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8M-Día de la mujer

Nueve historias de mujeres: "Si ya sufríamos desigualdad, la pandemia la ha incrementado aún más"

Nueve mujeres nos cuentan cómo están viviendo la pandemia de covid-19 que ha trastocado todo cuanto conocíamos.  

De izquierda a derecha y de arriba abajo, Nerea Montes, Miriam Herrero, María Pilar Murillo, Rosa Serra, Toñi Morcillo, Jessica Gómez-Hidalgo, Olga Abián, Paula Matutano y Ainhoa Lozano
De izquierda a derecha y de arriba abajo, Nerea Montes, Miriam Herrero, María Pilar Murillo, Rosa Serra, Toñi Morcillo, Jessica Gómez-Hidalgo, Olga Abián, Paula Matutano y Ainhoa Lozano

En las ucis de los hospitales y en las unidades militares que desinfectan residencias, con sus alumnos en las escuelas y al frente de sus negocios en la ciudad o en el medio rural, reorientando sus líneas de investigación contra la covid y adaptando la vida entera, a cualquier edad, a una realidad nueva y desafiante marcada por la pandemia. 

Nerea Montes, médico intensivista y paciente de ‘long covid’.
Nerea Montes, médico intensivista y paciente de ‘long covid’.
Francisco Jiménez
Nerea Montes: "No recupero la salud, once meses después del contagio en la uci donde trabajaba"

Como médico intensivista, la primera ola de la pandemia la pilló trabajando en una uci covid. Y allí se contagió.

El 4 de abril empecé con síntomas compatibles. No llegué a estar ingresada, pasé la enfermedad en casa, algunos días apuradica, pero con una evolución moderada. Después, ves que van pasando los meses y que no recuperas la salud. Yo, que era deportista y no me cansaba con nada, me fatigaba solo de hablar y empezaron a aparecer otros síntomas: digestivos, neurológicos, dolores, sensaciones eléctricas en las extremidades, escalofríos... Cambia tu manera de moverte, de respirar. Y dices: ¿qué me está pasando? Entonces no se sabía, pero ahora ya tiene nombre: covid persistente.

Once meses después, ¿sigue de baja?

La barrera del año nos impresiona a todos mucho. En ningún momento he recuperado la salud. He hecho dos intentos de volver a trabajar, nada me gustaría más que recuperar mi vida y volver al trabajo en la uci del Hospital Militar, a practicar deporte, poder atender a mis hijos sin caerme a cachos. Piensas que te recuperas, pero recaes. La sintomatología es persistente y fluctuante en el tiempo, con una variedad que te desconcierta y te asusta. Hay compañeras que no pueden leer un artículo científico o están en tratamiento por angina de pecho. El deterioro de la salud es bestial, con la sensación de estar en la cuerda floja, de haber envejecido 20 años de golpe.

Ahora se ha volcado en el colectivo Long Covid Aragón.

Reúne a 200 personas y, junto al resto de CC. AA., 2.700. Las ocho afectadas que somos sanitarias nos movemos constantemente para fomentar la investigación y el apoyo de las instituciones. El virus persiste en nosotros y hay que encontrar un tratamiento efectivo para una enfermedad desconocida que se nos está cronificando y no sabemos cómo va a evolucionar. Está todo por investigar.

¿Cuál es el perfil de quienes padecen covid persistente?

En un 80% de los casos corresponde a mujeres, con una media de edad de 43 años y 6 meses.

¿Se sienten atendidas?

El problema es que los médicos de familia aún no conocen la enfermedad; especialmente las mujeres de cuarenta y tantos se encuentran con que les cuelgan el cartel de ‘menopáusica histérica’ y les recetan un ansiolítico o les dicen que se apunten a zumba. Pedimos humanidad en el trato y empatía. 

Por María Pilar Perla Mateo

Miriam Herrero, presidenta de Amanixer, Asociación de Mujeres con Discapacidad en Aragón.
Miriam Herrero, presidenta de Amanixer, Asociación de Mujeres con Discapacidad en Aragón.
Toni Galán
Miriam Herrero: “Si ya sufríamos desigualdad, la pandemia la ha incrementado aún más”

En estos tiempos de coronavirus, ha estado y sigue en primera línea, apoyando en todo momento al colectivo de mujeres con discapacidad.

