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El presidente del PP-Zaragoza destituye a su secretario general y la dirección nacional del partido le obliga a restituirlo

Ramón Celma abre una crisis al fulminar a Francisco Javier Artajona; interviene Génova y recurre a un defecto de forma para desdecirse, pero mantiene el cese del portavoz de la DPZ

Ramón Celma y Francisco Javier Artajona
Ramón Celma y Francisco Javier Artajona
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El presidente del PP-Zaragoza, Ramón Celma, provocó este viernes una crisis en el partido al fulminar a Francisco Javier Artajona como secretario general y portavoz en la Diputación Provincial de Zaragoza (DPZ), de la que tuvo que dar marcha atrás solo tres horas después de tomarla por imposición de la dirección autonómica y nacional. Para desdecirse, Celma recurrió a un defecto de forma a la hora de destituir a Artajona como secretario general, aunque mantuvo su salida como portavoz en la DPZ.

Semejante situación, que varios cargos públicos y orgánicos del partido calificaron de "bochorno inaudito", se generó en los seis minutos que duró el comité ejecutivo del PP-Zaragoza, convocado a las seis de la tarde con tres puntos en el orden del día. El primero, la designación de cinco vocales de su confianza, y los otros dos, una retahíla de destituciones: la doble de Artajona, a la que se unió las de los secretarios de Estudios, Alberto Baños; Política Provincial, Carmen Pinos; y Publicaciones, Inés Bellido. Todos ellos los había nombrado hace tan solo tres meses tras convertirse en el nuevo líder provincial del partido.

A todos ellos los echó de la reunión telemática por Zoom antes de informar a los restantes vocales de que una militante sin ningún de papel orgánico, Paula Solanas, se convertía en su número dos y de que colocaba de nueva líder del grupo provincial a la alcaldesa de Olvés, Iluminada Ustero. "¿Alguien quiere salvar su voto?", dijo Celma a una atónita audiencia que desde sus casas no replicó, sin recibir explicaciones.

Su decisión generó sorpresa en el partido, hasta el punto de que varios miembros históricos reconocieron abiertamente que "nunca" habían vivido semejante situación, "ni siquiera con las guerras internas" vividas a lo largo de las tres últimas décadas.

Varias fuentes de la dirección aseguraron a este diario que se le había instado a no tomar semejante decisión y mantener a Artajona como secretario general para no provocar un cisma y poder "imprimir un nuevo ritmo", pero sin renunciar a la estabilidad, "actuando con equilibrio". Ante el cariz de los acontecimientos, llegó a intervenir hasta la vicesecretaria de Organización del PP, Ana Beltrán, con el objetivo de intentar parar la destitución, según confirmaron varios cargos públicos. "Estamos alucinados. No ha hecho caso a nadie", añadieron.

El PP-Zaragoza decidió no informar de las destituciones con el argumento de que era una "cuestión interna de partido" y Ramón Celma optó por no dar explicaciones públicas. El mismo silencio guardó Francisco Javier Artajona.

Varios miembros del PP no daban crédito a lo sucedido, especialmente por el hecho de que tanto Artajona como Alberto Baños habían trabajado activamente en las primarias, movilizándose para recoger avales para Celma por el territorio. Es más, Baños ejerció de jefe de campaña y ya fue el número dos de Celma en su etapa como secretario autonómico de Nuevas Generaciones. Su nombre sonó como posible secretario general, pero finalmente quedó relegado.

La dirección del partido decidió imponerse y a las nueve y media de la noche hacía público la marcha atrás de Ramón Celma. El presidente del PP-Aragón, Luis María Beamonte, no tuvo ningún reparo de calificar de "error" la actuación de Celma y de censurar que se saltara la disciplina. "Cuando se cometen errores toca rectificar y no pasa nada. No se debe olvidar nunca lo que es la estructura orgánica de un partido", sentenció.

Varios responsables del PP en distintas instituciones indicaron que una de las razones que explican la destitución fulminante de Artajona reside en su negativa a que se controlaran los fondos del grupo provincial. De hecho, ya se le impuso que con la asignación de la DPZ se paguen los servicios de Jesús Arroyo, el jefe de gabinete y estrategia que fichó Ramón Celma, al que los populares aragoneses se refieren como "el gurú".

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