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bares y restaurantes

Una carpa con estufas salva el invierno del bar de San Agustín

El Ayuntamiento de este pequeño pueblo turolense, el último antes de la provincia de Castellón, compró el equipamiento para poder dar un mejor servicio al aire libre.

Nuria Andrés gestiona el bar de San Agustín desde hace seis años.
Nuria Andrés gestiona el bar de San Agustín desde hace seis años.
N. A.

En la comarca de Gúdar-Javalambre, a casi mil metros de altitud, el bar de San Agustín no estaría sobreviviendo a la crisis del coronavirus de no ser por la carpa con estufas que se instaló en noviembre para proteger su terraza. En este pequeño pueblo turolense, el último antes de la provincia de Castellón, hay censadas unas 130 personas pero durante el año no llegan a 60 sus habitantes.

Este año, en cambio, la covid ha hecho que muchas personas mayores que tienen su segunda residencia allí hayan prolongado su estancia, que habitualmente solo se produce en los meses de verano. También hay gente joven y de mediana edad que ha visto en el pueblo la mejor solución con el teletrabajo en un entorno seguro y en medio de la naturaleza.

Tanto para ellos como para los vecinos de toda la vida, el bar es prácticamente un centro social. De hecho, el local es propiedad del ayuntamiento y se sitúa en los bajos de la casa consistorial. La gestión del negocio se saca a concurso cada dos años y se subasta al mejor postor. Desde hace seis, son Nuria Andrés y su madre quienes lo gestionan.

Naturales de Valencia capital, la abuela materna era de San Agustín y todavía conservaban la casa del pueblo. Tras media vida viviendo en la ciudad, hace diez años se mudaron allí para cambiar de rutina y probar suerte en una nueva etapa. Desde 2014, cuando pujaron por primera vez por el bar, su contrato se ha ido renovando cada dos años, con Nuria en la barra y sirviendo las mesas y su madre en la cocina.

“En temporada alta, como en julio y agosto, nos ayuda mi pareja, y suelo contratar a una persona de refuerzo”, explica Nuria. Un contrato que este año, pese a las circunstancias, también se ha producido. “Ha sido un verano de escándalo, hemos tenido muchísimo trabajo”, confiesa, entre la alegría y la incredulidad.

Y es que si en años normales el pueblo ya se llena en los meses estivales, especialmente con valencianos y catalanes que tienen en él su segunda residencia, este 2020 ha sido todavía más notable, llegando a alcanzar casi las 600 personas en San Agustín.

El de Nuria es el único bar de la localidad, sin contar con el de las piscinas, que solo abre en verano. Por suerte, la terraza puede ocupar tanto espacio como quiera en la plaza, respetando el paso de vehículos por las dos calles que lo flanquean. Así, en los mejores meses, se desplegaban unas 30 mesas que siempre estaban llenas.

“Damos desayunos, almuerzos, aperitivos, menú del día para comer y también cenas”, explica Nuria, que este verano ha vivido en el bar. Gracias a ello y a las facilidades que le ha puesto el Ayuntamiento, cancelando el pago del alquiler hasta nueva orden, las consecuencias de la crisis están pasando de puntillas por su negocio.

Un invierno menos desierto que otros

De hecho, este 2020 marcado por la covid ha hecho que la temporada de invierno, que para el bar de San Agustín suele ser floja, esté siendo algo más movida. “Se nota que mucha gente que de normal vuelve a su casa después del verano, este año se ha quedado”, dice Nuria. “Son personas mayores que se sienten más seguras viviendo aquí”, añade.

Que en San Agustín apenas haya habido cuatro o cinco casos aislados de coronavirus hace que Nuria tenga sentimientos enfrentados. Tiene ganas de que se retome la movilidad entre comunidades y provincias pero no a cualquier precio. “Queremos que la gente pueda volver a venir con normalidad pero solo cuando la situación sanitaria lo permita”, asegura. Y es que en este pueblo, sus habitantes más que vecinos son una gran familia. Se cuidan unos a otros, se ayudan y colaboran en lo que sea necesario.

Sin ir más lejos, la carpa que hoy protege la terraza del bar la montaron entre un grupo de vecinos. “La trajeron a principios de noviembre y la instalamos entre todos en dos horas”, dice Nuria.

Montada por los vecinos y adquirida por el Ayuntamiento, un indicativo más de que para la población de San Agustín poder disponer de un bar en el que estar cómodamente y, al mismo tiempo, minimizar el riesgo de contagio es fundamental.

Por este motivo, desde el equipo de Gobierno municipal no dudaron en poder remedio a las inclemencias meteorológicas que se avecinaban de cara al invierno. Así, se compró la carpa y las estufas que sirven para paliar el frío en la terraza del bar. El mobiliario, compuesto por mesas y sillas, así como las botellas de butano, corren de parte de Nuria, que se muestra muy agradecida con este gesto. “Sin la carpa no sé qué hubiera sido de nosotros estos meses”, asegura.

Actualmente, con ocho mesas en el exterior le sobra para atender a los clientes que, a diferencia de otros años, son prácticamente los mismos durante toda la semana. “En circunstancias normales, los fines de semana se llenarían de las familias que tienen aquí su segunda casa”, indica. Ahora, en cambio, no hay apenas distinción, aunque sí se nota un ambiente más festivo los sábados y domingos, cuando se preparan tapas para el vermut.

El resto de la semana, lo que más se sirven son almuerzos, especialmente para obreros que están trabajado en alguna casa, cafés para grupos de amigas y comidas. “Todos los días preparamos un menú del día, que se puede o bien consumir en el bar o también preparar para llevar”, explica Nuria.

Comida a domicilio para un pueblo vecino confinado

Este servicio de comida por encargo ya se ofrecía antes de la covid, aunque a raíz de la pandemia Nuria recibió un encargo más grande. Fue para la vecina localidad de Villanueva de Viver, ya en la provincia de Castellón, que tuvo que ser confinada perimetralmente por el aumento de contagios. “Me contactaron para que les llevara menús preparados todos los días a varias familias, ya que no podían salir de casa”, comenta. Y así lo estuvo haciendo durante dos semanas, con la ayuda de su madre, que es quien cocina.

Con las últimas medidas para la hostelería, el bar de San Agustín puede atender actualmente a 12 clientes en su interior, un 30% del aforo. Pese a ello, la mayoría prefiere estar en la terraza, que se llena especialmente los fines de semana. Eso sí, al calor de la estufa y resguardados por una carpa de lona que, en tiempos de coronavirus, vale oro.

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