Durante el confinamiento, tuvimos que cancelar todo el programa de actividades y proyectos de la asociación, porque surgieron otras prioridades que debíamos atender; teníamos que estar ahí y lograr adaptarnos, día a día, a esas nuevas necesidades.

¿Y cuáles fueron esas necesidades?

Sobre todo, atención psicológica. Pusimos en marcha talleres para gestionar la ansiedad y el estrés, y tuvimos que hacerlo ‘online’, lo que nos resultó muy complicado, porque, en las mujeres con discapacidad, la brecha digital es enorme. Pero teníamos que hacerlo, el confinamiento estaba potenciando mucho las situaciones de soledad, de violencia de todo tipo, y teníamos que llegar a ellas, fuera como fuera. Y no ha sido fácil, la verdad.

¿Qué ha sido para usted lo más duro en este año?

Pensar en esa soledad que, si en las mujeres con discapacidad ya existía, con el confinamiento se iba a acentuar; y en aquellas que necesitaban cuidados en sus casas y no podían recibirlos o no podían acudir a sus tratamientos; pensar, también, en que las situaciones de violencia iban a aumentar, porque, al final, el encierro conlleva que tengas que convivir más con la persona que ejerce esa violencia sobre ti. Y la inquietud de ver cómo podíamos ayudarlas y enfocar nuestro trabajo hacia todo lo que estaba pasando.

¿Y cómo ha impactado, qué rastro deja la pandemia?

Si las mujeres con discapacidad sufríamos ya la desigualdad en todos los ámbitos de la vida, la pandemia no ha hecho sino incrementarla todavía más.

Vamos, que eso de que íbamos a salir más fuertes...

Fortalecidas, no, desde luego que no. Pero sí con una mayor intención de seguir luchando; y más ahora que sabemos que esta situación nos va a suponer muchísimo esfuerzo para recuperar lo que teníamos, actividades, proyectos... Nos ha quedado muy claro a todas que no es momento de parar; que si teníamos mucho trabajo por delante, pues ahora nos queda todavía mucho más. Tenemos que reinventarnos, pero hemos aprendido a enfrentarnos a situaciones nuevas e inesperadas y a saber que tenemos que intentar gestionar esa capacidad nuestra de adaptación.

Por Lucía Serrano

María Pilar Murillo, a la salida de la residencia.
María Pilar Murillo, profesora jubilada, a la salida de la residencia.
Guillermo Mestre
María Pilar Murillo Fumaz: “He pasado una enfermedad grave, del bicho. Nací en 1929 y fui profesora de francés”

María Pilar Murillo Fumaz cumplió 91 años la víspera del día de San Jorge en el Hospital Royo Villanova, en medio de la pandemia, y le aplaudieron las médicos y enfermeras, que no tenían muy claro que fuera a sobrevivir. Sufrió un derrame cerebral en 2019 y el año pasado superó la covid-19. Tras dos semanas ingresada, regresó a la residencia Parque Dorado, en el Actur, donde lleva dos años y donde ha perdido a amigos como Miguel, en otra oleada de la pandemia. Esta mujer es una superviviente y una luchadora nata porque en la Guerra Civil, con 9 años, se exilió con sus padres de Barbastro a Francia, fue espía para los aliados en la II Guerra Mundial, regresó a España en 1950, se casó con su marido, de Maella, y tuvo cuatro hijos. Lola Albiac Murillo, una de ellos, le ayuda a responder estas preguntas porque su madre lo necesita: sufre los efectos de la afasia, enfermedad que le bloquea el habla.

Ha sobrevivido a la covid. ¿Cómo ha pasado la pandemia?

He pasado una enfermedad grave, esa del bicho, que nos cuentan en la residencia. Solo conocía el cólera (el verano de 1961), que bajamos a Zaragoza para vacunarnos en el Joaquín Costa. Yo nací en 1929 en Barbastro.

¿Recuerda que, por su cumpleaños, le aplaudieron en el hospital al que la llevaron cuando se puso mala?

Sí, me acuerdo que me aplaudieron en el cumpleaños y de un pastel que estaba muy bueno. Lo trajo mi hija para mí y para las chicas que me ayudaban allí (la doctora Moreno permitió a su hija Lola entrar en la habitación, con el traje de protección, para verla).

