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El monasterio del Desierto de Calanda será propiedad del Ayuntamiento, que lo compra por 93.000 euros

Levantado en el siglo XVIII, está en ruinas y precisa 8 millones de euros para su restauración. Planean convertirlo en hotel o residencia de artistas.

El monasterio del Desierto de Calanda, en la foto, está enclavado en un pinar.
El monasterio del Desierto de Calanda, en la foto, está enclavado en un pinar.
Antonio García/Bykofoto

El monasterio del Desierto de Calanda, una imponente obra del siglo XVIII que se desmorona a marchas forzadas por el paso del tiempo y el abandono, pasará a manos del Ayuntamiento de esta localidad bajoaragonesa con el fin de que el edificio pueda ser rescatado de las garras del olvido y convertido, en un futuro no muy lejano, en un hotel con encanto o una residencia para artistas.

El Consistorio, que lleva años intentando conseguir la propiedad del monasterio, ha alcanzado un acuerdo con la sociedad privada vinculada al mundo de la agricultura y con sede en Caspe (Zaragoza) a la que pertenece el histórico inmueble y, tras 14 meses de negociaciones, el edificio será vendido al Ayuntamiento de Calanda por 93.000 euros. Se espera que la compra se haga efectiva antes del próximo 28 de febrero. El hecho de que distintas personas constituyeran la agrupación agrícola dificultó la gestión del convenio, explica el alcalde de Calanda, Alberto Herrero.

Los presupuestos municipales de la localidad bajoaragonesa para 2021 ya incluyen la partida económica necesaria para la compra del convento. El paso siguiente consistirá en instalar alrededor del edificio un vallado que evite la entrada de personas o animales, pues el mal estado de la construcción hace que sea muy peligroso pasear cerca del inmueble y, sobre todo, recorrer su interior. Los tejados están hundidos en su mayor parte y lo mismo ocurre con los suelos, habiéndose abierto grandes huecos en las antiguas estancias del monasterio. El Ayuntamiento calcula que la colocación del cercado necesitará de otros 15.000 euros de presupuesto.

Con todo, la operación más costosa económicamente será la consolidación y restauración del edificio, cuyo importe podría elevarse a ocho millones de euros. Herrero puntualiza que para llevar a cabo este cometido será necesaria la implicación de otras administraciones, como el Gobierno de Aragón y el Ejecutivo central, a las cuales el Ayuntamiento se dirigirá para solicitar su colaboración.

Aunque aún queda mucho camino por recorrer, la idea del Consistorio es que, una vez restaurado, el edificio tenga vida propia. Una de las opciones barajadas, la de crear una residencia para artistas, fue defendida hace ya más de dos décadas por el actor barcelonés Ferrán Rañé. La otra posibilidad que se estudia es convertir el monasterio en un hotel con encanto, al estar rodeado de un paisaje de gran valor, como lo demuestra el gran número de senderistas que eligen el entorno para hacer deporte.

El Desierto de Calanda no debe su nombre a la ausencia de vegetación, sino a la despoblación del paraje en que se encuentra y a que allí se levantó un convento carmelita. El monasterio es un edificio barroco terminado de construir en 1749 que se encuentra a 12 kilómetros de Calanda, en una zona surcada de caminos rurales con múltiples cruces entre sí que dificultan la llegada al mismo.

El convento se fundó en 1682 bajo la advocación de San Elías, pero su construcción se alargó hasta 1701 y tuvo que ser reconstruido en varias ocasiones por los daños sufridos en la Guerra de Sucesión Española, también durante un incendio y en la Guerra de la Independencia. Llegó a tener 40 religiosos carmelitas que, de acuerdo a las normas de esta orden, buscaban una vida de austeridad y aislamiento.

Una asignatura pendiente

Para Herrero, conseguir que la propiedad del convento fuera municipal era «una asignatura pendiente» del Ayuntamiento de Calanda. "Es un lugar emblemático para la población, situado en un pinar del término municipal y muy visitado y valorado", dice Herrero. "La gente siempre ha reivindicado que el monasterio fuese del Ayuntamiento", subraya.

El alcalde señala que el edificio fue comprado por particulares en una época de bonanza económica, si bien la llegada de años de vacas flacas acabó con cualquier iniciativa para dar un uso a este edificio de tan grandes dimensiones. Hoy, catalogado como Bien del patrimonio cultural aragonés, se encuentra prácticamente en ruinas.

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