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coronavirus

San Valentín: amor con mascarilla y en la distancia

Juntos o en la distancia, la pandemia ha provocado un auténtico tsunami en la relación afectiva de muchas parejas. Incluso amenaza con mutar la forma que tenemos de enamorarnos.

Amor con mascarilla
Amor con mascarilla
H. A.

En teoría –ya lo dijo Bukowski: “En el amor y en la guerra, todo vale...”–, millones de enamorados celebrarán hoy San Valentín –su día–, consumidos por la distancia; algunos, incluso, por la aciaga soledad impuesta por la cuarentena.

Aliado del miedo, la incertidumbre y la angustia, el coronavirus ha mutado tanto nuestras vidas que incluso ha puesto en riesgo algo tan básico en las relaciones humanas como la forma, los usos y costumbres, que tenemos de conocernos, de enamorarnos, de amarnos. Y ha provocado un auténtico tsunami en la relación afectiva de muchas parejas. La convivencia durante el férreo confinamiento domiciliario fue, por decirlo de una manera suave, intensa –sacó lo mejor y lo peor de cada casa–, y la distancia tampoco ayuda; es más, como dice la letra de aquel sentido bolero de Los Panchos: “es el olvido”. Al fin y al cabo, como explica la psicóloga especializada en sexología y terapia de pareja Sara Herrera, somos seres sociales y necesitamos demostrarnos cariño, “abrazarnos nos hace humanos” y es natural que las parejas que están viviendo su relación a distancia, impuesta por las restricciones y los confinamientos perimetrales, “lo hagan con sufrimiento; al ser una situación nueva y anómala ha generado niveles más altos de ansiedad y de estrés, que han repercutido negativamente en su relación afectiva”.

"Necesitamos demostrarnos cariño, abrazarnos nos hace humanos" 

Antes de que se desatara la pandemia, evidentemente, muchas de estas parejas ya vivían separadas por decisión propia, a causa de sus trabajos..., “pero no es lo mimo poder verse cuando ellos han querido o cuando sus responsabilidades se lo han permitido, que convivir con la incertidumbre de no saber cuándo se van a volver a ver. Ahora –continúa Herrera–, no son circunstancias elegidas por ellos, sino restricciones impuestas y estas pueden llegar a suponer un impacto emocional más alto”. Y todo esto, sumado a la preocupación por su propia salud y la de sus familiares y sin olvidar la inseguridad laboral que está generando la tremenda crisis económica.

Los confinamientos perimetrales han conseguido, afirma la psicóloga, “que te dé igual vivir a diez que a diez mil kilómetros de tu pareja, si vives en otro municipio”. Muchas, incluso, “ni se habían parado a pensar que la suya era una relación a distancia”, ya que ahora, sobre todo los más jóvenes, mantienen relaciones más libres, pero “al pararse el mundo con la pandemia, ellos se han parado también”. “No sabemos qué va a pasar –continúa–, esto parece que no se va a acabar nunca... y, cuando no estamos bien, cuanto más estresados estamos, la pareja es tu punto de apoyo, tu desahogo. Y, si está, por que está –y entonces cargas contra ella y lo paga todo– y, si no está, pues porque no está, cuando más la necesitas”. En su opinión, el grado de deterioro ha sido más fuerte en las parejas que no vivían juntas.

"Todas las parejas comparten un denominador común: la falta de comunicación que arrastraban en su día a día"

Más parejas, a terapia

Sea como sea, separadas por la distancia o no, está claro que, a raíz del confinamiento, se ha producido un incremento importante en el número de parejas que acuden a las consultas de los psicólogos en busca de ayuda. “Si antes de la pandemia atendía a dos, ahora se han sumado diez más. Las hay, incluso, que acuden de forma individual y terminan los dos en la terapia, porque estos meses han servido de punto de inflexión”, añade Herrera, que insiste en que, aunque por distintas causas, todas ellas comparten un denominador común: la falta de comunicación que arrastraban en su día a día y que la pandemia ha puesto en evidencia durante todos estos meses. “Es muy significativo que todas flaqueen por el mismo sitio”, afirma. Como también lo es que la mayoría de las parejas que acuden a su terapia sean “muy jóvenes”, de 25 a 35 años, con una media de cinco de convivencia, sin hijos –lo que les lleva a estar más pendientes de su relación sentimental– y con estudios universitarios o de grado superior. “Los jóvenes no pierden el tiempo y han roto muchos estereotipos, sobre todo, a la hora de pedir ayuda profesional para solucionar sus problemas”.

"Cando no estamos bien, cuanto más estresados estamos, la pareja es tu punto de apoyo, tu desahogo"

“Igual que la propia evolución del virus, la vida en pareja también ha tenido su proceso, sus curvas y mesetas, durante este último año”, afirma Lola Fatás, psicóloga experta en terapia de pareja y presidenta de la Asociación Aragonesa de Terapia Familiar. En los primeros compases de confinamiento, argumenta la especialista, a muchas, incluso, les sentó bien ese impás. Por primera vez, en mucho tiempo, pudieron hacer más vida en familia, los niños estaban encantados de estar en casa con los padres y las parejas convivieron un poco más… Y, desde su propia experiencia como terapeuta, afirma que “aquellas cuyos conflictos estaban estabilizados, porque ya habían realizado un trabajo previo de terapia, casi todas, superaron bastante bien la barrera del confinamiento”. Sin embargo, “en las parejas que acababan de empezar a trabajar, y todavía no tenían herramientas ni habían restaurado su vínculo emocional, la convivencia tan acusada exacerbó, en muchos casos, los conflictos que ya tenían”.

