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lotería de navidad

"Es difícil que el Gordo nos toque dos veces, pero todos los números entran en el bombo"

Lejos del cliché de caprichos y derroches, los aragoneses que ganaron la lotería de Navidad en años anteriores lo invirtieron con cabeza. 

AMBIENTE EN EL CENTRO ARAGONES DE REUS TRAS CONOCER EL GORDO DE LA LOTERIA / 22-12-2019 / FOTOS: FRANCISCO JIMENEZ [[[FOTOGRAFOS]]][[[HA ARCHIVO]]]
Ismael Araguás, con su mujer, su hija y su exconsuegra.
F. Jiménez

En el Centro Aragonés de Reus, donde el año pasado cayó parte del Gordo, se quedaron sin lotería en octubre. En la residencia de mayores de Alcañiz, hasta donde también viajaron unos cuantos miles de euros de la lotería de Navidad, solían vender 8 talonarios y este año han despachado 24.

En uno y otro escenario -al igual que en Sodeto, Grañén, Calatayud o en el colegio San Viator de Huesca- están esperando con ilusión el sorteo del próximo día 22. En un año tan difícil como el 2020, un nuevo pellizco de la fortuna les haría “un avío”, pero saben que es difícil que vuelva a tocar dos veces consecutivas en el mismo sitio.

“Por mí que caiga en otro lado. Que se reparta, que aquí ya vale”, dice no sin cierta sorna Ismael Araguás, el responsable de repartir el año pasado unos 30 millones de euros, puerta a puerta, por la comarca del Sobrarbe. “El año pasado el premio Gordo salió muy pronto, a las nueve y veinte, y yo aún estaba dormido. Me llamó al teléfono una vecina y casi le falté al respeto porque es algo que nunca te crees”, rememora Araguás. Este heraldo de la fortuna es natural de Morillo de Monclús, en La Fueva, pero lleva viviendo en Cataluña desde 1966. Es socio del Centro Aragonés de Reus, donde cogió doce talonarios que fue repartiendo, casa por casa, llamando a las vecinos al timbre de la puerta. “Como eran participaciones estuvo muy repartido: una papeleta se premió con 100.000 euros. Es de lo que más orgulloso me siento, de que hizo bien a mucha gente humilde, gente de pueblo, sin grandes pretensiones”, comenta Araguás. En el Centro Aragonés El Cachirulo de Reus, que preside el turolense de Monreal del Campo José Allueva, cuentan que en octubre se quedaron sin lotería. Tuvieron que retener los décimos justos para que los socios no se quedaran sin un boleto, pero “sacamos 200 talonarios y en quince días ya habían volado”. “Se ve que muchos confían en que la suerte sea cabezona y reincidente”, bromean. En la asociación vuelven a calcular los muchos millones que diseminaron (unos 320), gracias a la venta de 80 de las 90 series del primer premio de 2019 que fue a parar al 26590. Este número fue comprado -además- en una administración de Salou, donde viven más de 5.500 aragoneses.

"Si algo nos ha enseñado este año es que lo importante es la salud", dicen en la residencia de Alcañiz, afortunada el año pasado

La suerte de Gordo de hace doce meses salpicó a Calanda, Maella, Ejea, Peñarroya y, también, Alcañiz, en cuya residencia de mayores se vendieron muchas participaciones. “Menuda alegría fue. Y quién nos iba a decir que después vendría un año tan malo”, cuenta Pilar Magrazó, gerente del centro. “En nuestra residencia, afortunadamente, no ha entrado el virus. Hemos trabajado con mucho cuidado y todo el personal ha sido muy responsable en no relacionarse con nadie fuera del trabajo”, dice Magrazó, al tiempo que reflexiona: “Si algo nos ha enseñado este año es que lo importante es la salud”.

Pilar Magrazó, gerente de la residencia de Alcañiz, celebra el premio de 2019 con las empleadas.
Pilar Magrazó, gerente de la residencia de Alcañiz, celebra el premio de 2019 con las empleadas.
M. Quílez

El año pasado, por estas fechas, nadie podía sospechar que la diosa fortuna les fuera a guiñar el ojo y la gerente recuerda aquella mañana de besos, abrazos y felicitaciones. Tres talonarios, con un total de 75 boletos, se distribuyeron desde el geriátrico gracias al hermano de la gerente, que es vecino de Reus y socio del Centro El Cachirulo. Este año han vendido hasta 24 talonarios, lo que sólo se explican por “la ilusión renovada de los vecinos y quienes se acercan al pueblo”. “Más que casualidad sería un milagro que el Gordo cayera dos veces seguidas en el mismo sitio, pero todos los números entran en el bombo”, comenta Magrazó. El día 22 es para los internos el comienzo oficioso de la Navidad pues, según cuenta, todos se ponen a ver el sorteo por televisión desde primera hora de la mañana, si bien hay alguno que sestea porque el soniquete de los niños que cantan los premios también invita a echarse un sueñecito.

