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Aragón

aragón es extraordinario

Naval y la sal, una alianza consustancial

La Salinera de Naval mantiene la tradición de este sector en el pueblo, que multiplica su actividad en los meses cálidos con la apertura de los baños reparadores.

Lo de la sal en Naval no es de ahora; siglos y siglos de historia avalan la calidad del producto en este pueblo del Somontano de Barbastro que tuviera en su día una importancia socioeconómica capital en la zona. A día de hoy, una entidad societaria con participación de un buen número de navaleses mantiene la tradición de la obtención y envasado de sal, amén de manejar la parte lúdica y terapéutica del Salinar de la Rolda (al otro lado de la carretera, con el caserío de testigo silente desde lo alto) en los baños, que están disponibles en los meses más cálidos del año.

Marilín Echevarría Armisén es de Naval, y se encarga del Salinar. "Todo esto lo maneja es una sociedad, Salinera de Naval; hay un consejo del que formo parte, y suelo encargarme de tareas de oficina. En verano, cuando viene a gente a tomar los baños, hago alguna función más. Aquí trabaja un montón de gente en temporada, unos 15 en el bar-restaurante y otros 9 o 10 con las sales. Más allá del negocio en sí, hay algo sentimental en este lugar. Aquí hemos trabajado algún verano todos los del pueblo desde jóvenes".

En el verano de 2019, el último en condiciones normales para el mundo entero hasta el día de hoy, el Salinar de Naval registró 23.000 visitantes. En 2020 no abrieron los baños y el servicio de restauración, disponibles normalmente entre el 15 de junio y el 15 de septiembre. "El resto del año -explica Marilín- se hace la sal bajo la marca Navasal, de manera totalmente artesana, en tres tipos: flor, fina y gruesa. La flor es nuestra enseña, es natural 100%. El negocio de la sal no es muy grande, pero la calidad es muy alta. En cuanto a los baños, se empezó con una piscina, y ahora hay cinco. La sorpresa inicial de quienes se meten en ella es tremenda, el modo de flotar; ten en cuenta que hay 250 gramos de sal por cada litro de agua, siete veces más de lo habitual en el mar".

Los visitantes llegan con un doble objetivo: el recreo y la sanación dermatológica, la salinidad el agua es como siete veces la del mar. "Fuimos pioneros en esta actividad salinares de interior, y luego nos han seguido muchos otros. En cuanto a las sales, la Flor de sal se vende a cinco euros el tarro, los saquitos de kilo de sal fina y sal gorda a 2,50 euros y hay sacos de 25 kilos con destino industrial".

Fecha señalada

Un vistazo a la historia permite entender la relevancia de la sal en Naval. Según recuerda Juan Miguel Rodríguez Gómez en su obra ‘El oro blanco del Somontano’, el 18 de junio de 1274, por orden real, se estableció el privilegio de monopolio o estanco por el que la sal de la villa de Naval pasó a ser la única que se podía adquirir en un amplio territorio que abarca desde Ballobar al puerto de Bielsa, desde la sierra de Montes Negros o de Alcubierre hasta el puerto de Santa Cristina, desde el río Cinca hasta el río Gállego, desde la Sierra de Troncedo hasta Berdún, y desde Berdún a San Esteban de Orastre.

El estanco de la sal llegó a ser el más importante de la corona, primero de la aragonesa y luego de la española, durante siglos y no desapareció hasta 1870. Hasta entonces, la importancia económica y política de la sal fue comparable a la que ha tenido la gasolina desde la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días".

David el alfarero: siglo y medio de tradición familiar, a salvo

Fundado en 1857, la Alfarería de Naval de la familia Trillo sigue en pie gracias a David Echevarría Trillo, el último alfarero de Naval en ejercicio. "Soy la quinta generación de alfareros en la familia. Es un oficio antiguo y respetado en el pueblo; los mudéjares marcaron el camino, y cuando llegó la expulsión, este trabajo pasó a la población cristiana. Llegó a haber 20 alfareros en el pueblo en la primera mitad del siglo XX. Ahora solo quedo yo".