¿La han vacunado ya contra el bicho ese que dice?

Me pusieron una vacuna en enero y otra poco después contra el bicho ese. Me puse contenta cuando salí del hospital y volví a la residencia, qué bien.

Ahora que se celebra el 8-M, ¿usted hasta cuándo trabajó?

Yo di clases de francés en la Escuela de Turismo de Aragón hasta que tuve 75 años. Llevaba, en los años 70, comics de Astérix porque no estaba traducido en España aún y utilicé música tradicional francesa o de George Moustaky, con las letras en la pizarra y el casete. Les gustaba y alguna chica hasta lo contó por la radio.

¿Qué hace cuando sale de la residencia de paseo?

Me gusta comer un plátano y tomar un chocolate en la terraza del bar donde me lleva mi hija Lola porque es muy espeso. Voy en la silla sentada y me gusta que me dé el sol por aquí, en la Expo.

Por Ramón J. Campo

Rosa Serra, con su ganado en Royuela.
Rosa Serra, con su ganado en Royuela (Teruel).
Jorge Escudero
Rosa Serra: “No poder salir del pueblo a causa de la covid puede resultar agobiante”

¿Cómo está viviendo la covid?

Hemos estado bastante bien. Aunque mi hija y mi marido la cogieron, fueron casos asintomáticos y puntuales.

¿Qué añora de la normalidad?

Poderme mover fuera del pueblo. Aunque tengo trabajo para dar y vender, me apetece salir de vez en cuando y no poder hacerlo puede resultar un poco agobiante, pero también pasa en otros lugares más grandes. Echo de menos estar con mi hermano, que vive en Valencia y al que no veo desde el pasado octubre,

¿La vida local también se ha apagado?

Hay gente joven en Royuela, pero no nos podemos juntar por la epidemia. Aunque yo soy muy hogareña.

Es originaria de Valencia. ¿Echa de menos la ciudad?

No. Quizá juntarme con los amigos, pero llegarán tiempos mejores y volveremos a reunirnos.

¿Se siente segura frente al contagio en Royuela?

Me siento más tranquila. En una ciudad, los contactos son más frecuentes. Aquí, solo estamos los residentes habituales porque se ha respetado la instrucción de no viajar a los pueblos.

Usted es ganadera de ovino. ¿Cómo ha impactado en su trabajo la crisis generada por la covid?

Hemos tenido suerte porque cuando hemos tenido que vender los corderos ha sido cuando más caros iban. Se nos ha dado bien y los precios han sido mejores que en años anteriores.

¿Es difícil compatibilizar el trabajo con la familia en un pueblo por falta de equipamientos y servicios?

No, porque aquí los niños tienen más libertad y mi madre me echa una mano. En una ciudad hay que acompañar a los críos a todos lados mientras que aquí salen solos. Es cierto que la guardería más cercana está en Albarracín. No queda otra alternativa que echar mano de la familia.

¿Se apoya a la mujer para que se quede en los pueblos?

Por poner en marcha una explotación agraria en el medio rural, las mujeres tienen una prima de puntos en las ayudas públicas. No estoy de acuerdo en que, por ser mujer, me den más puntos que a un hombre. Quiero igualdad de oportunidades.

¿Ha llegado gente a vivir a Royuela con la pandemia?

Ha habido jubilados que, antes de la covid-19, pasaban la mayor parte del año en ciudades, y que se han quedado en el pueblo mientras dura la pandemia. 

Por Luis Rajadel

Toñi Morcillo, maestra de educación primaria, en el patio de su colegio.
Toñi Morcillo, maestra de educación primaria, en el patio de su colegio.
Toni Galán
Toñi Morcillo: “Yo creía, de verdad, que no íbamos a llegar al Pilar, pero la escuela sigue abierta”

Tras el duro confinamiento y unas vacaciones atípicas, ¿cómo vivió esa temida vuelta al cole, en septiembre?

Sinceramente, con mucho miedo. Me sentía que iba a ir al ‘matadero’. Conforme estaban las cosas y con todo lo que había pasado, pensar que tenía que meterme en un aula con 25 niños y en un centro tan grande –soy tutora de 3º de primaria en el CEIP Josefa Amar y Borbón de Zaragoza–, yo creía, sinceramente, que no íbamos a llegar ni al Pilar. Y, como yo, todos sentían miedo.