Aunque Aragón no es de las Comunidades con mejor suerte histórica en el extraordinario de Navidad (ha cantado el Gordo en 22 ocasiones desde que se celebró el primer sorteo 1812), sí que puede presumir de haber tenido uno de los más generosos y reconcentrados de la historia. Fue el que en 2011 cayó íntegro en los Monegros. Pocos vecinos olvidarán el 58268, un número que cambió sus vidas y, gracias a la asociación de amas de casa, repartió 700 millones en el Alto Aragón. En Sodeto, todo el municipio tuvo su pellizco... Todos excepto un único vecino, el cineasta griego Costas Mitsotakis, cuya historia se transformó en un documental en el que él mismo inmortalizó la inmensa alegría de la localidad.

El Gordo de Sodeto "se invirtió en el campo", con la compra de tractores y de sistemas de riego

“Fue el Gordo más ‘gordo’ de la historia, pero nueve años después podemos decir que la gente tampoco se volvió loca, sino que lo invirtió con bastante cabeza”, dice Nazaret Sánchez, concejal de la localidad monegrina. “Entonces todos hicimos algún viaje soñado, pero tampoco se dieron excesivos caprichos. Esta es una localidad que vive del campo y sí se invirtió en sistemas de riego, tractores, arreglar algunas casas, cambiar de coche...”. Otra derivada curiosa de la lluvia de millones (720 se repartieron aquel 2011) fue el ‘baby boom’ que se daría años después: la bonanza hizo que los nacimientos se dispararan en una población de unos 200 habitantes que comenzó a sumar niños pequeños como no ocurría desde hacía varias décadas.

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Fortunato Oriol, a la izquierda, fue uno de los embajadores de la suerte en Grañén en 2011.
P. Puértolas

“Se sigue vendiendo mucha lotería por la zona. Es más, sabemos que hay localidades cercanas que piden el mismo número que tocó hace nueve años. Es muy difícil que vuelve a caer aquí y, además, al mismo número, pero cosas más raras se han visto”, comenta Sánchez. Raro es, por ejemplo, que varios afortunados en 2011 lo fueran de nuevo con otro Gordo, el del colegio de San Viator de Huesca, en 2018, pero varios casos de estos se han dado. “Así es normal que se viva la Navidad con ilusión”, comentan en Sodeto, donde también hacen un llamamiento a gastar con cabeza si toca la lotería porque “dinero que entra fácil, fácil se marcha también”. Hace dos años las participaciones de la asociación de exalumnos del citado centro escolar repartió 80 millones por la capital oscense, que en los días siguientes al sorteo supuso un acicate (y buena falta hace ahora) para el comercio y la hostelería de la ciudad.

Cancelar la hipoteca y ser discreto

 “Tengo compañeros que lo dedicaron a ampliar sus negocios, celebrar una buena boda, cancelar la hipoteca o asegurarse la carrera de los sobrinos, pero eso, una vez comprobaron que les había tocado, porque las primeras horas son de mucha incredulidad y piensas que te están tomando el pelo”, dice Laura Gracia, una de las agraciadas aquel 2018. También recuerda cómo, de inmediato, comienzan a llegar consejos de supuestos economistas sobre cómo invertir las ganancias. “El Gordo son 400.000 euros al décimo pero el dinero se queda en mucho menos cuando se pagan los impuestos correspondientes”, aclara. Entre las recomendaciones más sesudas figuran siempre las de hacer alguna inversión aprovechando la coyuntura inmobiliaria o apostar por los planes de pensiones. “Otro buen consejo es ser discreto y no hacer ostentación ni divulgarlo todo por las redes sociales”, añade Gracia.

En Sodeto, como en Grañén, se incumple con la estampa propia de las películas americanas en las que los muy afortunados con la lotería acaban arruinados en pocos años por no haber sabido gestionar sus deslumbrantes millones.

La fe ciega en que la suerte sonría dos veces en un mismo lugar se da también en Zaragoza, donde estos días pueden verse filas en las administraciones (el Rosario, el Pilar, Los dos patitos...) tradicionalmente más agraciadas. También, incluso, en una peluquería de La Jota están despachando este año mucha más lotería que en advientos precedentes dado que hace poco repartieron suerte no con el Gordo de Navidad sino con el premio del 11 de la ONCE. “Dimos un millón de euros y un año después aún no sabemos qué clienta se lo llevo”, comentan Ana Latorre, empleada de Coro Estilistas. Este centro hizo que otros 39 clientes habituales se llevaran una alegría al bolsillo, aunque no tan desmedida como el citado millón. “Desde entonces se ha multiplicado la venta de boletos de la ONCE, de lotería del Niño y, también, de la de Navidad. Este 2020 estamos repartiendo participaciones de mi cofradía, la Coronación de Espinas”, concluye Latorre.

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