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Panadería El Gallego: de albañil a hornear éxitos en familia en Cuarte de Huerva desde 1993

Desde su Galicia natal, Manuel Rial y Carmen Vidal emigraron a Aragón en los 80. Hace 28 años abrieron un obrador en Cuarte de Huerva, donde se aprecia su buen pan, que también puede adquirirse en Valdefierro y Valdespartera.

La familia Rial Vidal, en la apertura en 2017 de la tienda de Valdespartera.
La familia Rial Vidal (Manuel y Carmen, con sus hijos Miguel y Sara), en la apertura en 2017 de la tienda de Valdespartera.
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La historia de la panadería El Gallego, en Cuarte de Huerva, es la de un gallego que en el año 93 aterrizó en la localidad para abrir su propio obrador de pan. Anteriormente, Manuel Rial había sido albañil y, en los 80, se había mudado con su mujer, Carmen Vidal, al municipio turolense de Andorra, animado por un amigo que le ofreció trabajo.

Una vez en tierras aragonesas vieron que las condiciones laborales eran mejores que las de Galicia y decidieron echar raíces. No llegaron solos, ya les acompañaba su primer hijo, Miguel, y al tiempo llegaría la segunda, Sara.

Primero albañil, más tarde representante de una empresa de pescado y después panadero, pero siempre emprendedor. Es lo que mejor define a Manuel, quien no dudó en coger los bártulos y mudarse de Andorra a Cuarte para abrir su propia panadería.

Por aquel entonces, la localidad rondaba apenas los mil habitantes. En la misma nave del horno, construyó un mostrador con tablones de madera, donde Carmen atendía al público. Él aprendió a hacer pan y repostería de un amigo y así fue como la panadería El Gallego fue ganando fama en la localidad próxima a Zaragoza cuya población ha ido  creciendo exponencialmente (ahora son 13.450 los empadronados en Cuarte de Huerva).

Actualmente, Manuel ya está jubilado, pero el negocio está en las mejores manos, las de su familia. La contabilidad la lleva su hija Sara, quien empezó a ayudar con las cuentas durante sus estudios de Administración y Dirección de Empresas y, una vez terminados, cogió las riendas de todo. También echa una mano en la tienda o en el obrador, como ayudante, si es necesario.

La primera tienda de El Gallego estaba dentro del obrador, en Cuarte.
La primera tienda de El Gallego estaba dentro del obrador, en Cuarte.
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Casi 30 años después, Carmen sigue al frente de la tienda de Cuarte y también ayuda en el obrador aunque ahí, ahora el jefe es su hijo Miguel. De su padre heredó el gusto por la profesión y lo completó con formación en repostería.

No es de extrañar que el producto estrella de esta panadería sean las magdalenas. Junto con la barra de pan normal, son los top ventas de El Gallego, por cuyo establecimiento de Cuarte pasan unas 400 personas cada día.

Abierto desde las seis y media de la mañana, desde hace más de dos década se sitúa en la calle Ramón y Cajal de Cuarte, junto al estanco. Además de vecinos de la localidad, muchos de sus clientes son empleados de las fábricas y empresas del polígono Valdeconsejo, donde está el obrador. Esto ha contribuido a que su producto sea conocido en Zaragoza, gracias a los encargos de los conocidos de quienes pasan por la tienda y al boca oreja, su mejor herramienta de márquetin.

Aunque ésta es la tienda que más caja hace, no es la única que se puede encontrar de la panadería El Gallego. Con los años, se abrieron otros dos puntos de ventas. La primera ampliación de negocio fue con la tienda del barrio zaragozano de Valdefierro y la segunda, hace apenas tres años, con un nuevo punto de venta en Valdespartera.

Pese a su breve vida, ésta ya le ha ganado el segundo puesto en cuanto a volumen de clientela a la de Valdefierro. El motivo no es otro que el tipo de habitantes de Valdespartera, un barrio joven, con muchas familias con hijos y donde hasta que no llegó El Gallego, no había panaderías que vendieran productos artesanos de obrador.

El éxito de lo artesano en la pandemia

Si la tendencia hacia una alimentación más sana, con productos artesanos y de cercanía ya estaba al alza, la pandemia la ha potenciado todavía más. Al menos, así lo están experimentando en la panadería El Gallego. Lo notan en el volumen de trabajo y los números lo respaldan. “En 2020 hemos tenido un 20% más de ingresos que en años anteriores”, dice Sara, tras hacer balance del ejercicio pasado.