¿Llegó a sentir ansiedad, malestar, incertidumbre...?

Sí, porque, al principio, no era solo miedo al contagio, sino también a no saber si iba a ser capaz de asumir tanta responsabilidad; miedo a no saber si podría estar a la altura de atender a los chicos, eran tantas las cosas que había que hacer, lavarse las manos a todas horas, no se podían juntar... Si trabajas en una oficina, igual no pasa nada, pero, en la escuela, trabajamos con niños y eso es muy serio, muy importante, hay que mimarlos.

Y, ahora, después de casi un año de pandemia, ¿cómo está la escuela?

Todo es muy diferente. Afortunadamente, el protocolo de contingencia ha funcionado a la perfección. Los niños son los que mejor lo cumplen, tienen una capacidad de adaptación camaleónica, y las familias también lo han asumido y entendido perfectamente. Y, como siempre hay que sacar algo positivo de cada situación, creo que todo esto ha servido para que familia y escuela trabajen de la mano, más juntos que nunca.

Está claro que su labor ha dado muy buenos frutos. Las escuelas siguen abiertas, hay pocos contagios...

Sí, al final, la vida sigue adelante, la escuela sigue abierta y funciona muy bien. Hemos trabajado mucho el tema emocional con los chicos y hemos sido capaces de crear un entorno seguro, con el esfuerzo de docentes, familias, alumnos y equipos directivos, pero no de la Administración.

¿La veo muy crítica con la Administración?

Sobra con decir que, en septiembre, empezamos a dar clases con las mascarillas que llevábamos de casa. Todo lo que se gasta en gel hidroalcohólico, papel de manos... corre a cargo del colegio, por lo que no queda dinero para comprar tiza o una bombilla del proyector que se ha fundido... No hay partidas presupuestarias propias para afrontar los gastos covid.

Por Lucía Serrano

La cabo de la Unidad Militar Emergencias Jessica Gómez-Hidalgo, en Zaragoza.
La cabo de la Unidad Militar Emergencias Jessica Gómez-Hidalgo, en Zaragoza.
Javier Belver
Jessica Gómez-Hidalgo: “Me aplaudieron cuando llegaba a mi casa, en Huesca, y me emocioné mucho”

¿Cuánto lleva en la Unidad Militar de Emergencias (UME)?

Llegué a la UME hace seis años tras estar en Zapadores de la Brigada Aragón y la Brigada de Montaña. Estoy en el Ejército desde 2006. Nací en Madrid hace 32 años y mi marido es militar. Vivo en Huesca y tenemos un niño.

¿Cómo les cambió la pandemia sus funciones?

Fue un cambio de repente. Estábamos trabajando en materia de inundaciones y, de un día para otro, los hangares se llenaron de material y EPI (equipos de protección individual) necesarios para nuestra nueva misión contra el covid. No conocíamos ese material ni a lo que nos enfrentábamos, pero pronto aprendimos a utilizar el material desinfectante y cómo ponernos y quitarnos el EPI. Se realizaron protocolos y en pocos días estuvimos preparados para la misión. Fue el 11 de marzo.

¿Dónde fue su primera misión contra la covid?

Mi primera fue desinfectar una residencia en Zaragoza.

¿Esta función ha reforzado la imagen de la UME?

Ha sido muy positivo para la UME porque con la operación Balmis hemos protegido a muchas personas. Nos han reconocido en la calle y ahora estamos mucho más valorados por los ciudadanos. Cuando volví a Huesca, un día de abril, coincidió que eran las ocho de la tarde, cuando la gente salía. Me reconocieron los vecinos, me aplaudieron al llegar a mi casa y me emocioné mucho.

¿Qué se encontró cuando le tocaba ir a las residencias?

Al principio, tuve que recoger las pertenencias de un anciano que acababa de morir. Contábamos los que fallecían en las residencias cada día. Sus trabajadores estaban desbordados, y ese desbordamiento nos lo transmitían, lo pasé mal. Nuestra misión era desinfectar el lugar, pero también ayudábamos al personal a mover ancianos desde las zonas ‘sucias’ a las ‘limpias’. Un momento malo fue cuando me devolvieron un respirador que poco antes yo había enchufado porque el anciano acababa de fallecer. Me impresionó ver la muerte.

