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Mari Mar Fraj: "La enfermedad rompe la vertebración de la escuela"

Desde hace más de 20 años, Mari Mar Fraj García es maestra del Equipo de Atención Educativa Domiciliaria del Departamento de Educación del Gobierno de Aragón. También atiende la Unidad de Trastornos de Conducta Alimentaria del Hospital Clínico de Zaragoza.

Por la pandemia, la maestra Mari Mar Fraj no puede ir a casa de sus alumnos; ahora, se conecta con ellos ‘online’ desde su despacho del CEIPRecarte y Ornat.
Por la pandemia, la maestra Mari Mar Fraj no puede ir a casa de sus alumnos; ahora, se conecta con ellos ‘online’ desde su despacho del CEIPRecarte y Ornat
Francisco Jiménez

Cuando el tiempo se nos pasa tan suave como se le han pasado dos décadas desde que obtuvo destino en el Programa de Atención Domiciliaria a Mari Mar Fraj (Teruel, 1966) podemos afirmar, sin ninguna duda, que estamos disfrutando cada día de nuestra profesión.

¿Dónde estudiaste?

Mi madre me enseñó a leer y escribir, a sumar y restar. Mi abuelo me enseñó a jugar a las cartas. Así practicaba cálculo mental sin enterarme. Estudié EGB en la Escuela Nacional Mixta de Torre los Negros, mi pueblo. Aprendíamos en un entorno natural y con mucha libertad. Con 14 años me fui a Teruel para cursar BUP en el Instituto Francés de Aranda y, posteriormente, hice Magisterio en la Escuela Universitaria de Teruel.

¿Por qué decidiste ser maestra?

De niña no quería ser maestra. Fue mi padre quien me animó a estudiar Magisterio. Él, labrador de profesión, sí tenía vocación pedagógica. Siempre hablaba de los maestros con respeto y admiración. Acertó totalmente. Esta profesión me ofrece la posibilidad de desarrollar mis inquietudes y de seguir aprendiendo todos los días. Ser maestra me permite observar, escuchar y proporcionar herramientas a los más pequeños para mejorar su presente y para que puedan desenvolverse en su futuro. Desde que empecé a trabajar supe que estaba en el sitio correcto. Soy feliz en mi trabajo.

"La escuela en casa ayuda a normalizar la vida de los niños enfermos y crea una expectativa de futuro"

¿Cuáles han sido tus principales destinos?

Cuatro años de interina y nueve de provisional me llevaron a trabajar en Pamplona, Manzanera, Sástago, Gallur, Ibdes, Borja, CRA de San Mateo, Aguarón, Juslibol, Calanda... Cada maestro de la escuela pública puede escribir un libro con su recorrido profesional.

¿Cuándo empezaste a trabajar en Atención Domiciliaria?

Mari Mar Fraj, en el CEIP Recarte y Ornat de Zaragoza
Mari Mar Fraj, en el CEIP Recarte y Ornat de Zaragoza
Francisco Jiménez

En el año 2000, Aragón convocó plazas para este programa, presenté proyecto y tras una entrevista, me adjudicaron una plaza.

¿Quiénes componéis el equipo?

El equipo de Atención Domiciliaria empezó con tres personas: Lino de Miguel, Carmen Burillo y yo. Ellos ya se han jubilado, pero seguimos teniendo una gran relación. En la actualidad somos cuatro profesores: Esther Nieto, Jesús Echeandía, Aurora Sánchez y yo. Cada uno de nosotros sabe que puede contar con los demás. Compartimos los momentos duros, que los hay, pero también los buenos momentos que son muchos.

"La coordinación entre sanidad y educación tranquiliza y crea esperanza"

¿En qué consiste tu trabajo?

Cuando empezamos una atención, nos ponemos en contacto con las familias y con los centros de referencia de los alumnos. Con las familias nuestra labor es tranquilizarlas ante la preocupación por el presente y el futuro académico de sus hijos. Con el colegio intercambiamos información. Establecemos el plan de trabajo del alumno que será lo más paralelo posible al trabajo de sus compañeros del aula. Cuando el alumno puede volver al centro, elaboramos un plan de reincorporación.

¿Cuántas horas trabajas con cada niño?

Consideramos necesarias hora y media diaria, como mínimo, en los primeros cursos de primaria y dos horas en 5º, 6º de primaria y en secundaria. Oficialmente no hay nada establecido. Reivindicamos ese mínimo basándonos en la experiencia de muchos años. Es muy importante que cuando la demanda del servicio supera el número de alumnos que podemos atender, la Administración dote al equipo de más recursos humanos.

"Entramos en sus casas en un momento en el que son muy vulnerables"

¿En una hora y media trabajáis todas las asignaturas?

Así es. Priorizamos las instrumentales y troncales. Ayudamos al alumno a planificar el trabajo, resolvemos dudas, explicamos contenidos difíciles de afrontar, hacemos exámenes y dedicamos momentos al juego con los más pequeños. También cuidamos el aspecto emocional del niño y de la familia.

¿Qué representa la escuela para estos chicos?

