma cinco pastillas diarias por las secuelas que le han quedado y está de baja laboral. "La covid ha sido una pesadilla y lo sigue siendo. Soy otra persona: de aspecto estoy bien pero mi cuerpo es otro. Tengo mucho cansancio, insomnio, menos fuerza en los brazos, me ha afectado a la memoria... Cada dos meses voy a revisión médica. Y me preocupa mi futuro, con los niños soy la persona más feliz del mundo», señala.

Positiva por naturaleza, Marina hace todo lo posible por recuperarse y agradece el apoyo "tan grande" que ha recibido. "Gracias a mi marido, a mis hijos y a toda mi familia, a amigos, compañeros de trabajo, a las familias de mis niños de la guardería y al equipo del Hospital Quirón", enumera con orgullo.

HERALDO publicará el próximo día 14 un suplemento especial en el que se repasa cómo ha sido el año de pandemia en muy diferentes ámbitos. También se ofrecerá información, reportajes, testimonios y mesas redondas con personalidades aragonesas.

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