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Pollería San Pablo: la gente se vuelca con la tasca del barrio

Después de tres años de actividad, Pablo Soler y Raúl Posac traspasaron el negocio a dos clientes habituales, Celia Peruga y Alberto Nasarre. Fue en julio de 2020, en plena pandemia.

Pollería San Pablo, una tasca en el Gancho.
Pollería San Pablo, una tasca en el Gancho.
Camino Ivars | Ca

La Pollería San Pablo es, sin duda, uno de los bares ‘de moda’ de la zona del barrio zaragozano del Gancho. Al menos, lo era antes de la llegada de la pandemia, en la que sobrevivir se ha convertido casi en la única alternativa. Un establecimiento ubicado en el local del que hasta 2011 fue uno de los negocios más antiguos del barrio, una pollería, en la que hoy, a pesar de que mantiene la estética y estructura originales, se puede disfrutar de una caña o un vino, una amplia variedad de tapas y raciones, o de sus famosos bollitos.

Su apertura se remonta al año 2017 de la mano de Pablo Soler y Raúl Posac, quienes, en julio de 2020, cedieron el testigo a una pareja de clientes habituales con ganas de emprender, Celia Peruga y Alberto Nasarre, naturales de Monzón

“Somos vecinos del barrio y veníamos casi a diario desde sus inicios. Hemos apostado por mantener la esencia de una tasca de barrio, pero apostando por el laterío, las conservas y nuestras propias creaciones en formato ‘street food’”, explica Peruga, que ha trabajado como cocinera durante varios años.

Pollería de San Pablo, una tasca en el Gancho.
Celia Peruga y Alberto Nasarre, en su tasca Pollería de San Pablo
Camino Ivars

Un lugar único situado en el corazón de uno de los barrios con más historia de la ciudad. “Nos gustaría reivindicar la zona por algo más que los conflictos, hay muchas cosas buenas y gente intentando cambiar esta realidad”, admite la hostelera.

Apostando por mantener la estética original de la pollería, al acceder al establecimiento, en el que destacan el rótulo exterior pintado a mano, la puerta de madera y los azulejos originales de la época, en lugar de una barra nos recibe una vitrina de charcutería en la que, en lugar de carnes, encontramos latas de conserva, bocadillos y una amplia variedad de viandas para todos los gustos.

Actualmente, y mientras esperan a la modificación de las medidas que prohíben el uso de zonas interiores en los establecimientos de hostelería -en su caso el local admite hasta 21 personas- se han visto obligados a salir adelante con el 50% de una terraza de dos mesas -es decir, una- y el formato ‘take away’. “Lo único bueno de todo esto es que, siendo en medio de la pandemia, ya sabíamos a lo que veníamos”, reconoce Peruga.

Tras un verano marcado por las subidas y bajadas constantes de clientela y, sobre todo, la incertidumbre y el cambio de medidas, aseguran que, aunque no pierden los ánimos, las cosas se han ido complicando con el paso de los meses: “Estamos tirando con los pedidos en el local, pero la verdad es que no salen las cuentas porque tenemos unos precios muy ajustados y no podemos permitirnos el envío a domicilio”.

Pollería de San Pablo, una tasca en el Gancho.
Celia Peruga y Alberto Nasarre, en el mostrador de su bar que se mantien como cuando era pollería
Camino Ivars

Además de adaptar la carta a este formato ‘de moda’ -aunque en la mayoría de los casos haya sido impuesta- también han optado por tratar de sorprender cada semana con nuevas creaciones. “Con el montón de oferta que hay ahora es importante llamar la atención de la gente, y, sobre todo, volcarse en las redes sociales para intentar darse a conocer”, admite la cocinera. Eso sí, asegura que como el boca-oído no hay nada.

Solidaridad en tiempos de covid

“La mayor suerte que tenemos es que desde el minuto uno la gente del barrio se está volcando con nosotros, y si seguimos es porque no nos han dejado de lado”, admite Nasarre, que también destaca la solidaridad de “los pocos bares que quedan en la zona”.

Como explican los emprendedores, la calle San Pablo llegó a contar con varios establecimientos hasta hace unos meses, pero fueron cerrando poco a poco. “Ahora estamos menos, pero nos echamos una mano”, relata. Eso ocurre con sus vecinos del bar Gilda, desde donde envían a quienes esperan a recoger su comida a tomar una caña a la Pollería. “También nos recomendamos el uno al otro a través de las redes, según los gustos de la gente”, añade.

Pollería de San Pablo, una tasca en el Gancho.
Celia Peruga prepara un bocadillo en la Pollería de San Pablo.
Camino Ivars

Nacidos en la pandemia

Y es que, en los últimos meses, y según los datos que manejan de sus antecesores, la clientela se ha reducido en torno a un 75%. “Incluso en invierno estaba lleno, aquí siempre ha habido mucho ambiente”, lamentan. Eso, unido a la falta de ayudas al sector y a los cambios continuos en las medidas adoptadas, les ha provocado vivir situaciones complicadas: “Es cierto que veníamos preparados para una situación difícil porque hemos nacido en la pandemia, pero ahora mismo nuestra casa depende de este negocio y de lo que hagamos con lo que tenemos. Ahora no hay marcha atrás”.

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