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Taberna A Flama: comida vegana y charla en aragonés en tiempos de pandemia

La mítica taberna ubicada en el barrio de la Madalena también se ha visto obligada a adaptarse a la era covid: nuevos horarios, nuevos platos y su propia aplicación de envío a domicilio.

En la barra de la Taberna A Flama: Ramón, Guillén y Cristina
En la barra de la Taberna A Flama: Ramón, Guillén y Cristina
C. Ivars

Sin lugar a dudas, la Taberna A Flama es conocida por ser uno de los restaurantes veganos más emblemáticos de la ciudad. Ubicada en el corazón del barrio de la Madalena, en la capital aragonesa, el establecimiento abrió sus puertas en el año 2010 de la mano de sus fundadores, Silvia Cebolla, Roberto Gracia y Chesús Gracia, quienes decidieron abrir un restaurante de comida vegetariana en el que poder mantener una charla en aragonés cualquier día de la semana.

Fue en junio de 2017 cuando, tras el anuncio de su cierre y posterior traspaso, un grupo de clientes habituales se planteó la pregunta: “Os imagináis que nos lo quedamos?”. Lo que empezó como una broma se acabó transformando en toda una declaración de intenciones. Así, Cristina Sancho (26), Guillén González (27), Fermín Larrea (23) y Ramón Lozano (23), crearían una cooperativa con la cual regentan el establecimiento. "Éramos clientes habituales, nos encantaba el espacio y lo que representaba y no queríamos que se perdiera. Hicimos números, apostamos los ahorros de nuestra vida, y aquí estamos", explica Sancho.

Mucho ha cambiado el local desde entonces ya que, en estos tres años, la oferta gastronómica ha pasado de ser vegetariana a vegana -como sus actuales propietarios- y se ha llevado a cabo una reforma para insonorizar el local y ampliar su horario de apertura -poco antes de la pandemia-. Sin embargo, Sancho reconoce que han querido mantener, sobre todo, el “espíritu flamero”: "Queríamos que siguiese siendo ese lugar seguro, cómodo y alegre en el que nos sentíamos como en casa y en el que poder mantener una charla en aragonés con el personal de la barra o con otros clientes".

En definitiva, un espacio de recuperación de la lengua en el que, además del lema oficial del local, 'A minchar de gusto' -A comer a gusto-, también aparecen platos en la carta como sus hamburguesas la 'cruixient' -la crujiente- o la 'vetiella' -que significa ternera- o raciones como sus 'trunfas con veganesa' -lo que viene siendo una ración de patatas bravas- o sus sucos naturales -que son zumos-. Además, para quienes no dominen muy bien la lengua, la carta viene acompañada de un Glosàrio d'aragonés.

Nuevos aforos y formatos

Tras el cierre producido el pasado mes de marzo, con el inicio del estado de alarma, mantuvieron la persiana echada hasta el pasado 9 de junio. Como ha ocurrido a tantos hosteleros de nuestra Comunidad Autónoma, desde entonces la adaptación a cada una de las fases ha sido una constante. Con un aforo en el interior de 40 personas actualmente al 30% -es decir, una capacidad de dar servicio a 13 personas- y sin terraza, estos jóvenes han visto en el envío a domicilio una de las mejores alternativas para capear la crisis.

"Queríamos que siguiese siendo ese lugar seguro, cómodo y alegre en el que nos sentíamos como en casa y en el que poder mantener una charla en aragonés con el personal de la barra o con otros clientes"
Cocina A Flama: Guillén y Cristina
Cocina A Flama: Guillén y Cristina
C. Ivars

“Tuvimos bastante suerte porque justo decidimos poner en marcha esta línea de negocio en febrero de 2020, unas semanas antes de que todo esto empezase, ya que nuestros clientes nos lo pedían desde hacía tiempo”, explica Sancho. Un golpe de suerte que les ha servido para sobrellevar mejor la crisis sanitaria.

“Queríamos garantizar que el envío de nuestra comida fuera justo, sin explotar a los trabajadores, así que decidimos montar nuestra propia logística”, añade la hostelera. Así, uno de los cooperativistas pasó a ser repartidor y se produjo la contratación de una nueva persona para llevar a cabo el reparto en moto. “El último avance ha sido la creación de nuestra propia APP A Flama, desarrollada por nosotros mismos, para que nos lleguen los pedidos directamente y sin intermediarios”, explica.

Y también nuevos horarios

Otro de los grandes cambios que se ha visto obligado a asumir el equipo de la taberna tiene que ver con los horarios de apertura al público, a parte de los que ha ido marcando la normativa sanitaria. Y es que, antes del inicio de la pandemia, tan solo abrían en horario de comidas y cenas. Sin embargo, hace apenas unos días se han lanzado al mundo del desayuno abriendo cada día a las 9 de la mañana con una amplia oferta de bollería dulce y tartas caseras – de manzana, queso o fosquitos- así como tostadas de sal negra o tomate. "Con un aforo tan limitado teníamos que hacer algo para atraer a más gente en otros horarios en los que antes no trabajábamos y la verdad es que de momento está teniendo muy buena acogida", admite Sancho.

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