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Aragón

Bar Capitol: vivir la pandemia frente a un ambulatorio y un colegio infantil

El establecimiento abrió sus puertas en el año 1993 en la plaza de la Rebolería de Zaragoza. Su curiosa ubicación les ha servido para capear la crisis, aunque la situación siga siendo "muy complicada".

Antonia Galisteo, Alfredo Becana e Ibonne, en el interior del Bar Capitol de Zaragoza
Antonia Galisteo, Alfredo Becana e Ibonne, en el interior del Bar Capitol de Zaragoza
C. I.

El Bar Capitol abrió sus puertas en el año 1993, en los bajos del edificio situado en la calle del Río 8 en Zaragoza. A escasos metros de la plaza de la Rebolería, el establecimiento se encuentra ubicado frente al centro de salud del barrio y el Colegio Público Tenerías, algo que, lejos de lo que pudiera parecer, les ha dado la vida desde el inicio de la crisis sanitaria.

Tras la barra del local desde hace más de 20 años se encuentran Alfredo Becana (57) y Antonia Galisteo (53). Hoy, los acompaña su hija, Ibonne (29). "Cuando cogimos el bar en 2001, traspasado de un familiar, se trabajaba estupendamente. Llevamos a tener a cuatro personas contratadas y era considerado uno de los mejores bares de la zona", reconoce el hostelero.

Sin embargo, reconoce que la crisis de 2008 "hizo mucho daño". "Seguimos trabajando como pudimos hasta que, en 2011, decidimos traspasar, idea que tuvimos que dejar pasar ya que no encontrábamos una oferta que nos resultase interesante", admite. Quién iba a decirles que años después vivirían una situación como la actual: "Me lo dices entonces y no me lo creo".

Su ubicación ha marcado desde siempre la actividad del local, que abría de lunes a viernes de 7.00 a 21.00 horas y los sábados de 8.00 a 14.00. Un horario que tiene mucho que ver con el entorno en el que se encuentra ubicado. "El ambulatorio supone el 25% de nuestros ingresos, entre personal del centro y pacientes", asevera. De hecho, todo aquel que va a sacarse sangre en ayunas por la mañana, tiene una cita con el pincho de tortilla o la pulga de jamón del bar Capitol. "También cae el cortado de espera hasta que se hace la hora de la cita", añade Becana.

Y, si no, el grupo de padres o madres que una vez han dejado a los críos en el colegio, se acercan hasta el bar para tomarse un almuerzo y ponerse al día. "El pabellón, que siempre ha tenido mucha actividad deportiva, nos ha ayudado mucho por las tardes. Ahora con la pandemia no hay nada de nada", afirma. Becana echa en falta muy especialmente a un grupo de padres que llevaban yendo más de nueve años a su bar, coincidiendo con el curso de pin pon que se desarrollaba una vez por semana. "Cada mes de junio celebrábamos aquí su fiesta de fin de curso con los chavales, los familiares y sus monitores. A saber, cuándo volvemos a hacerlo", lamenta.

"Algunos pasan por la puerta y me dicen que sus hijos no les dejan bajar, por seguridad. Ha habido y todavía hay mucho miedo"

En cuanto a la oferta gastronómica, el Capitol es famoso por su amplio surtido de tapas, "de la de toda la vida", así como sus pulgas, croquetas y montaditos. "También tenemos mucho cliente de cortado y churro", añade.

De hecho, son muchos los trabajadores de la oficina de la zona que, a pesar de la pandemia, continúan bajando a por su café y su mini bocadillo para llevar. "Los consumos han cambiado mucho, pero la gente sigue prefiriendo el café del bar", asevera el hostelero. En lo que sí que ha notado mucho el cambio ha sido en su clientela más mayor, parte de la que era "más habitual". "Algunos pasan por la puerta y me dicen que sus hijos no les dejan bajar, por seguridad. Ha habido y todavía hay mucho miedo", afirma.

En el Bar Capitol trabajan, desde hace más de 20 años, Alfredo Becana (57) y Antonia Galisteo, y en la foto también les acompaña su hija Ibonne.
En el Bar Capitol trabajan, desde hace más de 20 años, Alfredo Becana (57) y Antonia Galisteo, y en la foto también les acompaña su hija Ibonne. A la izquierda, Jesús, fiel al café que toma desde una de las ventanas del local
C. I.

Nuevas formas de tomarse el café

También hay otros clientes de toda la vida como Jesús, quien desde hace tres años no ha faltado ni un solo día a su cita con sus dos cafés americanos descafeinados con dos de sacarina. ¿La diferencia? Que ahora se los toma a través de una de las ventanas del local. "A nosotros no nos importa adaptarnos a estas realidades, es raro y a veces te da por pensar, pero es lo que nos ha tocado vivir", explica Becana.

Para este zaragozano, lo peor fueron los dos primeros meses de confinamiento. La incertidumbre, el tiempo que pasaba sin que nadie supiera nada y las facturas que se acumulaban con el bar cerrado… una situación muy dramática. "Cuando abrimos nos conformábamos con cubrir los gastos, al menos que no nos cueste nada, pensábamos cada día", admite. Y eso que, aunque reconoce que la situación está siendo "muy complicada", afirma que en su caso han sido muy afortunados ya que su facturación tan solo ha caído en torno a un 30% con respecto al año anterior.

"Cuando abrimos nos conformábamos con cubrir los gastos, al menos que no nos cueste nada, pensábamos cada día"

En octubre montaron una pequeña terraza con cinco mesas, ocupando parte de la zona destinada al aparcamiento de coches y cuya inversión ascendió a 2.000 euros (además de una fianza de 1.000), que se sumaban al resto de gastos necesarios para adaptarse a la era covid. "Era la única opción para seguir trabajando, aunque reconozco que pasábamos mal rato viendo a la gente ahí afuera helada de frío", rememora. Ahora que llega el buen tiempo, asegura que tener este nuevo espacio al aire libre "nos puede dar la vida".

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