Estrés, ansiedad, depresión... la pandemia está minando la salud emocional y mental a todos. “Estamos pagando un peaje muy alto y cada vez tenemos menos capacidad de dar al otro”, por lo que se incrementan las discusiones y los conflictos. En este sentido, la psicóloga hace hincapié en que “hay personas muy resilientes, que enseguida se ponen en marcha y están haciendo terapia de pareja –o por su cuenta–, ocupándose más de la relación y tratando de mimarla, porque se están dando cuenta de que, con los meses, la situación está empezando a impactar”; otras, sin embargo, no lo han superado y han decidido separarse; y luego están aquellas que, “siguiendo un poquito en modo piloto automático, están tratando de dejar pasar el tiempo y hacer ver que está todo bien, aunque la carga cada vez pese más”.

«El confinamiento agravó, en muchos casos, los problemas y conflictos que las parejas ya tenían»

Una parte importante del trabajo que en estos momentos están realizando los psicólogos consiste en “hacerles ver a las parejas cómo la pandemia está repercutiendo, acentuando, todos esos problemas que traen a la consulta, porque, en muchas ocasiones, no son conscientes y se piensan que están peor de lo que realmente están, y, lo que ocurre, simplemente, es que están pasando mucho estrés y dificultades. No siempre nos damos cuenta de que estamos deprimidos”, reconoce la psicóloga.

Cuando el amor salta por la ventana

“De cómo gestione cada miembro de la pareja ese estrés, dependerá la calidad de su relación y salud mental. Las personas que tienen pocas herramientas emocionales y se impacientan van a sufrir un impacto mayor, que puede, incluso, llevarles a una separación, en estos momentos, difícil de sustentar con una economía tan resentida por la crisis”, afirma Fatás.

Parece ser que, a pesar de lo de “unidos en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad...”, va a resultar cierto el dicho de que “cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana”, o por lo menos le empuja. “En cierta manera, lo es –añade la psicóloga–, ya que el amor se resiente con las dificultades”.

"De cómo gestione cada miembro de la pareja ese estrés, dependerá la calidad de su relación y salud mental"

Por eso, en estos tiempos pandémicos, en los que cada uno lidia con las pérdidas a su manera, “es mayor el riesgo emocional; corremos más riesgo de infidelidades, de estar irritables en casa, o al revés, de aislarnos frente al ordenador y de abandonar la relación; y, por supuesto, es mayor el riesgo de consumo de alcohol y de otras sustancias”. Y, por eso también, ahora, más que nunca, “debemos tener mucha paciencia, compasión, empatía y esperanza. Ser consientes de cuál es el estilo de nuestra pareja, estar atentos a las señales que nos lanza, y decir y pedir las cosas de forma clara y sin agresividad, pero sin retirarnos tampoco de la relación, sin hablar, sin decir las cosas”, recomienda la psicóloga, que insiste en que “ahora es cuando más necesitamos apoyarnos en la pareja, porque cuanto más amadas y seguras nos sentimos las personas, mejor funciona nuestro sistema inmune”. "Y eso –concluye Fatás– que no hemos nombrado el teletrabajo, y la carga que está suponiendo sobretodo para las mujeres, y la necesidad de apoyo y de conciliación que tienen las parejas. La conciliación es un punto vital. Más de la mitad de los divorcios, casi me atrevería a decir que el 75%, tienen que ver con la conciliación de la vida laboral y familiar”.

Caldo de cultivo de conflictos

De manera similar opina David Tena, abogado especializado en divorcios y en Derecho de familia. “El miedo e inseguridad, que ha generado la covid-19, así como las obligatorias restricciones en nuestro día a día, con limitaciones horarias, confinamientos perimetrales, toques de queda, teletrabajos, ERTES, ceses de actividades… han creado un caldo de cultivo óptimo para los conflictos de pareja y familiares”, afirma. Este año, en la Asociación de Separados y Divorciados de Aragón –entidad con la que colabora Tena– “se han duplicado las consultas jurídicas relativas a procedimientos de divorcio, respecto a las mismas fechas de años anteriores, si bien es cierto que el porcentaje de parejas que han decido iniciar el procedimiento judicial de divorcio es de aproximadamente el 30% de las consultas”. La causa, aclara el abogado, es muy sencilla: “la incierta situación económica”. Si ya, en condiciones normales, un divorcio es costoso, “con la devastadora situación económica que vivimos y que no tiene precedentes, las parejas posponen la decisión de divorciarse, y esperan a que se vuelva a estabilizar la economía”. “Porque, lo que puedo asegurar –afirma contundente– es que, una vez tomada la decisión de divorciarse, pocas parejas cambian de opinión. Así que, definitivamente, se divorcian las que tienen medios económicos para poder hacerlo o las parejas cuya convivencia es insostenible y conflictiva”.