David habla de su trabajo con una saludable mezcla de humildad y orgullo. "Aquí siempre se ha trabajado vajilla para uso doméstico; un símbolo muy mío son los puntitos en círculo, que hago con una caña cortada en seis aristas, mojada en óxidos y pintura para su aplicación sobre la pieza. Son seis puntos lo que se pone en esta alfarería, una especie de sello identificativo, otras tenían más o menos. Otro símbolo de aquí es un pequeño círculo verde, y también son características las incisiones en zigzag".

David también trabaja piezas para coleccionistas, y disfruta con labores más ornamentales, como lámparas para velas de cierre parecido a un huevo pascual (¿recuerdan a Calimero?) y muchas otras piezas que brotan de su imaginación. "En casa era lo que había, pero yo seguí porque amo este arte. Me encantaron desde siempre las manualidades, y la cabra tira al monte –ríe– porque aquí había faena, así que me decidí. Me gusta ahora hacer talleres, motivar a la gente para que pruebe; vienen muchos colegios, aunque actualmente no se pueda hacer la actividad;también vienen grupos alojados en el albergue o las casas rurales... el Centro de Interpretación de la Alfarería de Naval está aquí al lado y también suele visitarse".

En 1940 había en Naval 14 talleres y 22 maestros alfareros. En las décadas de 1960 y 1970, la población de la villa bajó mucho, y con ello fueron desapareciendo los talleres de alfarería. Gracias al Centro de Interpretación se pueden identificar particularidades de la producción local; por ejemplo, los pucheros vidriados por fuera y por dentro, o las cazuelas de una asa, las escurrideras, platos vuelcatortillas (magníficos para clavar la españolísima tortilla de patatas) o tarros para la miel. Cada tercer fin de semana de noviembre hay Feria de Artesanía.

Las rutas

Nacho Orús lleva el albergue Sierra de Arbe, en un edificio compartido con el cuartel local de la Guardia Civil en las antiguas escuelas. "Llevo año y medio con el albergue. Quería hacer algo relacionado con el mundo de la bicicleta, preparar rutas y darles un enfoque orientado al visitante de naturaleza. El albergue me daba una buena oportunidad de hacerlo, una motivación extra para los clientes; también promovemos el senderismo, pero en bici hay sitios de todos los niveles, se puede hacer micho ‘pisteo’ y también rutas de enduro, que son el próximo objetivo. Con la asociación Prepyr 365, que une a las comarcas del Somontano, Hoya de Huesca y las Cinco Villas, se hace un juego de búsqueda del tesoro vía ‘geocaching’, con una aplicación móvil. Seguimos ideando cosas para cuando se pueda volver a desarrollarlas en plenitud". 

Los impresionantes alfolíes, las dos iglesias y las fiestas patronales

El Salinar es clave en el verano de Naval, pero la oficina de turismo local oferta muchos otros alicientes. Por ejemplo, las rutas guiadas por el pueblo, que incluyen la visita a los alfolíes, se trata de unos grandes almacenes de sal, cuyas columnas en la estancia de entrada impresionan al más pintado; se les da diversos usos en interés del pueblo. En cuanto al patrimonio religioso, hay dos iglesias: Santa María, templo gótico-renacentista del siglo XVI y declarado Monumento Histórico Artístico en 1983. La otra iglesia es la de San Fabián y San Sebastián, en el centro de la villa, y se dedica a los dos santos patronos; data del siglo XVII. Las fiestas locales son el 20 de enero en honor a San Fabián y San Sebastián, y se baila el Dance del Palotiau; el primer domingo de mayo hay la romería a la ermita de los Dolores, y el tercer domingo de septiembre, fiestas en honor a la Virgen de los Dolores. 

La localidad

Comarca. Somontano de Barbastro

Cómo llegar. Desde Huesca, su capital de provincia, hay 75 kilómetros por la A-22 y la A-2208.

Dónde dormir y comer. En Naval hay casas de turismo rural y viviendas de uso turístico: destacan Carruesco, Torre San Rafael y Casa El Soldau. También está el hotel rural San José. Para tapear y comer, el bar de la plaza está abierto todo el año, junto al Ayuntamiento; también se cuenta con el de las piscinas en verano, y La Fábrica (en la carretera), que tiene terraza musical; durante el invierno hacen turrón artesano.

Lavadero. Data de 1918; tras un hundimiento del techo en 1948, se reconstruyó y funcionó hasta 1972, año de la traída de aguas. Recientemente ha sido restaurado.

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