Mari Mar Fraj, en clase de atención domiciliaria, ahora ‘online’ por la pandemia, con uno de sus alumnos y su madre
Mari Mar Fraj, en clase de atención domiciliaria, ahora ‘online’ por la pandemia, con uno de sus alumnos y su madre
Francisco Jiménez

El colegio vertebra el día a día de todos los niños. Ahí se socializan, descubren y aprenden. La enfermedad rompe esa vertebración, siembra el caos. La escuela en casa ayuda a normalizar sus vidas y crea una expectativa de futuro. Cada vez que hacemos una tarea escolar, le estamos diciendo al alumno que lo que está viviendo es un paréntesis en su vida, que pasará y saldrá más fuerte. La coordinación entre sanidad y educación tranquiliza y crea esperanza.

Supongo que se establece un vínculo muy especial con ellos…

Sí. Es inevitable y hermoso. Se crea una gran complicidad. Hay momentos de trabajo y regañinas. Los acompañamos en su malestar físico o en su miedo. Escuchamos, sostenemos y si es necesario compartimos con la familia. Es un trabajo muy cercano al alumno. Entramos en sus casas en un momento en el que son muy vulnerables. Cada familia es especial y cada alumno es único. Conocerlos y tener el privilegio de disfrutarlos es una de las mejores cosas que me pasan cada día.

Habrá momentos para el juego y la risa…

¡Ya lo creo! Yo, que no entiendo nada de fútbol, ha habido cursos que he llevado la clasificación de la Liga al dedillo porque he tenido alumnos muy futboleros. He aprendido mucho de música actual, de series, he jugado a peluquerías o al escondite por toda la casa.

"Compartimos los momentos duros, que los hay, pero también muchos buenos"

Desde hace diez años, también trabajas en el Hospital Clínico con chicos que padecen trastornos de conducta alimentaria. ¿En qué consiste tu trabajo?

El Hospital Clínico alberga la única Unidad específica de Trastornos de Conducta Alimentaria (UTCA) de Aragón. En el Equipo, además del personal sanitario, hay una profesora que en este momento soy yo. Este trabajo no tiene nada que ver con el que desarrollo en Atención Domiciliaria. A los pacientes les proporcionamos estrategias para afrontar la ansiedad y el estrés que provocan los estudios y que influyen negativamente en el tratamiento. En las entrevistas conmigo tienen la oportunidad de verbalizar qué les agobia, les paraliza, les asusta... Aportamos un poco de luz en lo que ellos perciben como un túnel que a veces los lleva a querer abandonar. También trabajamos con los centros educativos. Mediamos, creamos un puente entre docentes y sanitarios. La figura del profesor debería existir en todas las unidades de Psiquiatría Infanto-Juvenil, en ellas tratan a personas que están en las aulas ordinarias de nuestros centros y que tienen serios problemas académicos y sociales.

¿Crees que es necesaria una formación especial para dar respuesta a las necesidades de estos niños?

Sí. A todos los profesores que trabajamos en el ámbito sanitario nos hubiera venido muy bien. Nos hemos autoformado leyendo, participando en seminarios y asistiendo a congresos y charlas. Sería positivo que se incluyera una asignatura en Magisterio y en el máster de secundaria para formar a futuros profesores y maestros.

Cuando no se puede ir al colegio

Las escuelas son lugares proyectados al futuro. Los niños cuentan la vida en cursos y en la escuela conocen el valor de la amistad, sienten que pertenecen a un grupo, se apropian de algunas herramientas que les permitirán entenderse y comprender el mundo… Si los niños están enfermos y no pueden ir al colegio, ponemos todos los medios a nuestro alcance para que puedan continuar su escolarización. Cuando un niño no puede ir a la escuela, un polinomio, un dibujo, una redacción, una regla ortográfica, los números primos, los afluentes del Ebro, un siete en música o las características del clima mediterráneo se convierten en un dique contra la tristeza, una forma de conjugar en todos sus tiempos y modos la esperanza. Cuando no pueden asistir a clase, los niños aguardan impacientes el momento en el que la maestra llega a sus casas. Entonces se hace un paréntesis en las rutinas impuestas por la enfermedad. Durante dos horas volverán a preocuparse por los deberes, las lecturas, los ejercicios, las fichas, los nervios del examen y serán felices cuando reciban las felicitaciones de la maestra... El sentimiento que cada día anida en sus corazones al convertir el salón de su casa o su habitación en su escuela es siempre el mismo: tus compañeros y tus profesores piensan en ti, te recuerdan y te esperan.

El Programa de Atención Domiciliaria del Departamento de Educación del Gobierno de Aragón es nuestra manera de dar respuesta al derecho a la educación de unos niños que son niños por encima de cualquier circunstancia temporal. En el año noventa yo era maestro en el Colegio Público Hermanos Marx de Zaragoza. Teníamos un niño matriculado en el centro que no podía venir a clase. La situación se resolvió por el compromiso individual de un maestro, Delfín Orós, que acudía voluntariamente a casa de nuestro alumno para llevarle las tareas, para hacer de puente entre la escuela y la familia. Una década después, se implantó el Programa de Atención Domiciliaria, un proyecto que sostenemos entre todos nosotros y que nos hace mejores como sociedad.

Por: Víctor Juan. Director del Museo Pedagógico de Aragón y profesor de la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación de la Universidad de Zaragoza.

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