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Heraldo del Campo

política agraria

Una torre de Babel para definir la PAC

Las propuestas lanzadas por el Ministerio de Agricultura para diseñar el plan estratégico con el que se aplicará la nueva PAC en España han desatado la caja de los truenos.

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El ministro de Agricultura, Luis Planas, y los consejeros autonómicos, el pasado miércoles.
MAPA

El camino para consensuar el futuro Plan Estratégico Nacional de la PAC -ese que tiene que elaborar cada estado miembro para establecer cómo se aplicará en el país la reforma de la Política Agraria Común- no ha comenzado con buen pie. Los primeros pasos para avanzar hacia "ese gran pacto de Estado que marcará el modelo de agricultura y ganadería de la próxima década", como lo ha definido el ministro de Agricultura, comenzaban a darse esta semana en una sectorial que reunió a todos los consejeros autonómicos del ramo -solo se ausentó el de Asturias- y puso de manifiesto que, al menos en estos primeros compases de la negociación, el consenso está muy lejos.

Se preveía que la negociación sería complicada. Y los peores augurios se han cumplido, al menos en estos primeros compases de la negociación para definir dicho plan, que han convertido el Ministerio que dirige Luis Planas en una torre de Babel en la que cada Comunidad habla el idioma de su sector agrario para reclamar actuaciones muy concretas hechas a la medida de las necesidades de sus agricultores y ganaderos.

Unas regiones, como Cantabria, han hecho pública su preocupación porque consideran que el plan estratégico propuesto por el ministro da más importancia a la agricultura mediterránea en detrimento de los cultivos de la cornisa cantábrica. Tampoco están contentas las comunidades del Levante, como la Valenciana, que exige que el documento tenga en cuenta su "singularidad agraria". Desde el sur llegan las voces de los que consideran, como el consejero andaluz, que el Gobierno central quiere comenzar "la casa por el tejado" y advierte al ministro que serán necesarias muchas más reuniones porque, para empezar, "todavía no se han cerrado aspectos tan esenciales como la definición del agricultor genuino", que, según las intenciones europeas, serán el destino prioritario de las ayudas.

¿Y Aragón? Sorprendido parece estar el consejero Joaquín Olona, que, convencido como estaba de que el Ministerio había tomado buena nota de las propuestas aragonesas para reformar la PAC -consensuadas con la mayor parte de las organizaciones agrarias y los partidos políticos-, se ha encontrado con un inesperado giro de las intenciones ministeriales, en las que cobra importancia el enfoque sectorial.

Olona sigue defendiendo con vehemencia, como aseguró que haría, que para dar un vuelco a una PAC que considera injusta es necesario una reforma profunda. Y, en su opinión, apostar por dirigir las ayudas hacia los sectores es volver al pasado.

Aragón quiere que cobren los que viven del campo y que la PAC cumpla el objetivo para el que fue creada, igualar las renta del agricultor a la del resto de los sectores productivos.

El diseño de la futura PAC, la que está previsto que esté en vigor a partir de 2023, ha entrado en una de las fases decisivas para cada estado miembro. Porque Europa, tras establecer las líneas generales, ha dejado en el tejado de cada uno de los socios comunitarios la elaboración de un plan estratégico nacional en el que cada país tiene que establecer las intervenciones que realizará -tanto en lo que a su alcance como a su presupuesto se refiere- para dar respuesta a las necesidades de su sector.

En ese momento crucial se encuentran las negociaciones entre los máximos responsables del Ministerio de Agricultura y los representantes del ramo en cada una de las comunidades autónomas. Los primeros pasos se daban el pasado miércoles, en una conferencia sectorial de Agricultura dedicada a dicho plan. "Es necesario que todas las partes actúen con responsabilidad, unidad de acción y voluntad de llegar a un gran pacto de Estado por la PAC, que marcará el modelo de agricultura y ganadería de la próxima década», decía entonces Luis Planas. Según el ministro, en esta negociación se trata de realizar «un ejercicio de inteligencia" en el que todas las Comunidades presenten sus prioridades y "la mejor voluntad integradora para conseguir lo mejor para todos".

Así fue, al menos en lo que a la primera parte se refiere. Porque las autonomías llegaron al encuentro con sus propuestas bien definidas, pero también bien distintas y distantes, por lo que, a priori, todo apunta a que el deseados consenso y el acuerdo global no será fácil de lograr y que la negociación se hará a cara de perro. Y el tiempo apremia, porque el calendario de trabajo establecido prevé que el primer Plan Estratégico informal esté listo para finales del primer semestre del próximo año, de manera que el definitivo pueda presentarse formalmente a la Comisión Europea antes de finales del 2021.

Sobre la mesa de la sectorial el ministro ha dejado su propuesta, que incluye la necesidad de mantener las ayudas acopladas a los sectores ganaderos del vacuno de carne, de leche y de ovino y caprino. No habría cambios en el apoyo para que los cultivos proteicos sigan con ayudas vinculadas a la producción, para lo que se propone utilizar la posibilidad de destinar hasta un 2% adicional de los pagos directos a este objetivo.

Habría también otros sectores que por su importancia socioeconómica serían posibles destinatarios de las ayudas vinculadas a la producción. Figuran ahí el arroz, la remolacha, el tomate de transformación o los frutos de cáscara. Además, señala el Ministerio, en los próximos meses se estudiará la inclusión de otro tipo de producciones propuestas por algunas comunidades autónomas.

