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minería

La antigua mina de cobalto de San Juan de Plan fue única en España

Durante tres siglos, alemanes, franceses, ingleses y chistabinos extrajeron de sus entrañas el preciado, raro y escaso cobalto, que se disputaban las principales fábricas de porcelana de Europa, como la como la prestigiosa de Sèvres, en Francia.

Bocamina, entrada de la antigua mina de colbalto de San Juan de Plan (Huesca), en los dominios del Parque Natural Posets-Maladeta.
Bocamina, entrada de la antigua mina de colbalto de San Juan de Plan (Huesca), en los dominios del Parque Natural Posets-Maladeta.
P. López

La memoria oral del valle, y la quietud y serenidad que suelen brindar la jubilación, han servido de estímulo a José Solana Dueso (Plan, Huesca, 1946), profesor de Filosofía de la Universidad de Zaragoza y escritor en castellano y aragonés chistabín, para hurgar en los archivos, husmear entre las ruinas y hablar con la gente del lugar, y rescatar del olvido las antiguas minas de cobalto de San Juan de Plan, en el valle de Chistau, en una reciente publicación, editada por Rolde de Estudios Aragoneses.

Abandonadas en los dominios del Parque Natural Posets-Maladeta, ocultas entre el inmenso bosque de hayas, abetos y pinos silvestres, la calidad y abundancia del cobalto de estas minas nutría, a través de empresas alemanas, las principales fábricas de porcelana de Europa, como la de Sèvres (Francia). Durante tres siglos, alemanes, franceses, ingleses y chistabinos extrajeron de sus entrañas el preciado, raro y escaso cobalto; y célebres políticos, viajeros, pirineístas e ingenieros, de diversas nacionalidades, se ‘perdieron’ por este remoto –o no tanto– enclave del Pirineo aragonés.

“Cuando se descubrió el yacimiento de San Juan, solo se conocía en Europa la importante mina de los Montes Metálicos de Sajonia y algunas de menor importancia en Suecia. En Francia, no había ninguna"

“Toda la gente del valle de Chistau, al menos los de mi generación, teníamos conocimiento, desde pequeños, de las minas de cobalto de San Juan por tradición oral, pues yo nunca conocí documentos que hablasen de su historia”, afirma José Solana. Sin embargo, familiares cercanos –María y Ramón, de Casa Garcés–, le contaron historias de la explotación del cobalto. Historias como la de ‘El salto del inglés’ –topónimo todavía hoy vivo en la zona–, un precipicio en las cercanías de San Juan, que cae en picado desde el camino (hoy carretera hacia Gistaín) hasta el río Cinqueta. “Se contaba que por allí, se despeñó un inglés relacionado con las minas. Además –continúa–, el lugar donde se encuentran las minas, también ha dejado su huella y hoy se le conoce como ‘El Cobol’”. “En nuestros valles pirenaicos existen todavía numerosos restos de viejas explotaciones, sobre todo de hierro, plomo y cobre. Las fundiciones de hierro (‘ferrerías’, ‘fargas’) eran conocidas en siglos anteriores. Pero, a diferencia de todas ellas, la mina de níquel y cobalto de San Juan de Plan es única en España –apunta el autor–, si descontamos algunos pequeños yacimientos de escasa producción”.

Restos del lavadero, lugar de laboreo mecánico de la mena
Restos del lavadero, lugar de laboreo mecánico de la mena
P. López

La mina cobró protagonismo en el siglo XVIII y fueron los alemanes los que iniciaron el proceso de explotación atraídos por el cobalto, catalogado entonces como un mineral muy raro por la escasez de yacimientos encontrados. “Cuando se descubrió el de San Juan –añade Solana–, solo se conocía en Europa la importante mina de los Montes Metálicos de Sajonia y algunas de menor importancia en Suecia. En Francia, no había ninguna. De ahí el interés inmediato que suscitó el descubrimiento en el valle, precisamente, entre los propietarios de las ricas minas alemanas de cobalto, situadas cerca de la ciudad de Schneeberg, al este de Alemania, que eran los que sacaban un buen beneficio de este mineral desde hacía un siglo”.

Para hacernos una idea del volumen de producción de la mina de San Juan de Plan, según publica la ‘Revista de España’, en su número 366, de 1878, “la provincia que más cobalto produjo en 1872 fue la de Huesca, que dio 440 quintales métricos. En las de Oviedo y Castellón solo se obtienen muy pequeñas cantidades”.

Azul cobalto y porcelana fina

Los alemanes destinaban la mayoría de la producción de cobalto a la fabricación de zafre, con el que conseguían un esmalte con esos tonos azul cobalto en las porcelanas tan raros y apreciados por su intensidad y viveza. “Todas las manufacturas de porcelana de Europa, como la prestigiosa de Sèvres (Francia), eran sus principales compradoras. La fábrica Valentina, en Saint-Gaudens, en la región de Occitania, utilizaba para sus porcelanas el cobalto de San Juan. Sus famosos ‘azul de Valentina’, se conservan en el museo de Saint-Gaudens”. «Hasta bien avanzado el siglo XVIII, los alemanes mantuvieron en secreto las fórmulas de fabricación de este polvo y tenían el privilegio de su venta, por lo que se trataba de un negocio muy rentable y ventajoso, que reportaba muchos beneficios al Estado alemán», explica José Solana.