¿Qué se aprende de esta experiencia tan dura?

Eso nos preguntaron los mandos. Tengo claro que no me gustan las residencias, aunque solo he visto esto, por la soledad en la que morían los ancianos.

¿Las mujeres en el Ejército se sienten respetadas?

Me he sentido una más siempre, en el Ejército están las que quieren estar. En la Unidad Militar de Emergencias nos reconocen a las mujeres, como a ellos. 

Por Ramón J. Campo

Olga Abián, investigadora del Instituto Aragonés de  Ciencias de la Salud.
Olga Abián, investigadora del Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud.
José Miguel Marco
Olga Abián: “Los investigadores hemos demostrado una gran capacidad de adaptación»

¿Cómo ha afectado la pandemia a su investigación?

Prácticamente desde el primer día que nos ‘encerraron’, desde el minuto uno, empezamos a buscar qué parte de lo que sabíamos hacer podía ayudar a avanzar en el conocimiento del virus.

¿Eso les permitiría volver pronto al laboratorio?

Al principio no se podía ir a trabajar si no era en relación con la covid. Por suerte, una fundación privada nos financió un proyecto, que codirijo junto a Adrián Velázquez, de identificación de compuestos bioactivos frente a covid y a finales de marzo ya estábamos en el laboratorio. Cuando volvimos no teníamos ni guantes porque habíamos puesto todos los equipos de protección individual a disposición de las autoridades sanitarias.

¿Y qué ha pasado con sus líneas habituales de trabajo?

Ahora se están volviendo a poner en marcha otra vez. Nos centramos en la validación de un método diagnóstico, en paralelo al programa de cribado de cáncer de colon, que se paralizó y se ha reanudado en enero.

¿La pandemia ha perjudicado a la investigación no covid?

Por un lado, todos los investigadores hemos demostrado una gran capacidad de reacción y adaptación a las circunstancias, a lo que se nos pedía, y eso nos ha dado la oportunidad de abrir nuevas líneas. Por otro, las investigaciones ya abiertas se han ralentizado. En especial las conectadas con la recogida de muestras de pacientes. Muchos proyectos de salud tendrán que pedir prórroga. Pero haremos un esfuerzo y nos sobrepondremos. Lo importante es que la financiación no pare y siga llegando.

¿Hay riesgo de que se desvista un santo para vestir a otro?

Confío en que la financiación de proyectos covid sea un extra que no merme otros fondos, no muy boyantes.

¿Por fin se considera la ciencia esencial?

La opinión pública es consciente, aunque quiere resultados ya y llegan después de mucho trabajo y tiempo. Cuanto más dinero, menos tiempo. Hay que invertir en investigación hoy para que mañana estemos preparados.

¿Afecta la desigualdad al liderazgo en ciencia?

Las convocatorias son competitivas, te miden por tu curriculum. Pero ¿cómo llegas a tener un buen CV? Como en otras profesiones, el momento en que tienes que darlo todo coincide con tu periodo fértil, y a veces tienes que elegir. Hay que trabajar para que nadie se quede por el camino si no es su decisión.

Por María Pilar Perla Mateo

Paula Matutano, teniente de la Guardia Civil en Caspe.
Paula Matutano, teniente de la Guardia Civil en Caspe.
G. C.
Paula Matutano: “Las fiestas ilegales llegaron al final de 2020 y principios de 2021, la mayoría en casas”

¿Cómo se estrenó en su destino en Caspe?

Me formé dos años en la Academia General Militar de Zaragoza y tres en la de Aranjuez. Soy de Sevilla, tengo 25 años y la compañía de Caspe es mi primer destino como teniente desde agosto de 2019. Trabajé poco tiempo en la normalidad, para adaptarme como oficial adjunto, hasta la llegada del estado de alarma.

¿Qué le ha ensañado la pandemia?

Llegó de improviso la crisis sanitaria. Al principio hubo mucha incertidumbre y nadie sabía cómo actuar. Tuvimos que adaptarnos a la situación con un incremento en dispositivos para cumplir las restricciones, además de seguir con las labores que se venían haciendo antes.

