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Zaragoza

Treinta años de cárcel para los autores de la brutal paliza en la calle Contamina

La víctima pasó 18 días hospitalizado, tres en la uci, y le han quedado graves secuelas que limitan su vuelta al trabajo.

Los juzgados por agresión en la calle Contamina, este lunes ante el tribunal.
Los juzgados por agresión en la calle Contamina, este lunes ante el tribunal.
Oliver Duch

Los cuatro jóvenes del Gancho que patearon en el suelo a un hombre hasta casi matarlo ingresarán en prisión. La sección Primera de la Audiencia Provincial condena a cada uno de ellos a siete años, seis meses y un día de cárcel como autores de un delito de homicidio en grado de tentativa. Finalmente, el Tribunal no aprecia la agravante de delito de odio que pidió la Fiscalía y a la que se adhirió la acusación particular, ejercida por la letrada Marina Ons, lo que evita que la pena impuesta a Imadeddinne, M., Brahim T., Mohammed R. T., y Adel M. se vea incrementada.

Además, los cuatro agresores, de entre 23 y 25 años, deberán indemnizar a la víctima con casi 68.000 euros por lesiones y secuelas, y con otros 12.000 euros por daños morales. Los jóvenes, que durante la brutal paliza en la calle Contamina gritaron «somos los moros del Gancho y buscamos problemas», se cebaron de tal forma con la víctima que le dejaron graves secuelas, hasta el punto de hacerle perder movilidad en uno de sus brazos e impedirle realizar su trabajo habitual, la limpieza en altura. Tras el suceso, pasó tres días en cuidados intensivos y otra quincena ingresado en el hospital.

La paliza fue de tal calibre que el médico forense del Instituto de Medicina Legal de Aragón aseveró durante el juicio que la víctima, de 37 años, tenía suerte de estar viva debido al grado de las lesiones. Incluso llegó a apuntar que era afortunado por poder, a día de hoy, seguir caminando.

La sentencia dice también que los condenados deberán indemnizar a la Comunidad Autónoma con 15.308 euros por los costes hospitalarios de la atención recibida por el agredido, y con otros 35.512 euros para el Ministerio de Hacienda. En cualquier caso, los cuatro han sido declarados insolventes. Contra la sentencia de la Audiencia cabe todavía recurso de apelación, que podrán presentar ante el TSJA.

Los grabó la cámara de un hotel

Los hechos por los que se condena a los cuatro atacantes ocurrieron el 2 de abril de 2017 en la puerta del pub Osiris, en la zona de bares del Casco Histórico de Zaragoza. Según relataron la víctima y los amigos que le acompañaban en ese momento, el primero salió del establecimiento tras ser avisado de que uno de sus amigos estaba siendo acorralado por un grupo de chicos. Al tratar de mediar y separarlos, el hombre recibió un fuerte puñetazo en la cabeza que lo dejó inconsciente de forma casi inmediata.

A continuación, tuvo que soportar una lluvia de patadas en el tórax, la espalda y hasta en la cabeza. Uno de los testigos oculares relató que los condenados lo golpearon «como si fuera un muñeco» y que uno de ellos, ya en el último momento, «le propinó una patada mortal» en la cabeza. Tras este golpe final, huyó corriendo junto a sus amigos por una de las calles adyacentes. La víctima y sus amigos dijeron conocer «de oídas» o «de vista, del barrio» a los cuatro jóvenes encausados, a los que tildaron de «problemáticos», aunque no tenían ninguna rencilla, enfrentamiento ni deuda pendiente entre ellos.

Durante el juicio, los cuatro investigados se acogieron a su derecho a no declarar. Previamente, en comisaría, se habían desligado del suceso, apuntando que no estuvieron esa noche en el lugar de los hechos. Sin embargo, los diferentes testigos coincidieron en ubicar a los acusados en la calle y a la hora en que empezaron las hostilidades. También los señalaron como iniciadores de la refriega, a la que luego se unieron más personas.

Las imágenes de la brutal paliza fueron captadas por la cámara de seguridad del hotel Río Arga, ubicado en la misma calle, y se usaron como prueba durante el juicio, al que los entonces acusados acudieron en una actitud del todo informal, realizando gestos a las cámaras de los medios gráficos y gesticulando durante la sesión hasta el punto de ser reprendidos por uno de los miembros del tribunal. Todo ello pese a lo grave de la acusación y la elevada petición de cárcel.

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