"Don la devastadora situación económica que vivimos, las parejas posponen la decisión de divorciarse"

Tinder, Badoo, Wapo, Grindr

Para los que todavía no tienen pareja, pero la buscan, y sobre todo para los más jóvenes, la pandemia, según muchos expertos, bien podría decirse que ha adquirido dimensiones de catástrofe –en su sentido etimológico del término de ‘dar la vuelta’ a las cosas, a la situación–. Con los bares y discotecas cerrados, o con horarios muy restringidos, y las fiestas en casa de los amigos prohibidas, para evitar la propagación del virus, las opciones de conocer a gente nueva, de ‘ligar’ –la mascarilla tampoco ayuda mucho, que digamos–, se han visto seriamente perjudicadas. Muchos jóvenes han encontrado en las redes sociales su principal refugio y medio para relacionarse y hacer nuevas amistades, lo que, sin duda, está depauperando sus ya de por sí mermadas habilidades sociales. Durante la pandemia, el uso de las aplicaciones ‘para ligar’ y concertar citas virtuales a través de videollamada, se ha disparado entre los usuarios menores de 35 años. Según un estudio de Smartme Analytics, Tinder ha aumentado en un 94%. Le siguen Badoo (52%), Wapo (35%) y Grindr (24%).

Casarse en pandemia 

Iria Belmonte y Armando Trivez, tras contraer matrimonio civil en los juzgados de la Ciudad de la Justicia en Zaragoza.
Iria Belmonte y Armando Trivez, tras contraer matrimonio civil en los juzgados de la Ciudad de la Justicia en Zaragoza
I. A.

La pandemia, y esa extensa retahíla de desgracias que la acompañan, ha trastocado el proyecto de vida de muchas parejas, que tenían previsto casarse en el último año. Pero no doblegó la voluntad de Iria Belmonte y Armando Trivez, que se dieron el ‘sí, quiero’, el 25 de septiembre de 2020, en Zaragoza –aquel día, las autoridades sanitarias aragonesas detectaban un total de 429 nuevos casos de covid-19, procedentes de 4.980 pruebas PCR; más de 50 brotes permanecían activos en la Comunidad –.

Hasta el último momento –el verano parecía anunciar una tregua en la evolución de la pandemia–, la pareja mantuvo la esperanza de poder celebrar una boda “convencional”. “Bueno, convencional sabíamos que no iba a ser –al final, por las restricciones sanitarias, celebramos la boda con tan solo diez personas–, pero esperábamos algo más, más invitados, un cóctel por la tarde con amigos y familia, que durara toda la noche...”, comenta Iria. No pudo ser. Incluso habían reservado la terraza de un establecimiento hostelero para festejar el enlace al aire libre. Tampoco pudo ser. “Conforme se acercaba la fecha de la boda –matizan–, las medidas se iban endureciendo, y diez invitados, sin poder levantarse de sus sillas... Queríamos una boda divertida y aquello iba a ser un auténtico aburrimiento. Tuvimos que cancelar la reserva de la terraza y optamos por hacer una comida en el interior de otro restaurante”. Con las invitaciones ya enviadas, hacía tiempo, la pareja se vio obligada a comunicar a todos sus invitados –con todo lo que ello implicaba– la nueva situación: el enlace se celebraría en la intimidad y “posponíamos la celebración a un primer o segundo aniversario de boda”. “Hasta nuestros amigos de Mallorca tenían reservado el vuelo”, añade Armando. Pero siguieron adelante.

"Pensamos que esto es lo que nos había tocado vivir y que así sería"

Una firme decisión. una firme decisión.

Aunque ya convivían juntos, los zaragozanos habían tomado la decisión de casarse. “Al nacer nuestro hijo –ahora tiene 16 meses–, nos hacía mucha ilusión, teníamos muchas ganas de casarnos, de vincularnos familiarmente y, en ningún momento, nos planteamos posponer la boda, hubiera celebración o no. Nuestra prioridad era casarnos”, aclara la pareja. “Pensamos que esto es lo que nos había tocado vivir y que así sería”.

Enfermera de profesión, Iria confiesa que le dan “mucha pena todas las parejas que han cancelado su boda por culpa de la pandemia, y que este año, de momento, tienen el mismo panorama”. “Hay que animar a la gente a que se case. A que, si te quieres casar, lo hagas, en las circunstancias que sean. Porque, al final, van a terminar haciéndolo. ¡No puedes cancelar una boda cinco veces por algo que tú no controlas!”, exclama Iria Belmonte. “A nosotros, nos hubiera gustado estar más acompañados –añade– pero estuvimos igual de felices, la verdad”.

La pareja pasó su noche de bodas en un céntrico hotel zaragozano, “aunque fue un poco triste, estaba todo vacío y no había servicio de habitaciones. A la mañana siguiente, tuvimos que ir a buscar el desayuno al bar de abajo, en la calle”, confiesa. Y, sí. Hubo viaje de novios, “por España, como en los años 60, pero hubo”.

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