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Cronistas en la era digital: "No pensábamos que en el siglo XXI fuéramos a relatar una pandemia"

Una docena de municipios de Aragón cuentan aún con la figura del cronista oficial, que hunde sus raíces en la Edad Media. Algunos episodios vividos este año recuerdan a los de las pestes de hace seis siglos.

Vidal Muñoz es desde hace quince años cronista oficial de la ciudad de Teruel.
Vidal Muñoz es desde hace quince años cronista oficial de la ciudad de Teruel.
Antonio Garcia/Bykofoto

En tiempos de Google, redes sociales y hemerotecas digitales, aún persisten los cronistas oficiales de las ciudades que compilan los hechos acaecidos en sus lugares de residencia. Y no son pocos. En congresos nacionales llegan a juntarse hasta 200 profesionales y en Aragón hay una docena de ellos. En los últimos años han relatado algunas pequeñas alegrías (véase la celebración de la Expo o la mejora de infraestructuras), pero también relatos tristes de la crisis económica, el paro y sus consecuencias en los vecinos. “Lo que no imaginábamos es que en pleno 2020 tendríamos que contar una pandemia mundial como las que se relataban siglos atrás”, comenta Vidal Muñoz, cronista oficial de Teruel desde el año 2005. 

Sus compilaciones anuales, que se pueden consultar en la web del Consistorio turolense, acostumbran a tener unas 300 páginas. El relato de 2020, según avanza, superará las 900, lo que “da idea del momento histórico que atravesamos”. “Ya solo el índice, que es fundamental porque es la síntesis de esta memoria, tendrá más de 200 folios cuando lo habitual es que sean 60 o 70”, cuenta Muñoz, que ya ha ido narrando cómo el coronavirus ha afectado al día a día de su ciudad en crónicas semanales y columnas en el ‘Diario de Teruel’. “Lo que está pasando da para un libro. Yo no hago juicios de valor, simplemente presto voz a los vecinos, doy cuenta de lo ocurrido y trato de alejarme de ideologías”, explica el catedrático de Historia Medieval. Muñoz lamenta que este 2020 su relato vaya a ser tan crudo y se sorprende de que “aún haya negacionistas y gente que no se crea lo que está pasando: evidentemente, esos no han visitado un hospital”, afirma.

¿Será el relato de la presente pandemia parecido a los que describieron antaño los cronistas del reino cuando causaban estragos la viruela, la gripe o el cólera? “En muchos aspectos sí se abordan episodios parecidos como la necesidad de guardar cuarentena o de evitar el contacto social”, opina Carlos Forcadell, que fue nombrado cronista zaragozano en 2009. A lo que antes recogían magistrados o sacerdotes, “se suma hoy una gran cantidad de datos estadísticos, pero el efecto y las sensaciones de las crónicas sí son parecidas a las de hace cinco o seis siglos”. Forcadell, director de la Institución Fernando el Católico, recomienda el libro ‘Zaragoza 1564. El año de la peste’, que acaba de publicar el historiador Francisco José Alfaro. En sus páginas se documenta cómo aquel año los zaragozanos comenzaron a mostrar síntomas de la enfermedad bubónica cuando en la memoria colectiva aún estaba vivo el impacto de otra epidemia en 1507. En la peste de 1564 se calcula que fallecieron 10.000 personas en una ciudad en la que vivirían 30.000.

ARCHIVO DE LA DPZ / 24/10/2019 / FOTO : OLIVER DUCH [[[FOTOGRAFOS]]][[[HA ARCHIVO]]]
Algunas crónicas de Jerónimo Zurita, conservadas en los archivos de la DPZ.
Oliver Duch

A Forcadell le resulta más interesante este tipo de investigación ampliamente documentada que la figura del cronista o relator de la actualidad, que “no tiene mucho sentido en la época actual, en la que hay legiones de periodistas para contar lo que sucede en el día a día de la ciudad”. Las nuevas tecnologías han restado protagonismo al cronista tradicional, cuyo origen se remonta a la época medieval, y que en Aragón cuenta con una larga tradición de ilustres nombres, entre los que destaca Jerónimo Zurita (1512-1580).

Actualmente el cronista se considera casi "un cargo simbólico u honorífico" -opina el director de la IFC-, aunque hay profesionales que reivindican su labor “complementaria” a la información que ofrecen los medios. "Antiguamente había muy pocos actos y se podían recoger de forma manual, ahora sería imposible", expone Muñoz, en cuyo ‘haber’ como cronista destaca la redacción de los 800 años de los Amantes de Teruel o del premio Planeta que obtuvo su paisano y amigo de la infancia Javier Sierra.

"Ahora ya no tenemos que hacer la crónica diaria, porque de eso ya se encarga la prensa. Nuestra labor se corresponde más con la de preparar obras sobre la localidad o resolver dudas históricas", opina José Verón Gormaz, cronista bilbilitano y autor de ‘Calatayud, ciudad en el tiempo', un trabajo reeditado en varias ocasiones por encargo del Ayuntamiento. Para Verón el mantener la figura del cronista “estimula la investigación histórica y cultural”, como se aprecia también en los muchos textos publicados por sus colegas este año y que pueden consultarse en la web de la Real Asociación de Cronistas Oficiales de España. 

José Verón Gormaz, que fue premio de Letras Aragonesas en 2014.
José Verón Gormaz, que fue premio de Letras Aragonesas en 2014.
MACIPE

Muchos exégetas han puesto en relación la actual pandemia por coronavirus con el relato de enfermedades anteriores que causaron terribles estragos y no solo se remontan a la mal llamada gripe española de 1918 sino que, también, bucean en los archivos municipales para rescatar documentos (hojas de caridad y recibos de limosnas a los hospitales) que dan testimonio de episodios de viruela o fiebre amarilla. De especial interés son los mapas que muestran cómo la virulencia de estas enfermedades fue recorriendo la península en forma de mortandad en el siglo XVIII y cómo, por ejemplo, Zaragoza fue la provincia más castigada de España en 1885 con otra epidemia de cólera.

En España existen alrededor de 700 personas dedicadas a esta labor, cuya vigencia se reivindica porque, sin ir más lejos, Albarracín acaba de nombrar cronista oficia al historiador Octavio Collado. Aragón es una de las comunidades en la que más se ha perdido esta figura, pero aún así persisten en Borja, en Aldehuela de Liestos, en la comarca Campo de Daroca, donde ejerce el modisto Enrique Lafuente, o en la Hoya de Huesca. Precisamente el responsable en este último territorio, Bizén d'o Río, ha buceado recientemente en los archivos oscenses para estudiar una epidemia de hace 400 años y comprobar que "las medidas preventivas (sobre todo, el aislamiento) no distaban mucho de las emprendidas hoy".

Unos y otros lamentan que la narración de este 2020 ha de ser irremediablemente amarga, aunque consideran que tradicionalmente en su balance los sucesos y las noticias tristes (las sequías y malas cosechas de antaño) oscurecen los episodios más luminosos. Insisten en que, por encima de cualquier circunstancia, se deben "al servicio de la historia" y “de la verdad sin juicios”, pues “de lo contrario, estaríamos cayendo en el problema de los cronistas del siglo XIII, que hacían crónicas propagandísticas a favor del rey", apunta Vidal Muñoz.

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