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Aragón
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Perarrúa y Besians, tierra de encuentros

Las fortalezas, los puentes y los rincones evocadores jalonan el paisaje de la Ribagorza; los cascos urbanos de estos dos núcleos deparan sorpresas al viajero inadvertido

Uno de los aspectos que menos se tiene en cuenta cuando se habla de Ribagorza es que ésta es una tierra de puentes. Puentes en lo metafórico como punto de encuentro entre el llano y la montaña, Aragón y Cataluña, España y Francia, entre el este y la promesa del mar y el oeste de los grandes llanos somontaneros… pero es también, físicamente, una tierra marcada por sus puentes reales, pétreos y seculares, especialmente por los monumentales construidos en la época medieval particularmente abundantes en sus valles del Ésera y del Isábena.

Puentes en Olvena para acceder a las tierras del antiguo condado, en Graus, en Capella, en Foradada, en Campo, en Roda, en La Puebla de Roda, en Serraduy, en Obarra, en Beranuy, en Sahún, en Benasque, en Torres del Obispo, en Montañana… a cuál más bonito, algunos recuperados de la ruina en fechas más o menos recientes, todos con una larga historia.

Algunos se enorgullecen de contar con más de uno; entre ellos, el de Perarrúa, que asombra al viajero con la majestuosa fábrica del que ha dado históricamente acceso a la capital del municipio y el que, un par de kilómetros aguas arriba, salva las aguas del Ésera a las puertas de Besians. Aún hay un tercero, arruinado, en una barranquera vecina que habla bien a las claras del trasiego -y parada- de gentes, acémilas y mercancías por estos pagos desde bien antiguo.

Expectación

Más allá de la interrupción forzada por la pandemia, el trasiego se mantiene con los numerosos coches que suelen circular por la carretera A-139 a o desde Benasque o Graus, pero Besians y Perarrúa perdieron impulso y población desde mediados del pasado siglo y, aunque reviven espectacularmente en épocas vacacionales, no suelen reciben ahora la visita de gentes que se desplacen hasta aquí ex profeso.

Esos dos espectaculares puentes, empero, se despliegan como una apabullante tarjeta de presentación; son airosas construcciones medievales de piedra que comunican ambos núcleos con la margen izquierda del río y su camino natural entre la frontera con Francia y el encuentro con el Cinca. Aguas abajo, el de Perarrúa está organizado en torno a un arco central, dovelado y de arco apuntado, que ayuda a remarcar la estructura del puente en forma de lomo de asno. El de Besians presenta características parecidas, con más de 50 metros de largo y una anchura que supera los tres.

Desde las alturas, el castillo del Mon de Perarrúa domina con su silueta el curso medio del Ésera. Se ubica en un espolón rocoso que se encarama sobre el río, dominando una porción de valle. Su torre, ligeramente troncocónica, era de las mayores y más fuertes del condado, aunque en la actualidad sólo conserva una mitad, partida verticalmente en dos. Puede datarse en la primera mitad del siglo XI.

A pocos metros aparece la inseparable iglesia de los castillos altoaragoneses, pero se halla muy renovada, y su campanario rectangular sería una segunda torre de vigía. Hay mucho más que ver y disfrutar, como la ermita románica de Nuestra Señora de la Ribera y su planta cuatrilobulada, que fue iglesia de un núcleo poblado y ha devenido en capilla del actual cementerio.

Datos

Comarca. Ribagorza.

Cómo llegar. Desde Huesca, la capital, hay 90 kilómetros por la N-240 y la N-123 hasta Graus para tomar aquí la A-139.

Dónde comer y hospedarse. En Perarrúa, Casa Pelaire y el Chill-Outdoor Café son dos establecimientos de referencia. En Las Ventas de Santa Lucía, Casa Roque es un histórico de la Baja Ribagorza que ofrece también servicio de hotel.

Ermita de Santa Lucía. Construcción popular con una interesante portada barroca inusual en la zona, esta ermita presenta hechuras de auténtico templo y tiene la particularidad de que aun perteneciendo al municipio de Perarrúa, apadrina al vecino núcleo de Las Ventas de San Lucía, dependiente del municipio de Graus.

Ermita de la Virgen de la Ribera. Pequeño templo en el cementerio de Perarrúa, fue la iglesia de un poblamiento desaparecido. Construcción del románico popular del siglo XII, presenta la singularidad de su planta de cruz latina, estructura curiosa en esta comarca.

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