Despliega el menú
Aragón

vacunación

El duro viaje de 250 metros en busca de la vacuna

Ángeles Guerrero salió ayer de casa por primera vez en dos años para recibir su dosis de Pfizer en La Puebla de Anfindén. Aún no hay plazo para que los grandes dependientes sean vacunados a domicilio.

Carlos Casamián (hijo de Ángeles) y Margoth Cano (su cuidadora) levantan la silla a las puertas del centro de salud.
Carlos Casamián (hijo de Ángeles) y Margoth Cano (su cuidadora) levantan la silla a las puertas del centro de salud.
Francisco Jiménez

Ángeles Guerrero, de 87 años, tiene una gran dependencia que le impide moverse y hasta articular palabra. Vive en su casa de La Puebla de Alfindén, donde toda la vida, y hasta este martes llevaba dos años sin salir a la calle. Pese a las enormes dificultades que supone moverla de la cama, y más aún sacarla de la vivienda, su familia la desplazó hasta el centro de salud de la localidad para recibir la vacuna contra el coronavirus. Fueron solo 250 metros que se convirtieron en un complicado viaje dadas las penosas circunstancias en las que se encuentra.

A día de hoy, las vacunas no pueden moverse una vez se abren los viales y se preparan las dosis. Por lo tanto, solo se administran en lugares donde se vayan a emplear varias unidades, como residencias de ancianos o centros de salud. Como no está permitido llevarlas hasta los domicilios de los grandes dependientes, la vacunación de las personas de este grupo ha comenzado por quienes sí pueden trasladarse hasta los centros de salud. 

Las personas que, como Ángeles Guerrero, tienen complicado salir de casa, quedan para más adelante. Según explicaron fuentes de Sanidad, la Agencia Europea del Medicamento autorizará próximamente los cambios en la ficha técnica de Pfizer, donde se indicarán las condiciones de movilidad de la vacuna una vez reconstituida. Será entonces cuando se pueda vacunar a domicilio a estas personas, aunque aún no hay una fecha concreta.

Carlos Casamián, uno de los seis hijos de esta vecina de La Puebla de Alfindén, señala que en su centro de salud les comunicaron que ayer llegaban "seis dosis disponibles" en la localidad, y que una era para su madre. "Nos dijeron que, si no íbamos, perdíamos esa oportunidad, y que no sabían cuándo habría otra", relata. Casamián deja claro que los sanitarios del centro de salud son unos "grandes profesionales" que dan "un excelente servicio" a su madre –a la que visitan a domicilio todas las semanas–, pero cree que "tendrían que haber recibido instrucciones más claras". "Si nos dicen que tenemos que esperar dos semanas o un mes, pues esperamos. Pero sin una perspectiva clara, no nos podemos arriesgar a perder la vacuna", señala.

Después de dos años sin salir de casa, el viaje hasta el centro de salud no fue sencillo. "Hay que levantarla con la grúa, dejarla en un sofá con cojines, abrigarla bien, ponerla en la silla... Lleva dos años sin sentarse y se queja con cada movimiento", relata su hijo.

Sin embargo, pese a la penosidad del proceso, cree que "merece la pena". "Por eso la llevamos, porque la tranquilidad que te da la vacuna es importante", dice. Entre semana, su madre está en manos de Margoth Cano, la cuidadora que ha contratado la familia. Los fines de semana son los hermanos quienes se turnan para estar con ella. "Mi mujer se sube todos los días a un autobús con 40 viajeros, mi hermana trabaja en una fábrica con 350 personas… Todos tenemos situaciones de riesgo, y el hecho de que esté vacunada nos da mucha tranquilidad", apunta.

En el centro de salud, conocedores del estado en el que se encuentra Ángeles, les permitieron pasar antes de tiempo para no tener que alargar su estancia en esas circunstancias. "Nos han dicho que hubiera sido más sencillo ponerla en casa, pero como no se puede...", apunta este vecino de La Puebla. Ahora toca esperar a que se cierren las autorizaciones pertinentes, así como los protocolos para poder desplazar la vacuna a los domicilios de estos grandes dependientes. "A ver si para la segunda dosis...", desea.

Etiquetas
Comentarios