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Opinión

Es hora de premiar

OPINIÓNACTUALIZADA 06/12/2020 A LAS 01:30
Bodegas Tempore se encuentra ahora en el camino hacia la obtención de la Certificación de Agricultura Biodinámica
El sector primario ha jugado un papel muy destacado en esta crisis
B.T:

A los agricultores la pandemia les pilló subidos al tractor. No solo por su trabajo, sino porque hartos de la falta de rentabilidad ocupaban con sus máquinas las carreteras y el centro de las capitales españolas mostrando su hartazgo por los bajos precios mientras advertían en sus proclamas que ‘si el campo para, la ciudad no come’.

Cuando la crisis sanitaria nos obligó a encerrarnos en casa y echar el cerrojo al virus entre el temor al contagio y la esperanza de que todo iba a salir bien, ellos aparcaron sus reivindicaciones y siguieron sobre sus tractores, en su granjas y con sus animales, en las líneas productivas de sus industrias y en la labor diaria de sus cooperativas. Sin dejar de trabajar, para que no faltara alimento en el plato y en las despensas, ayudaron a la desinfección de las calles de los pueblos, donaron epis y alimentos e incluso se atrevieron a coger la aguja para coser mascarillas. Se convirtieron en esenciales (¿acaso no lo eran ya?) y hasta escucharon el nombre de su profesión cuando los balcones se llenaban de aplausos.

Pero el sector agroalimentario no ha sido inmune a tan desconocido virus. Ni a sus contagios ni a los brotes que le han colocado (justos por pecadores) en la diana de la culpabilidad por la expansión de la enfermedad. Tampoco estar todo el día en la faena le ha proporcionado anticuerpos para librarse del zarpazo económico que la crisis sanitaria está dejando a su paso.

Quizá por todo eso, y ahora que no corremos asustados al supermercado para hacer acopio de alimentos porque sabemos que no habrá problema de abastecimiento de calidad y seguro, sería un buen momento para premiarles.

No hacen falta trofeos ni medallas. Seguro que celebrarían por todo lo alto que los responsables políticos (de aquí de Aragón, de allá de Bruselas y los que deciden en Madrid) dejaran de hablar tanto de estratégico para escribir más de estrategias. Aplaudirían que en lugar de lamentar tanto su envejecimiento, los gobiernos allanaran el camino a los jóvenes que quieren (y no pueden) transitar hacia la agricultura y la ganadería. Y se sentirían premiados si su futuro no se primara con historia pasada.

Recibirían como un gran premio que la sociedad conociera y reconociera su valor, tanto económico, social como medioambiental, su carácter innovador y las exigencias de calidad y sanidad que están obligados a cumplir. Y, además, que estuviera dispuesta a pagarlo, para que lo que cuesta la alimentación sea, como poco, lo que vale.

Así que, si me permiten el consejo, ténganlo en cuenta cuando legislen. Tengámoslo en cuenta cuando llenemos la cesta de la compra. El premio es para todos.

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