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Aragón

fotografía

Diego Ibarra: "Los premios vienen y van, pero la memoria tiene que perdurar, incomodar y hacer reaccionar"

El fotógrafo aragonés ha documentado las atrocidades del Estado Islámico en Irak y las penurias del olvidado pueblo yazadí. Su trabajo acaba de ser seleccionado en los prestigiosos Premios Gabo. 

Diego Ibarra, retratado en Beirut hace unas semanas.
Diego Ibarra, retratado en Beirut hace unas semanas.
WARDA ALJAWAHI

Son unos premios equivalentes a Pulitzer, los Óscar o los Grammy, pero se centran en el ámbito del fotoperiodismo. Los fallará el próximo día 21 la Fundación Gabo, creada en 1995 por el periodista y Nobel de Literatura Gabriel García Márquez. De momento, se han anunciado los 40 nominados y, en distintas categorías, puede leerse el nombre de dos aragoneses. Por un lado, la oscense Judith Prat, que participa en un proyecto con otros autores documentando la covid, y por otro, el zaragozano Diego Ibarra, que ha registrado la cruda realidad de la comunidad yazadí en Irak, en un reportaje que es uno de los favoritos para llevarse el galardón. Ibarra nos atiende desde su confinamiento doméstico en El Líbano, país en el que reside desde hace seis años.

El genocidio yazadí digamos que no es muy conocido a orillas del Ebro. ¿Cómo entra en contacto con esta realidad y por qué decide documentarla?

Llevo más de 15 años centrado en documentar los estragos de la guerra en la sociedad civil. Creo en la necesidad de crear memoria aunque a veces olvidemos tan fácilmente, y una tras otra vez, repitamos los mismos errores, las mismas tragedias. El siglo XX estuvo lleno de fosas comunes y matanzas, no tenemos que irnos a principios de siglo con los 'gulags' o con el siempre olvidado pueblo armenio. España tiene todavía muchas heridas que no han cicatrizado. La memoria tiene que ser creada, por respeto a la humanidad, nuestros hijos y nuestro futuro.

¿Cuál es el punto de partida del proyecto?

El proyecto nace en abril de 2016, justo cuando iba camino de Siria con mi compañera Ethel Bonet.  Antes de cruzar desde Irak, decidimos ir a documentar las atrocidades que habían cometido el Estado Islámico. El paisaje fue desolador y el acceso complicado y muy caro. Las fosas comunes estaban muy separadas entre sí, algunas cerca de la primera línea, otras todavía inaccesibles tras estar en territorio ocupado del Estado Islámico. Ropa, objetos, balas, cadáveres de todas las edades... El año pasado pudimos volver ya que durante la ofensiva de Mosul apenas dieron acceso y me centré más en cómo afectaba la guerra a la infancia durante los meses de la ofensiva. El año pasado sirvió para retomar testimonios del 2016 y profundizar más. Ethel pudo completar su libro, "El genocidio del pueblo yazidí" inédito y nunca antes escrito en castellano sobre este pueblo milenario y tan olvidado.

Parte del reportaje que es objeto de nominación al premio.
Parte del reportaje que es objeto de nominación al premio.
Heraldo

¿Qué es lo que proporciona un carácter tan heroico a muchas de sus fotografías?

Vivimos híper mega saturados de imágenes. Cada segundo nos lobotomizan con fotografías donde apenas tenemos tiempo para digerirlas, repensarlas o analizarlas. Dentro de esta vorágine, tenemos que intentar crear imágenes icónicas que perduren, hagan pensar e incomoden a los autores del dolor. La luz que uso intenta ser esa pequeña atalaya de esperanza que perdure del horror, a pesar de ser un recurso facilón y muy frecuentemente explotado por nuestra herencia pictórica tenebrista. Cada una de mis imágenes esconde cariño y aceptación de los retratados. Ellos son los protagonistas y ellos son los que me han permitido contar sus historias: su dolor y esperanza. Estos sentimientos hacen épicas mis imágenes ( o sus historias). Yo solo soy un contador de sus historias.

"La luz que uso intenta ser esa pequeña atalaya de esperanza que perdure del horror"

¿Qué debe tener una buena foto para remover conciencias?

Tiene que confluir tu propio universo, tu propia huella fotográfica donde converja ese "instante decisivo" entre el corazón, la mente, el punctum fotográfico y la luz. Ser una voz y no un eco como decía Machado. Pero también, para que sea una buena foto y pueda remover conciencias, tiene que ser vista, emocionar y estar propiamente remunerada. La falta de una propia regulación, las lagunas de Hacienda, la precariedad, el intrusismo, la competencia o el mamoneo de querer alcanzar el olimpo sin ser buen compañero, persona o sin haber trabajado y sufrido en tu vida envenena cada día más una profesión que está demasiado contaminada y en estado comatoso por los intereses políticos y económicos, aunque cada vez haya mejores profesionales dispuestos a remover conciencias.