Los programas sectoriales de frutas y hortalizas, vino y apicultura continuarán como obligatorios y se integrarán en el Plan Estratégico de la PAC, pero tendrán, señala el departamento que lidera Planas, con un mayor componente medioambiental. Y propone también el ministro la aplicación de un programa específico para el olivar.

Jóvenes e igualdad de género

Planas quiere que el plan estratégico nacional ponga su énfasis en la formación, en la incorporación de jóvenes y la igualdad de género. Para ello, el ministro se compromete a mejorar la formación dirigida a los agricultores, facilitando el reconocimiento y el intercambio de experiencias entre comunidades.

Pero, consciente de que el acceso de los jóvenes a la actividad agraria y ganadera es "uno de los problemas más acuciantes del sector", apuesta por la creación de un grupo de trabajo específico que aborde cómo integrar este aspecto en el plan nacional de la PAC y avanza que se incrementarán los esfuerzos para aprovechar el aumento de los apoyos que recibirán los jóvenes, tanto de las medidas del primer pilar (ayudas directas) como del segundo (desarrollo rural).

Durante la sectorial, Planas resaltó la importancia de poner en valor y en práctica el hecho de que, por primera vez, esta PAC, incluye entre sus objetivos específicos el del enfoque de género. Eso permite la posibilidad de articular medidas que discriminen positivamente a la mujer en el acceso a los apoyos de la Política Agraria Común e incentivar su incorporación a la actividad agraria y al medio rural.

Qué hay de lo mío

A pesar del espíritu conciliador y de colaboración al que siempre se refiere el ministro cuando habla del diseño del plan estratégico, lo cierto es que la pasada conferencia sectorial demostró que lo único en lo que coinciden todas los consejeros autonómicos es que no están de acuerdo con los planteamientos iniciales de Planas. Ni con los del ministro, ni con los que defiende cada región.

Los representantes de las políticas agrarias de cada Ejecutivo autónomico acudieron a la reunión con sus propias propuestas y con la mirada puesta en las necesidades del sector agrario sí, pero cada uno del de su propio territorio.

Andalucía, que ya el pasado mes de octubre manifestó su intención de batallar para que la reforma de la PAC no sufra muchos cambios, insiste en que no es necesario un cambio abrupto del modelo. Y apoya su argumento sosteniendo que las recomendaciones de Europa no establecen ese reforma profunda de la Política Agraria Común, sino que plantean un avance en unas exigencias medioambientales "para las que Andalucía está preparada y dispuesta".

Cantabria comienza a ver "con preocupación que la postura del Ministerio parece dar ahora alas a la agricultura mediterránea", porque, asegura su consejería, los productores cántabros percibirían menos dinero de las ayudas de la PAC en comparación con otras regiones españolas.

La Comunidad Valenciana exige una reforma que enmiende "su deuda histórica con la agricultura" de su territorio. Y reclama que para ello se tenga en cuenta su "singularidad agraria", caracterizada, detallan desde la consejería, por "el minifundismo que hace que la tierra esté repartida entre muchos pequeños agricultores". Y así un suma y sigue con demandas propias y peculiares de cada región.

Aragón, decepcionada

Aragón también tiene sus propuestas y peticiones. El consejero de Agricultura siempre se ha mostrado muy proactivo con la reforma de la PAC y empeñado con dejar una impronta regional en la próxima reforma de la PAC.

Su ambiciosa propuesta siempre ha estado del lado de la renta. Olona defiende la agricultura familiar, quiere que sean los agricultores y ganaderos que realmente viven y trabajan la tierra y los animales los que perciban las ayudas. Y que están sirvan para compensar la brecha de renta que todavía arrastran los profesionales del sector.

Pero su propuesta parece desinflarse tras la reunión del pasado miércoles, en la que el consejero dejó clara su discrepancia total a un reparto de las ayudas que ponga el foco en los sectores.

"Esa no es la manera de ayudar a las explotaciones familiares, a los jóvenes y a las mujeres", insiste. Todo lo contrario, dice el titular aragonés de Agricultura, es una manera de perpetuar los agravios cometidos en el pasado y que en Aragón llegaron incluso a generar una guerra abierta entre territorios y entre agricultores. "La discusión de las ayudas de la PAC en función de los sectores productivos únicamente tiene la ventaja de ser, aparentemente, más comprensible y, sobre todo, evita pronunciarse sobre las condiciones sociales y económicas que deben reunir los perceptores de la PAC", afirma con contundencia el consejero.

Discrepa Olona en la sectorialización de las ayudas, pero admite excepciones. Cree que las ayudas acopladas -esas que se destinan a la producción-deben aplicarse, siempe con carácter excepcional y para situaciones muy concretas, como, por ejemplo, en la ganadería extensiva.

En este escenario de escaso entendimiento el ministro tiene previsto mantener a lo largo de los próximos meses encuentros bilaterales con cada una de las Comunidades autónomas. Su objetivo, señalan desde el Ministerio, es "avanzar hacia un acuerdo y lograr acabar con sus diferencias y sus exigencias". Lo hará antes de reunirse con todas ellas por tercera vez en abril, coincidiendo con la consolidación de los reglamentos europeos de la nueva PAC. Y tiene trabajo por delante, a tenor de escaso acercamiento de posturas que se vislumbra tras la conferencia sectorial celebrada en el Ministerio el pasado miércoles.

Chus García

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