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Aragón

viticultura

La D. O. Calatayud se hace más grande con la integración de otros cinco municipios

Daroca, Murero, Villafeliche, Orcajo y Manchones aportarán unas 130 nuevas hectáreas a la denominación de origen, a la que podrán adherirse sus bodegas.

Zona de depósitos en la bodega Sommos, propiedad del grupo Costa, en Murero.
Zona de depósitos en la bodega Sommos, propiedad del grupo Costa, en Murero.
G. C.

La Denominación de Origen Calatayud ultima los trámites necesarios para ampliar su zona de influencia. A los 46 municipios por los que ya se extiende esta marca de calidad, está previsto que se sumen las localidades de Daroca, Murero, Villafeliche, Orcajo y Manchones, que ampliarán en alrededor de 130 hectáreas –la mayoría de garnacha y con viñedos centenarios– que se sumarán a las casi 3.300 que integran esta denominación vitivinícola. "Una superficie pequeña, pero que –como señala el presidente de la D. O., Miguel Arenas– nos permitirá incorporar algunas bodegas con producciones singulares".

Porque con la incorporación de este territorio podrá pedir la adhesión a la denominación la bodega Sommos Garnacha (antes Vinae Mureri) situada en Murero. También podrá hacerlo la cooperativa de Daroca, a la que el consejo regulador ha remitido el pliego de condiciones que hay que cumplir para lucir el sello de esta marca de calidad. Además, explica el presidente de la D.O., podrían incluirse proyectos de pequeñas bodegas familiares que se están poniendo en marcha en estas localidades.

Tanto Sommos Garnacha como la bodega de esta cooperativa, dedicada también a la producción y comercialización de cereales, girasol, patatas, cerezas, almendras, suministros de fertilizantes, fitosanitarios, semillas, repuestos agrícolas y reparto de gasoil, están integradas en la IGP Vinos de la Tierra Ribera del Jiloca.

En la próxima vendimia

Esta ampliación, que Arenas espera y confía en que esté concluida en la próxima vendimia, es decir en el mes de noviembre, ha tenido que recorrer un camino largo y no exento de tropiezos. La iniciativa comenzó a dar sus primeros pasos en 2016. Fue el Ayuntamiento de Murero quien solicitó que sus viñedos y sus vinos pudieran integrarse en la denominación.

En esta pequeña localidad se encontraba la bodega antes denominada Vinae Mureri, adquirida en septiembre de 2015 por el grupo oscense Costa, cuyos viñedos, que cuentan con viejas cepas de garnachas con una media de edad que supera los cincuenta años e incluso con vides que han cumplido ya un siglo de vida, se extienden sobre una superficie de 46 hectáreas.

Tras la petición de Murero llegaron las cursadas por los otro cuatro municipios, que consiguieron el visto bueno del pleno de la denominación en diciembre de ese mismo año.

Comenzó ahí un minucioso proceso de análisis y estudios sobre el suelo, las variedades y el clima de los nuevos municipios para verificar que realmente tienen similitudes con los productores que actualmente forman parte de la denominación. Y se añadió un requerimiento más. "Nos pidieron que hiciéramos un análisis de los vinos, pero para eso con una añada no era suficiente", explica Arenas, que matiza que como algunos productores no contaban con producto de años anteriores fue necesario esperar una vendimia más.

Cuando parecía que la iniciativa podía coger ritmo llegó el 2020. La crisis sanitaria provocada por la pandemia del coronavirus y las restrictivas medidas impuestas para frenar su expansión obligaron a ralentizar el proceso que ahora vuelven a impulsar los responsables de la denominación de origen aragonesa.

"Más solidez"

Así, detalla Arenas, una vez concluidos los estudios pertinentes, se iniciará la tramitación administrativa ante el Gobierno de Aragón y el posterior traslado de la petición a Bruselas. Porque dado que tiene que ser la Comisión Europea la que dé el visto bueno para que un producto pueda disponer de un sistema de calidad como la denominación de origen, tiene que ser Bruselas quien permita cualquier modificación de su composición.

El presidente del consejo regulador de la D. O. Calatayud, confía en que el proceso llegue pronto a su fin. Supondría un espaldarazo para los vinos de los nuevos municipios integrantes, pero también aportaría ventajas a la denominación de origen, la más pequeña y más joven de la Comunidad, aunque ya cuenta con 30 años de experiencia.

"La integración de estas tierras, que tienen buenos viñedos y producen caldos de calidad, reforzaría la denominación de origen y le daría mayor solidez", explica Arenas, que recuerda que la aportación de unas 130 nuevas hectáreas supondrá un aumento de la producción de vinos con este sello de calidad a través de marcas ya reconocidas en el mercado.

Con la mirada puesta en Zaragoza y en Rusia

El consejo regulador de la D. O. Calatayud ya ha diseñado las líneas estratégicas con las que afrontar un nuevo año marcado por una incertidumbre, en el que "la pandemia es el principal elemento distorsionador".

Así su hoja de ruta para este nuevo año tiene la mirada puesta en el mercado internacional, al que ahora se dirige el 80% de su producción. Su presidente reconoce que, junto con Arex, tenían previsto lanzarse a la conquista del consumidor ruso, pero la pandemia ha frenado los planes "de momento", por lo que potenciarán las ventas en Europa del Este y Asia.

A pesar de su vocación exportadora, las bodegas de Calatayud no se olvidan de los mercados más próximos, especialmente el zaragozano, y de determinadas zonas del territorio español. Y todo ello sin olvidar las posibilidades del uso de la tecnología y del comercio electrónico para impulsar las ventas.

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