Entre los motivos, establece varios. “Nos ha favorecido que la gente trabaje desde casa o que los niños ya no coman en el colegio”, explica Sara. Así, el número de barras de pan que se venden ha aumentado, a razón de unas 700 diarias de las normales entre las tres tiendas.

Otro de los factores que les ha beneficiado es que todos sus productos sean artesanos. “Cada día se valora más cómo nos alimentamos y para las cosas de capricho se intenta buscar algo que sea sano”, argumenta Sara, en relación con la repostería. Aquí, el éxito de sus magdalenas se ha visto reforzado, y actualmente se venden unas 110 docenas diarias.

Elaborando los roscones de la pasada fiesta de San Valero en el obrador de El Gallego en Cuarte de Huerva.
Elaborando los roscones de la pasada fiesta de San Valero en el obrador de El Gallego en Cuarte de Huerva.
Heraldo.es

Entre los más vendidos están la hogaza normal e integral, ya cortada en rebanadas, así como las barras de masa lenta y una de sus últimas creaciones, el pan del abuelo, que recuerda al típico pan de pueblo cuya duración es mayor.

Además de estos clásicos, parte del éxito de El Gallego está también en la innovación y la adaptación a las nuevas demandas. Así, de su obrador salen barras de pan de espelta con trigo 100% ecológico o de maíz con semillas de chía y pipas, muy demandadas para los desayunos más saludables. Entre la repostería moderna más vendida están las magdalenas de kinder o las de sabor red velvet y, más recientemente, la tarta de queso, que se vende por porciones.

Fuera de su rutina diaria, hay dos ocasiones al año en las que El Gallego bate todos los récords de ventas. Se trata de Reyes y San Valero, dos festividades que tienen algo en común: el roscón. Cada año se venden más unidades de este aclamado dulce en la panadería. En concreto, el pasado viernes, se acabó con todo lo producido, 1.100 roscones el mismo día 29 y unos pocos más elaborados el día 30. En Reyes, cifras similares, con 1.400 unidades vendidas.

Todo en marcha a las doce de la noche

Ya se sabe que el oficio de panadero va ligado al madrugón. En El Gallego, en este caso Miguel, casi tiene que ver más con trasnochar. Y es que la maquinaria del obrador comienza a funcionar a las doce de la noche. Solo así es posible que los primeros clientes que llegan a la tienda de Cuarte a las seis y media de la mañana tengan ya productos disponibles. Además, desde ese horno se suministra el pan y la repostería a todas las tiendas.

Para que todo funcione, en el obrador trabajan siete personas, entre ellas Miguel, que también se encarga del reparto, y su madre Carmen. La plantilla de El Gallego la completan otras ocho empleadas que se encargan de la atención al público en las tiendas.

Un equipo de quince personas que no se ha visto perjudicado en ningún momento por la covid ya que, al tratarse de un servicio esencial, la panadería no tuvo que cerrar en ningún momento. No obstante, aunque el bolsillo no haya notado las consecuencias de la pandemia, sí lo ha hecho su día a día, especialmente el de quienes están de cara al público.

“Los primeros días teníamos miedo, había mucha incertidumbre, no sabíamos cómo protegernos ni cómo se contagiaba el virus”, reconoce Sara. Al mismo tiempo, solo tiene palabras de agradecimiento para sus clientes. “Desde el principio han sido muy respetuosos, manteniendo las distancias y siguiendo todas las medidas. Algunos, incluso, nos traían pantallas protectoras que habían confeccionado ellos mismos”, cuenta.

Con el tiempo, se fueron adaptando a los nuevos protocolos y a funcionar dentro de esta nueva normalidad sin mayor inconveniente que las filas de espera que se forman en la calle por las limitaciones del aforo en el interior.

Agradecidos de haber salido reforzados de esta pandemia, la familia Rial Vidal sigue trabajando cada día, excepto el merecido descanso de los domingos, con la expectativa de abrir a medio plazo una cuarta tienda. Será el próximo capítulo de la historia de aquel gallego que se instaló hace 28 en Cuarte para ser panadero.

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