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coronavirus

La lucha contra el frío en los colegios del ‘triángulo de hielo’

La calefacción funciona las 24 horas del día y los 7 días de la semana para permitir la ventilación de los centros educativos del Jiloca con temperaturas gélidas en el exterior.

Se acerca la hora del recreo en el colegio Ricardo Mallén de Calamocha y al termómetro le cuesta remontar los diez grados bajo cero. El patio está cubierto por una gruesa capa de lo que fue nieve y ahora es hielo, por lo que los 450 alumnos del centro no pueden salir del aula. En este colegio, ubicado en uno de los vértices del llamado ‘triángulo de hielo’, la calefacción funciona a todo trapo día y noche para hacer compatible la ventilación a la que exigen estos tiempos de pandemia con un mínimo confort térmico.

La borrasca Filomena ha dado paso a una ola de frío que poco a poco se va retirando. Esta semana no se han vivido los -25 grados de los días previos, pero localidades como Calamocha, Bello u Odón han visto cómo el termómetro ha bajado hasta los -13. Para cumplir con los protocolos de ventilación a los que obliga la amenaza del coronavirus –y pese a la calefacción– las botas de monte, las bufandas y los leotardos debajo de los pantalones no sobran, precisamente.

Y eso que los pequeños de la zona están curtidos. “Aquí están acostumbrados al frío, así que estos días los abrigamos un poco más, pero tampoco mucho más”, señala Raquel Rodrigo, madre de dos niñas de 5 y 7 años. Otra madre del centro, Sonia Redondo, señala que su hija “se queja más de que no se puede salir al patio que del frío”.

En el interior de las aulas, la temperatura en general es agradable. Los radiadores arden para que las ventanas puedan abrirse, al menos lo imprescindible. El protocolo del Gobierno de Aragón habla de ventilar “con frecuencia”, al menos 10-15 minutos al comienzo y al final de la jornada, durante el recreo y, si es posible, entre clases. Las ventanas deben estar abiertas “de manera continuada todo lo el tiempo que sea posible”, en función de las condiciones climáticas, lo que en algunos centros aragoneses ha generado quejas por el frío. En el ‘triángulo de hielo’, ventilar es todo un reto.

“Hay profesores que tienen más miedo, por lo que abren más las ventanas. Si no, lo normal es abrir entre clases y en el recreo”, apunta Ana Blasco, directora del colegio Ricardo Mallén de Calamocha. A veces se abre una rendija, a veces un poco más. Con temperaturas gélidas en el exterior, la calefacción se convierte en un arma decisiva en la lucha contra el frío. Tienen una doble caldera de gas que funciona día y noche, los fines de semana… “En Navidad, dos días antes de que volvieran los niños al cole ya estaba encendida”, apunta Raimundo Hernández, el conserje que controla todo el sistema de calefacción del centro.

NIEVE Y FRIO EN EL COLEGIO PUBLICO RAMIRO MALLEN DE CALAMOCHA / 19-01-2021 / FOTOS: FRANCISCO JIMENEZ[[[FOTOGRAFOS]]]
Marta Ayuso (izquierda) y Ana Blasco, jefa de estudios y directora del colegio de Calamocha, respectivamente. 
Francisco Jiménez

El resultado es más que aceptable, ya que la temperatura en general es buena a pesar de que las viejas ventanas que aún quedan no cierren todo lo bien que deberían. Cuando toca ventilar, los alumnos tienen el abrigo siempre a mano, especialmente si están sentados cerca de una ventana. Muchos cuellos están protegidos con bragas, e incluso algunas manos llevan guantes. “Los niños que vienen de países más cálidos vienen más abrigados, pero en general no se quejan porque están acostumbrados”, apunta la directora.

El colegio ha comprado varios medidores de CO2 que ya tenían que haber llegado, pero Filomena ha hecho que el envío se retrase. Con ellos, esperan poder calibrar correctamente la ventilación necesaria, para no quedarse cortos pero tampoco pasarse. “No es cuestión de que los niños se congelen por ventilar demasiado”, señala Marta Ayuso, la jefa de estudios.

En estos días, “muchos alumnos vienen con mallas térmicas debajo de los vaqueros”

De puertas afuera el rastro de la borrasca permanece casi intacto. El patio está inutilizable, y aún permanecerá así unos cuantos días. Por lo tanto, los recreos deben hacerse en las aulas, lo mismo que las clases de educación física. En la de quinto de primaria, Hugo Segura pone a bailar a sus alumnos frente a los pupitres y aprovecha el ejercicio físico para abrir las ventanas casi de par en par.

En los colegios del Centro Rural Agrupado (CRA) Campo de Bello, la situación es similar. En Odón, a 8 kilómetros de Bello, la tutora Teresa Escrig explica que las ventanas se abren “diez o quince minutos cada hora”, pero de forma estratégica. “Como hacemos desdobles, quedan aulas con muy pocos niños, así que los ponemos lejos de las ventanas y están bien”, explica. En estos días de temperaturas extremas, “muchos vienen con mallas térmicas debajo de los vaqueros”.

Con las carreteras despejadas, los colegios fían su suerte a la calefacción y a que las lluvias y la subida de las temperaturas previstas acaben con el hielo de los patios. Por lo demás, la vida cambiará poco porque, como dice la directora del colegio de Calamocha, “aquí hace frío siempre”.

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