"Todas las fábricas europeas, como la de Sèvres, en Francia, eran sus principales compradoras. La mina de San Juan fue única en España" 

Los germanos interrumpieron la explotación de las minas de San Juan en 1753 y la reanudaron en 1775. Precisamente, en 1753, Guillermo Bowles, ilustrado irlandés y experto en metalurgia, que había venido a España para hacer informes detallados y propuestas sobre las minas, particularmente las de mercurio de Almadén, visitaba los valles de Bielsa y Chistau. En su informe ‘Del valle de Gistau en los Pirineos de Aragón, y de sus minas de plomo y cobre, y singularmente de la de cobalto’, que, según Solana, “es una joya en todos los sentidos”, escribe: “Entrado este siglo (XVIII), un paisano de aquel Valle halló que las piedras de un paraje de la montaña empinada que está enfrente al Nordeste de Plan, eran más pesadas que lo regular, y sospechó fuese mina de plata. Tomó una, y la llevó a Zaragoza a una persona que creyó inteligente en minas. Esta hizo todos sus ensayos para descubrir la plata que pensaba hallar; pero al fin se desengañó de que no había tal cosa, y conoció que era una mina de cobalto. Envió algunos pedazos a la fábrica de azul de Alemania, donde hicieron sus pruebas: y hallándole perfecto, pensaron en aprovecharse de su riqueza, sin descubrir a los españoles su valor ni su secreto. Enviaron a este fin un Comisario Alemán que tratase el negocio con el inocente Aragonés, y se convinieron en que este pidiese a la Corte la concesión de las minas del Valle de Gistau, obligándose a dar cada año al Rey cierta cantidad de plomo a precio bajo; y así se le concedió, porque no hubo sospecha de que contuviesen ningún otro metal. Después se convinieron secretamente el alemán y el español en que se entregase al primero todo el cobalto que se sacase de la mina, pagando al segundo 35 pesetas por cada quintal en bruto”.

Todavía hoy se pueden encontrar restos de edificios para la descarga, lavado y el tratamiento mecánico del cobalto.
Todavía hoy se pueden encontrar restos de edificios para la descarga, lavado y el tratamiento mecánico del cobalto
P. López

“Me contenté, pues –puede leerse en otro fragmento–, con lo que pude ver sin cavar, y partí por entonces de España condolido de ver que aquellos naturales se abandonaban de este modo, y enriquecían a los extranjeros con dejarles llevar la materia de una mina mil veces más rara que las de plata y oro, que podría servir por siglos y siglos para pintar del más hermoso azul toda la loza y porcelana del Reino, y para traer mucho dinero de fuera de él”.

De San Juan de Plan a Sajonia

Solana relata cómo para evitar los altos costes del transporte del mineral a Sajonia, el conde de Beust, empresario y embajador de Sajonia en París, montó la fábrica de beneficio en Saint-Mamet, cerca de Bagnères-de-Luchon. “Sus instalaciones principales consisten en los diferentes tipos de hornos para la obtención del cobalto. El barón de Dietrich, en su obra ‘Description des Gîtes de Minérai, des forges et des salines des Pyrénées’ (1786), describe las instalaciones con todo lujo de detalles”, incide el profesor, que también recoge en su libro la visita a las minas, un siglo después (1877), del conocido ingeniero oscense Lucas Mallada, que formaba parte de una comisión encargada de realizar el primer Mapa Geológico de España, por lo que recorrió todos los valles del Pirineo. “Le llamaron especialmente la atención –dice–, cómo no, las minas de cobalto de Chistau, de las que ya había oído hablar, y que, a pleno rendimiento, eran explotadas entonces por una compañía francesa”. Mallada ofrece un informe muy pormenorizado de las instalaciones: “En los talleres hay una rueda motriz, cilindros trituradores, tres baterías de bocarte, un tromel seco, otro húmedo de doble envolvente, mesas de percusión, clasificadores, laberintos, cribas filtrantes y cribas de pistón, aparatos movidos por una rueda hidráulica de cinco metros de diámetro y cuarenta y seis cajones”.

"La fiebre minera hizo que numerosos especuladores, sin ninguna intención empresarial, arribasen por esas zonas en busca del ‘pelotazo’"

En el verano de 1870 visitó Plan el famoso pirineísta Henry Russell, en cuyo libro, ‘Recuerdos de un montañero’, dejaba este testimonio: “Quedamos también profundamente conmovidos al ver por la tarde, en la Casa del Sol, una masa de ciudadanos franceses empleados en las minas, que vinieron a suplicarnos que dispusiéramos de todo lo que tenían, incluso de su dinero, y el señor Cordurier, ingeniero de estas minas, me dio su sombrero ante mi llegada con la cabeza descubierta a Plan”.

