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Aragón

La montaña aragonesa está perdiendo sus aves

En la Comunidad aragonesa se nota, de forma más acusada, el descenso de las poblaciones de tarabilla norteña y de acentor alpino.

El acentor alpino es una de las aves de montaña que está sufriendo este declive
El acentor alpino es una de las aves de montaña que está sufriendo este declive
SEO/BirdLife

El descenso de las aves de montaña es una realidad. Así lo aseguran desde SEO/Bird Life que advierten que, según los datos del programa de seguimiento de aves (Sacre), hay un declive poblacional de especies como el roquero rojo o la alondra común.

Una reducción, como explica Luis Tirado, biólogo y delegado en Aragón de la organización, que en la Comunidad aragonesa “se nota, de forma más acusada, en las poblaciones de tarabilla norteña y de acentor alpino”. Dos aves menos conocidas que las que habitualmente ocupan titulares, consecuencia, como anota Tirado, “de una estrategia de comunicación para conservar los hábitats. Y es que hay algunas aves, las denominadas como especies paraguas, que se utilizan para llamar la atención con un doble objetivo: proteger a esta especie y proteger, además, el hábitat en el que se encuentra lo comparte a su vez con otras muchas especies”.

Este decrecimiento poblacional de las aves que viven en la montaña se debe, en palabras de la ONG, a la combinación de dos factores: el cambio climático y los usos del suelo. “Los primeros resultados indican que las poblaciones de aves de montaña descienden también a escala europea y se atribuye al cambio climático y a los cambios de uso del suelo”, reconoce Virginia Escandell, coordinadora de los programas Sacre, Sacin y Noctua de SEO/BirdLife.

"Las poblaciones de aves de montaña descienden también a escala europea y se atribuye al cambio climático y a los cambios de uso del suelo"

“Concretamente, en el Pirineo lo primero que hemos notado en los últimos años es que las características de hábitats que teníamos, por ejemplo, a 1.600 metros de altitud, ahora se encuentran a 1.700 ó 1.800. Y las especies que antes criaban a 1.600 ahora lo hacen 100 metros o 200 más arriba”, detalla Tirado. “Un ejemplo podría ser el gorrión alpino, que cría a 2.000 metros de altitud y que bajaba a comer a la altura de los aparcamientos de las pistas de esquí de Astún o Candanchú; ahora, ya no baja en bandadas porque encuentran comida más arriba”.

“Esta subida de altitud, además, trae consigo una disminución de la superficie disponible debido a que la montaña suele tener una forma, digamos, de triángulo, por lo que al subir de altitud pierden espacio”, añade el delegado en Aragón de SEO/BirdLife. “Además, algunas están perdiendo sus hábitats, como puede ser el caso de la perdiz nival debido al retroceso de los glaciares".

Pero no solo el cambio de las condiciones de temperatura y precipitación ha modificado los hábitats, sino que “la pérdida de la ganadería extensiva ha acelerado estos cambios”, indica Tirado. “Por ejemplo, hace 30 ó 40 años los bosques que se ven enfrente de la localidad de Panticosa no estaban. Ha sido el abandono de las tareas agrícolas lo que ha provocado la pérdida de los pastizales. Lo mismo ha ocurrido en la entrada a la Garganta de Escuaín, donde el pino negro ha devorado el pastizal debido a la reducción de la ganadería”.

"Las aves son muy sensibles y ya llevamos casi 20 años notando que están cambiando de hábitats al perder los suyos"

“Las aves son muy sensibles y ya llevamos casi 20 años notando, no solo que las aves migratorias llegan entre un mes y 20 días antes que hace dos décadas, sino que además el resto están cambiando de hábitats al perder los suyos”, detalla el biólogo. “Así que las aves pueden actuar, por tanto, como bioindicadores, puesto que en tres años ya te dan información, pero en diez la información que te proporcionan es inequívoca".

Por este motivo, ahora lo que se pretende es medir la velocidad a la que se están produciendo estos cambios. “Además de hiperpotenciar la ganadería extensiva, que también puede ser un motor económico importante”, apunta Tirado. “Y es que para mantener el pasto, y que no se aceleren los cambios, no contamos con nada natural que no sea los sarrios, pues no tenemos a la cabra montés en el Pirineo". 

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