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Aragón

Tercer Milenio

Entrevista

Scott Mitchell: “Con el ‘brexit’ perdemos los británicos”

Este químico nacido en Glasgow en 1982 diseña en el Instituto de Nanociencia y Materiales de Aragón moléculas contra el cáncer o para conservar el patrimonio.

Scott Mitchell, científico titular del CSIC
Scott Mitchell, científico titular del CSIC
Francisco Jiménez

Estamos al borde del ‘brexit’. ¿Cómo se siente un escocés residente en Zaragoza?

A mí, a mis compañeros, amigos, familia, de muchas diferentes profesiones y partes del país, a todos nos parece totalmente irracional, algo impensable, que no esperábamos que fuera a pasar cuando se votó en junio de 2016. No conozco a nadie que votara para salir de la UE. Ahora que se va a hacer realidad, me parece una auténtica locura; los que más perdemos somos nosotros, los británicos.

¿Se seguirá sintiendo europeo el 1 de enero?

Totalmente. Me he movido mucho por Europa. Me siento muy afortunado de haber sido el primero de mi familia en ir a la universidad en Escocia, donde la matrícula es gratis y me apoyaron para hacer estancias y trabajar en Estados Unidos o Francia. Al programa Erasmus le debo la mitad de mi vida, los últimos 20 años: aquel año en la República Checa cambió mi perspectiva sobre la ciencia y el mundo, y allí conocí a mi mujer, que es de Zaragoza y también estaba de Erasmus. En septiembre de 2021 cumpliré una década en Zaragoza; vine para un par de años y me he quedado.

¿Cómo le afectará personalmente el ‘brexit’?

Creo que casi nada, porque soy británico y residente permanente en España. Lo que me da un poco de miedo es cómo les puede afectar a mis hijos. La chica nació en Escocia y el peque, en Zaragoza. Al tener un padre británico tienen ciertos derechos, pero el lugar de nacimiento cuenta mucho. Querría que en un futuro pudieran elegir libremente dónde viven, qué hacen y en qué trabajan, como hice yo y me produce rabia y tristeza pensar que sus vidas podrían verse limitadas en este aspecto.

La ciencia es colaborativa e internacional, ¿cooperar será más difícil?

Dicen que los socios británicos podrán seguir participando igual en los proyectos europeos, ya veremos. Va a ser un reto cooperar con Reino Unido, pero ya se encontrará una forma de facilitarlo.

UK es un peso pesado en ciencia.

Pero ¿sabes por qué tiene tanta calidad y tanto peso? Porque ha recibido a los mejores investigadores del mundo, y sobre todo de la UE. Ahora, estoy convencido de que va a haber una fuga de talentos importante. Conozco muchos casos de amigos y colaboradores que, debido al ‘brexit’, se marchan del país y vuelven a España, Francia, Italia o han buscado trabajo en Alemania. Y van a seguir saliendo. Ayer hablé con un físico que está en Glasgow y vuelve a Zaragoza el año que viene. Me pone triste pensar que gente que tiene su vida estable allí, que lleva 10 o 15 años con su familia, integrados en los colegios, universidades, empresas, se marchen al saber que en Reino Unido hay gente que no quiere que haya extranjeros trabajando en ciertas cosas.

¿Por qué se hizo químico?

Por la creatividad. En las prácticas del grado haces ‘recetas’ y sintetizas lo que te mandan, pero ya en mi primer proyecto de investigación viví la euforia de diseñar una estrategia de síntesis de compuestos y lograrlo. En el doctorado, fue muy motivador ver que, en la química de metales, con su variedad de colores y estructuras cristalográficas, el límite era tu propia imaginación. Lo que me encanta de la investigación que hago es que los compuestos que sintetizamos por primera vez no solo son moléculas bellas sino útiles. Desarrollamos nanomateriales antimicrobianos que pueden aplicarse para prevenir la formación de biofilm o el biodeterioro de objetos patrimoniales. Y también para limpieza de aguas, pues son compuestos capaces de quitar contaminantes radiactivos, farmacéuticos, metales pesados, hormonas, microplásticos; estos últimos son los que llamamos ‘proyectos submarinos’, que aún no tienen financiación. Pero la ciencia es persistencia y competición y somos aún muy pequeños. En España somos expertos en estirar el poco presupuesto que nos dan. Investigar en España no es fácil. Tengo amigos ingleses con 200.000 euros al año para un proyecto y uno mío puede tener 20.000. Y aún así publicamos en las mismas revistas. Hay un gran espíritu colaborativo y de apoyo de unos a otros. Esa gran familia que formamos en el grupo Nanobiosurf es la razón profesional que me ha hecho quedarme aquí.

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