Judith Prat, Gervasio Sánchez, José Miguel Marco, Álvaro Calvo... ¿Hay mucho y buen fotoperiodista en Aragón?

Aragón nunca ha dejado de sorprenderme e inspirarme. Existen un grandísimo número de fotógrafas y fotógrafos con un talento, profesionalidad y humanidad desbordante. Gerva, José Miguel, Judith, Álvaro, Jorge Fuembuena, Cebollada, Javier Belver, Ana Palacios, Cintia Sarriá, Chus Machador, Nuria Soler, Toni Galán, Juan Antonio, Zazu, Rogelio, Ángel de Castro, Maysun, Jesús Antoñanzas, Marcos Cebrián, Víctor Lax.... Todos ( y muchas y muchos que faltan) son compañeros, profesores, amigos... Podría llenar páginas con el elenco de grandísimas compañeras y compañeros que inspiran y documentan nuestra comunidad. 

Hace un par de años decidieron reunirse...

Este grupo de valientes decidió crear la Asociación de Fotoperiodistas de Aragón para trabajar por la defensa y reconocimiento de la profesión y el fomento de la solidaridad profesional y social. Y ahora más que nunca, están luchando como titanes para poder mostrar las consecuencias del covid y para poder lidiar contra la censura marcada por los intereses políticos y empresariales que tan complicado están haciendo que se trabaje y se reporte sobre el virus. Sin memoria, estamos condenados a repetir los mismos errores. Vamos por la tercera ola y todavía no se deja informar cómo se debería. La sociedad debería demandar plena transparencia informativa y no tanta tertulia 24 horas que solo crea pánico.

"Sólo me aplico una máxima: trabajo, trabajo y empatía hacia lo que fotografío para poder vivir de mi obsesión y pasión"

Ha recorrido países en conflicto y áreas peligrosas. ¿Ha pasado miedo alguna vez tirando fotos?

Sí. Muchas. Soy un miedica. A veces tengo miedo hasta de mi propia sombra o cuando voy a coger un avión por que siempre pienso que lo voy a perder o que le pase algo a mis seres queridos, a mi manada... Lo importante no es tener o no tener miedo, sino de cómo lo gestionamos, lo afrontamos y lo usamos para tirar hacia delante. La vida es muy corta, dura y muy jodida. Un ticket de solo ida. Pero hay muchas historias que contar, muchos países que visitar y muchas ganas por vivir y empatizar con los demás. Cuando llegue la muerte, que nos pille bailando, como a Miguel Hernández. Y reitero, más miedo sufren los protagonistas de mis imágenes. Ellos son los que importan: los que se quedan...

¿Qué supone la nominación a unos premios tan prestigiosos como los Gabo?

Supone dar a conocer a todo un continente el genocidio olvidado de los yazidís. Las nominaciones o premios vienen y van, pero la memoria tiene que perdurar, incomodar y hacer reaccionar. No trabajo para ganar premios. Es más: apenas he ganado. Trabajo para contar historias y vivir de los testimonios que recojo. Solo me aplico una máxima: trabajo, trabajo y empatía hacia lo que fotografío para poder vivir de mi obsesión y pasión. Ese es mi premio.

Parte del reportaje publicado con Ethel Bonet y Diego Ibarra en 'Who'.
Parte del reportaje publicado con Ethel Bonet y Diego Ibarra en 'Who'.
Heraldo

¿Cuál es la última imagen que haya visto que le ha emocionado y por qué?

Cuando veo imágenes, me sigo viendo a mí mismo como un niño pequeño que quiere ser impresionado. Me emociona la vida, el universo, la felicidad, el amor, el dolor y la pérdida, pero sobre todo las imágenes de esperanza. Hay miles de imágenes que me emocionan así como las historias que subyacen detrás de éstas. Al igual que no soy capaz de nombrar mi libro favorito, película o canción, no creo que pueda nombrar la última imagen que he visto. El presente es el ayer. Y cuando el público lea esta entrevista, esa imagen puede que ya haya caído en el olvido...

¿Cómo se ve de aquí a unos años? ¿Qué proyectos tiene en mente?

Me gustaría volver a mi tierra en un futuro. Estar con los míos. El tiempo pasa muy deprisa y llevo más de una década viviendo fuera. Viví un año en Argentina, cinco en Pakistán y llevo seis en Líbano. Tengo mucha suerte por contar con una madre y un hermano que me han apoyado tanto en mis locuras, una familia increíble y un pequeño círculo de "hermanos" que han estado siempre en los peores momentos, sin importar el tiempo ni la distancia. Sin ellos no soy nada.  Actualmente estoy reforzando mi modelo de trabajo que pivota en encargos para medios, fundaciones humanitarias, exposiciones y docencia. Cada vez que se cambia de país toca empezar de nuevo y en fotografía no existen muchas oportunidades. Me preparo para el invierno.... Además, estoy trabajando en varios proyectos a la vez sobre el colapso de Líbano y sobre cómo afecta la guerra a la educación. Poco a poco. Sin prisas ni pausas.

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