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"Con el ingreso mínimo vital la ayuda bajó casi a la mitad"

Esther Mendoza pasó de cobrar 638 euros del ingreso aragonés de inserción (IAI) a 330 con la renta básica. Ángela Altamirano terminó de cobrar el paro en noviembre y le han denegado el IMV.

Esther Mendoza y Ángela Altamirano
Esther Mendoza y Ángela Altamirano
Toni Galán

Esther Mendoza acaba de empezar a trabajar en un supermercado como pescatera cubriendo una baja. Esta zaragozana de 37 años cruza los dedos para poder mantener el empleo lo máximo posible. Separada y con dos hijos, de 16 y 8 años, ha ido alternando los contratos temporales con épocas en las que ha podido afrontar los gastos y criar a sus hijos gracias a los apoyos.

Percibía el ingreso aragonés de inserción (IAI), pero con la reconversión en el nuevo ingreso mínimo vital (IMV), "la ayuda bajó a la mitad". "Cobraba 638 euros al mes que se quedan en 330. No es lógico. ¿Cómo alguien con dos niños se supone que puede vivir con esta cantidad?", lamenta. Para poder percibir la manutención que le tiene que pasar el padre por sus hijos la ha reclamado judicialmente.

Con la ayuda de Cáritas Diocesana está luchando para que se le reconozca una mayor cuantía en el futuro. Consigue estar al tanto de todos los gastos apretándose el cinturón. Vive en un piso de alquiler social por el que paga 198 euros al mes, una cifra que con luz, agua y calefacción se eleva a cerca de 300. El único "lujo" que se permite, si se puede llamar así, es que sus hijos sigan jugando al rugby "algo que les hace felices y les permite estar con sus amigos".

Durante el confinamiento y ahora su hijo de 4º de la ESO se las apaña con una tableta para estudiar y hacer los trabajos que le mandan. A lo largo del estado de alarma recibía por Whatsapp las tareas que tenía que hacer el más pequeño. "La profesora nos ayudó mucho", agradece. Ha vivido la pesadilla en que puede convertirse la tramitación ‘online’ del IMV. "Si no fuera por Cáritas no podría haber presentado toda la documentación", reconoce.

"Puedo pagar el alquiler gracias a la ayuda de mi madre"

Ángela Altamirano echa una mano desde julio del año pasado en la Asociación de Vecinos Cívitas del barrio de Las Fuentes de Zaragoza, que durante 2020 repartió la friolera de 63,6 toneladas de comida entre 1.570 familias (más de 6.000 personas). Su experiencia como "digitalizadora" en su Nicaragua natal, lleva nueve años afincada en Zaragoza, resulta perfecta para manejar con el ordenador el sinfín de datos y listados que maneja la agrupación. Llegó a ella en busca de trabajo atraída por la bolsa de empleo. No tuvo suerte, pero se quedó como voluntaria para sentirse "útil" y como una forma de desconectar de sus problemas, "además de tratar de ayudar a otros que pasan por una situación parecida".

La pandemia se desencadenó cuando apenas llevaba un mes como camarera en un bar, el sector en el que más se ha empleado además de cuidar a ancianos. "Me quedé en el paro. Durante ocho meses he podido cobrarlo porque lo tenía acumulado, pero lo terminé de percibir en noviembre. Ahora estoy echando y mandando currículos a todos los sitios que veo y tramitando alguna ayuda", dice. Separada, su expareja sigue viviendo en Nicaragua, y con un hijo de 13 años le han denegado dos veces el Ingreso Mínimo Vital (IMV). Lo achaca a que calculan los ingresos anuales en base a la renta del año anterior y no se recurre a una vía excepcional que permita tener en cuenta la situación económica derivada de la pandemia.

En todos los años que lleva viviendo en España no había tenido que pedir ayuda hasta ahora. Reconoce que tiene la suerte de que puede pagar el alquiler del piso gracias a su madre, "que trabaja desde hace años como interna en una casa y ha seguido haciéndolo durante todos estos meses". Además de este apoyo, en la agrupación vecinal tiene asegurado su lote de alimentos. A sus 39 años mantiene la esperanza de volver a trabajar, que es su mayor deseo. "De todas las puertas que he tocado espero que alguna se abra. Envío currículos para fábricas, limpieza, empleada de hogar, empresas de trabajo temporal… intento moverme todo lo que puedo tanto ‘online’ como en sitios en los que aún se entregan en mano".

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