¿Cuál fue la primera actuación que le marcó?

Tuvimos una actuación muy relevante al comienzo de la pandemia, la desaparición de una señora mayor en Caspe el 25 de marzo, cuyo desenlace no fue el deseado. Fueron siete días intensos con un dispositivo de búsqueda junto a efectivos del Ejército, Bomberos, Policía Local y Protección Civil. La experiencia fue muy buena.

¿Cómo afrontó las denuncias a los ciudadanos?

Al principio, la población cumplía mejor las restricciones y salían para necesidades básicas. Cuando se flexibilizaron las medidas hubo más denuncias por incumplimiento. Las fiestas ilegales llegaron al final del año 2020 y principios del 2021, la mayoría en domicilios.

¿La oleada de los temporeros también la vivieron?

Con la llegada de los temporeros hubo varias incidencias que provocaron un mayor contagio, sin embargo gracias a la normativa se adaptaron para subsanar los problemas. Hubo varios brotes y en Caspe se habilitó un lugar para las personas con PCR positiva. Hubo mucha labor humanitaria y los compañeros llevaron comida a las familias.

¿Cómo ha reaccionado la gente ante su ayuda?

Se me pone la piel de gallina, nos daban las gracias en el cuartel. Es nuestro trabajo, pero hemos ayudado a mucha gente, especialmente en las residencias, donde muchas personas han fallecido alejadas de sus familias.

¿La mujer va a modernizar la Guardia Civil?

Sí. Las primeras llegaron hace 32 años. Se trata de una profesión que aún se cree que está muy masculinizada, pero, con el nuevo Plan de Igualdad, se fomentará la visibilidad de la mujer en puestos de mando y especialidades. Pronto tendremos una mujer general.

Por Ramón J. Campo

Ainhoa Lozano, hotelera, en una protesta de SOS Pirineos en Benasque.
Ainhoa Lozano, hotelera, en una protesta de SOS Pirineos en Benasque.
HA
Ainhoa Lozano: “Desde hace un año, el teléfono no suena y los clientes no llegan”

Usted tiene un hotel restaurante en el valle de Benasque, en Villanova. ¿Cómo era su vida hace un año y cómo es ahora?

El mío es un negocio familiar y mi marido también trabaja en hostelería. Hace un año me tenía que preocupar de que no les faltara nada a los clientes y, ahora, el teléfono no suena y ellos no llegan. Sanitariamente esta pandemia no nos ha tocado, pero económicamente los efectos son muy serios.

¿Y de qué modo se sale adelante?

Con ayuda del banco, no hay otra. El Gobierno autonómico y el central no terminan de dar las ayudas: podían haber parado los préstamos de las hipotecas o paralizado impuestos. Los pocos ahorros que podíamos tener y lo poco que se ha trabajado dos meses en verano, con aforos del 70%, no dan para pagar 12 meses, y tenemos que seguir afrontando los gastos que no nos han perdonado. En las vacaciones de Navidad no trabajamos nada, solo llenamos dos habitaciones. Ha sido un golpe que nos ha dejado KO, con pérdidas del 90%. Lo peor es que nadie te tiende la mano para ayudar a levantarte y cada vez la situación es más crítica. Tenemos dos hijos en edad de estudiar.

¿La mujer ha sufrido especialmente los efectos económicos de la pandemia?

Hay sectores donde predominan los hombres, como la construcción, que no se han visto afectados, pero en los hoteles hay muchas camareras, cocineras... Lo mismo ocurre en el pequeño comercio. Por lo que veo en mi valle, son más las mujeres que se han quedado sin trabajo que los hombres.

Usted pertenece al movimiento ciudadano SOS Pirineos y está en la primera línea de muchas movilizaciones para pedir un plan de rescate.

Estamos luchando desde las zonas más alejadas de los núcleos urbanos, con menos servicios y más factores en contra, pero nos tratan igual que si viviéramos en una ciudad. El día que nevó en Zaragoza suspendieron las clases cuando aquí las carreteras estaban limpias y los niños podían haber ido al colegio. No entendemos por qué las decisiones se toman desde Zaragoza, sin tener en cuenta que nuestra situación es otra. Nos da igual que el aforo sea del 30% que del cero, porque aquí no viene nadie.

Por María José Villanueva

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