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Covid-19

Aragón estrena las restricciones con multas de 300 euros por fumar en terrazas

Los nuevos aforos y el cierre de la actividad no esencial a las 20.00 deslucieron la víspera de Reyes, una de las jornadas de más afluencia para comercio y hostelería.

Ni un mes le ha durado al comercio y la hostelería la ‘alegría’ de poder abrir hasta las 22.00. Las vuelta al nivel de alerta 3 agravado irrumpió ayer en plena víspera de Reyes con nuevos aforos y horarios para los establecimientos no esenciales y el temor a que las restricciones se endurezcan todavía más en unos días por el repunte de contagios. 

A los hosteleros les tocó estar especialmente atentos para evitar que sus clientes fumasen en las terrazas, una de las prohibiciones más polémicas del retroceso de fase. "Ahora tenemos que hacer de policías e ir detrás de la gente para que no fume. Afortunadamente, la mayoría vienen concienciados", aseguró Adrián García, encargado del café Da Luxe. En la cafetería Cibeles creen que esta medida "molestará" a determinados consumidores, ya que "no todos lo entenderán". "Hoy ha venido ya alguna señora preguntando si se podía y le he tenido que decir que no, pero la mayoría saben qué se puede hacer y qué no", señaló Santiago Mateo, dueño del establecimiento. 

En la plaza de España, bastaba con pararse unos segundos para comprobar que, aunque se cumplía mayoritariamente, había quien trataba de ‘camuflar’ el cigarro y se lo llevaba a la boca a escondidas. Se vio, asimismo, algún que otro cigarrillo electrónico, también prohibidos en este contexto, según confirmaron fuentes de la Consejería de Sanidad. De acuerdo con el Gobierno de Aragón, estos incumplimientos acarrearán multas de 300 euros, al igual que sucede con quienes no llevan mascarilla.

Se sancionará únicamente a quien esté fumando y no a los propietarios de los locales, y a los 300 euros ‘de base’ podrían sumarse otras cantidades si se observan otros agravantes como el hecho de no llevar mascarilla. 

Tanto Mateo como García coincidieron en que lo peor de estas nuevas restricciones es tener que cerrar a las 20.00 y que los grupos queden limitados a un máximo de cuatro personas en el interior de los locales y a seis en las terrazas. "Son constantes limitaciones que van mermando la facturación", opinaba el primero. "Va a haber mucha menos fluidez en los grupos", añadía el segundo con las mesas ya delimitadas tanto en el interior como en el exterior.

Los nuevos aforos deslucieron la mañana de la víspera de Reyes, una jornada que los comerciantes tienen marcado en rojo en el calendario. El ajetreo habitual para estas fechas provocó filas en el exterior de aquellos locales que, en hora punta, superaron el 25% permitido. Las hubo en joyerías, librerías, administraciones de lotería y pastelerías tanto a mediodía como por la tarde. 

De acuerdo con el presidente de la Federación de Empresarios del Comercio y Servicios de Zaragoza (ECOS), José Antonio Pueyo, el cierre a las 20.00 perjudica especialmente a los consumidores de última hora, que son quienes habitualmente disponen de menos tiempo. Los recortes de aforo y horarios llegan en un momento delicado, ya que se producen "en plena campaña de Navidad y de inicio de rebajas" y no hay visos de que la situación vaya a mejorar a corto plazo.

Al sector le preocupa especialmente que persista la "angustia" por el temor al contagio y el miedo al futuro económico. Esto, agregó Pueyo, hace que exista un ahorro "como nunca", de ahí que se insista a las Administraciones en compensar "equitativamente" por las pérdidas ocasionadas.

Un cierre precipitado

El cierre de la actividad no esencial sorprendió a más de uno haciendo fila frente a una tienda o apurando una taza de chocolate. A las 19.30, hora en la que las grandes terrazas del centro comenzaban a desmontar sus mesas, todavía había quien tenía intención de hacer una última compra.

Los minutos previos a las 20.00 estuvieron marcados por una afluencia de familias por las calles del centro, en las que también destacaba una fuerte presencia de la Policía Local. Tras las ocho campanadas, y con las persianas ya bajadas, tocó volver a casa para ver si, con suerte, los Reyes Magos ya habían dejado algún regalo bajo el árbol.

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