Barranco del Sen, en las inmediaciones de los restos del lavadero de la mina de cobalto
Barranco del Sen, en las inmediaciones de los restos del lavadero de la mina de cobalto
P. López

El salto del inglés

La compañía inglesa The Cobalt and Nickel Mining Company Limited aterrizó en el valle de Chistau en 1889, quedando las minas en manos de su principal inversor, Ralph Raphael. “La disolución de la mencionada compañía, en 1893, quizá tuvo que ver con el accidente o el crimen que costó la vida a la persona de nacionalidad inglesa aludida en el topónimo ‘El salto del inglés’, que hemos comentado –reflexiona Solana–. A partir de ese momento, la actividad decayó hasta que la mina fue vendida el año 1906, en pública subasta, por orden del gobernador civil de Huesca, que declaraba la caducidad del contrato ‘por falta de un año o más de canon’”.

Las empresas alemanas, francesas e inglesas mantuvieron su actividad durante cortos periodos de tiempo debido a las guerras del momento: la Revolución Francesa en Francia o guerras carlistas en España. “En el intermedio, hubo numerosas iniciativas de compañías españolas, incluso pequeñas empresas de la zona, que no consiguieron mantener una actividad continuada”, relata Solana, que describe cómo en las postrimerías del siglo XIX, la fiebre minera hizo que numerosos especuladores, inversores con afán especulativo, sin ninguna intención empresarial, arribasen por esas zonas “en busca del ‘pelotazo’. Prueba de esta fiebre es que el ingeniero encargado de hacer la demarcación de una mina tuvo que regresar a Zaragoza sin poder hacer su trabajo ‘por no existir terreno franco’. El terreno disponible en la zona minera estaba todo en manos de concesionarios, sin que existiera la menor actividad extractiva”.

Testigos en el valle de Chistau

El investigador ha seguido el rastro de algunas familias en el valle de Chisau para rescatar la memoria de la mina. “La familia Roger de Plan –actual Casa el Sol– ha mantenido una relación de al menos tres generaciones con las minas. Luis Roger, fallecido en 2017, conservó el carácter de referente cuando en el valle se hablaba de las minas de cobalto. Su abuelo fue cantinero en las instalaciones mineras durante la segunda mitad del siglo XIX, su padre, del mismo nombre, continuó como responsable de la mina y el mencionado Luis todavía acompañó a los empleados de la Empresa Nacional Adaro, cuando en los años 80 del pasado siglo XX realizaron las últimas prospecciones, tras las cuales se decidió que el yacimiento no era rentable. Esa gestión –afirma el autor del libro– fue la consecuencia de la iniciativa del diputado oscense León Buil Giral en el Congreso de los Diputados”.

La localidad de San Juan de Plan (Huesca)
La localidad de San Juan de Plan (Huesca)
Laura Uranga

“Hoy, el patrimonio minero que queda es casi inexistente. A cada vestigio que encontremos en la zona –una bocamina cegada, el color inconfundible de un montón de escombros, restos del material pobre que quedaba depositado en el lugar o de edificios y hasta alguna bocamina perfectamente accesible–, es fácil que nuestra imaginación añada el escenario con el bullicio de aquellos años y nos haga recordar a esos seres anónimos que dejaron bajo el subsuelo de esta montaña parte de sus vidas”, reflexiona el investigador.

Alemanes, cobalto y patatas

El libro se nutre, demás, de pequeñas historias, como la que relata Francisco de Zamora, escritor y viajero ilustrado de finales del XVIII. “Si su información es correcta –asegura Solana–, habrían sido los empresarios alemanes de la mina de cobalto –el conde Beust y sus socios–, los que habrían introducido el cultivo de la patata en los valles de Chistau y Benasque. ¿Y quién nos iba a decir que la palabra alemana ‘Kartoffel’ (patata) –por metafonía ‘Tartüffel’– deriva del italiano ‘tartufo’, procedente del latín ‘terrae tufer’ (tubérculo), igual que la palabra ‘trufa’ para referirse al hongo, que estaría emparentada con la palabra aragonesa ‘trunfa’, es decir, patata?”. También se cuenta que, en la Edad Media –tiempos de supersticiones–, los ‘kobolds’, duendes que custodiaban los minerales en las entrañas de la tierra, engañaban a los codiciosos mineros sajones con un mineral parecido a la plata: el ‘kobold’, cuya pronunciación coincide con el paraje llamado ‘El Cobol’, donde están las minas de cobalto de San Juan.

Antonio Rins
Antonio Rins
Casa Canalé de Plan

Antonio Rins, de Casa el Sol

Antonio Rins, que sirvió en el Regimiento de Coraceros, era el dueño de la fonda Casa el Sol de Plan –hoy Casa Canalé–, donde se alojaban los visitantes que acudían al valle, empleados de la mina, en la que él mismo trabajó, funcionarios y algunos pirineístas, como Henry Russell, en 1870.

Casa el Sol de Plan.
Casa el Sol de Plan
H. Llewellyn Smith

Una fonda con mucho que contar

Durante su estancia, el pirineísta inglés Hubert Llewellyn Smith dibujó la fonda Casa el Sol de Plan –actual Casa Canalé–. El dibujo fue publicado en ‘Through the High Pyrenees’. With illustrations and supplementary sections by H. Llewellyn Smith, de Edward Harold Spender’, 1898.

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