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Tercer Milenio

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Aniversario

La matemática zaragozana María Andresa Casamayor se multiplica 300 años después de nacer

A los 17 años publicó su manual de Aritmética, pero cayó en el olvido incluso su verdadero nombre. Ahora, 300 años después de su nacimiento en Zaragoza, la figura de la matemática María Andresa Casamayor se refleja en un documental, un sello y la reedición de su libro.

Segunda edición del 'Tyrocinio arithmetico, Instrucción de las quatro reglas llanas’, de María Andresa Casamayor, ahora, editado por la Universidad de Zaragoza, con el apoyo de la Biblioteca Nacional y el Instituto Aragonés de la Mujer
Segunda edición del 'Tyrocinio arithmetico, Instrucción de las quatro reglas llanas’, de María Andresa Casamayor, ahora, editado por la Universidad de Zaragoza, con el apoyo de la Biblioteca Nacional y el Instituto Aragonés de la Mujer

En la portada del libro que escribió no aparece su nombre por ningún lado. Firma el ‘Tyrocinio arithmetico, Instrucción de las quatro reglas llanas’ Casandro Mamés de la Marca y Arioa. Es nombre de varón, pero encierra el de la verdadera autora al ser un anagrama de 29 letras que, una vez reordenadas, deja leer: María Andresa Casamayor de La Coma.

En los últimos dos años, del mismo modo que se desenredan las letras de un anagrama, la historia de esta zaragozana se ha ido desentrañando y, tirando del hilo, se han ido añadiendo nuevos datos a la vida de la artífice del primer libro de ciencia que conocemos publicado por una mujer en España. Gracias a esa investigación, podemos celebrar mañana, 30 de noviembre, el 300 aniversario de su nacimiento en Zaragoza. Todo empezó con una llamada de teléfono.

"Me encontré con ella documentándome para un programa especial de ‘En ruta con la ciencia’ con motivo del 11F, Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia", recuerda Mirella Abrisqueta. En un artículo halló cuatro datos sobre Casamayor, suficientes para entender que "se merecía un documental, investigar sobre ella y darla a conocer. Mujer, científica y aragonesa: lo tenía todo", pensó. Y descolgó el teléfono para buscar alguien que asesorara y se ocupara de los contenidos, mientras Sintregua Comunicación se encargaba de la producción. Al otro lado estaba Pedro J. Miana, investigador del Instituto Universitario de Matemáticas y Aplicaciones (IUMA) de la Universidad de Zaragoza, a quien le "sonaba el nombre, había leído algo sobre ella y me lo tomé casi como una investigación matemática, con ese miedo atroz, cuando empiezas, a no encontrar nada". Pero nada más lejos de la realidad, datos cruciales se irían revelando y también elementos inesperados. Gota a gota, y en paralelo a la realización del documental, la nueva información traería consigo unas veces alivio y otras, desesperación.

El proceso "fue un poco complicado porque los tiempos del audiovisual son más rápidos que los de la investigación", reconoce Abrisqueta. Trabajaban en paralelo y cuando Miana o su compañero en el IUMA Julio Bernués, que pronto se sumó a la empresa, les comunicaban alguna novedad relevante, buscaban la manera de integrarla en el guión. "Era un sufrimiento" para el equipo de producción del documental, pues "hasta el último día se estuvieron produciendo hallazgos".

Rodaje del documental ‘La mujer que soñaba con números’, dirigido por Mirella Abrisqueta.
Rodaje del documental ‘La mujer que soñaba con números’, dirigido por Mirella Abrisqueta.
Sintregua Comunicación

Una duda gigante

Para empezar, "yo tenía una gran preocupación: ¡a ver si resulta que no es aragonesa!", se inquietaba la realizadora. Era "una duda muy razonable", asegura Miana. "No aparecía la partida de nacimiento y dudábamos de que fuera aragonesa porque su padre era francés y en aquellos tiempos convulsos pudo haber huido temporalmente de la Zaragoza justo cuando ella nació. Había que comprobarlo".

En el Archivo Histórico del Pilar estaba la prueba de que era zaragozana: la anotación de su bautizo

Por eso el momento más deseado fue dar con la partida de bautismo de Casamayor. Se sabía que sus padres se habían casado en la entonces llamada iglesia del Pilar y que alguna de sus hermanas fue bautizada allí, así que fueron al Archivo Histórico del Pilar a consultar los libros de bautizos, año a año, pensando que había nacido a comienzos del siglo XVIII. "No aparecía por ningún lado". Entonces "nos dimos cuenta de que una hermana suya, Valeria, había nacido el día de San Valero", así que pensaron que si se llamaba Andrea –como aparecía en todas las referencias hasta entonces–, tenía que haber nacido el día de san Andrés. Con el tiro más definido, sus pesquisas se centraron en torno al 30 de noviembre de cada año, hasta que en 1719 se acabaron el tomo. En el primer año del siguiente, 1720, estaba la prueba de que era zaragozana, la anotación de su bautizo el 1 de diciembre. 

Pero en aquel documento había algo más: la ese perdida de su verdadero nombre, María Andresa. Bernués regresó al anagrama del ‘Tyrocinio’ y lo recompuso, comprobando que las letras de su nombre, barajadas para componer Casandro Mamés de la Marca y Arioa, solo encajan con la ese de Andresa.’

El apunte de bautismo hallado en el Archivo Histórico del Pilar confirma que nació en Zaragoza el día de san Andrés, 30 de noviembre, de quien tomaría el nombre, y es bautizada al día siguiente, 1 de diciembre de 1720, como María Juana Rosa Andresa Casamayor de La Coma. Hija de Juan Joseph Casamayor, natural de Oloron, y de Juana Rosa de La Coma, de Zaragoza.
El apunte de bautismo hallado en el Archivo Histórico del Pilar confirma que nació en Zaragoza el día de san Andrés, 30 de noviembre, de quien tomaría el nombre, y es bautizada al día siguiente, 1 de diciembre de 1720, como María Juana Rosa Andresa Casamayor de La Coma. Hija de Juan Joseph Casamayor, natural de Oloron, y de Juana Rosa de La Coma, de Zaragoza.

"Habían pasado casi trescientos años sin saber dónde había nacido y su nombre estaba mal escrito", destaca Bernués, quien cree que no se había mirado en profundidad en los archivos. Evidentemente, el personaje no había despertado interés.

Pero esta sorpresa era una verdadera faena para el documental que rodaba Abrisqueta desde hacía nueve meses. "Fue un momento desesperante. Ya teníamos grabadas casi todas las entrevistas y todos los expertos la llamaban Andrea –como la cita el bibliógrafo Félix Latassa– porque nadie sabía hasta ahora que realmente se llamaba Andresa", expone. Dar con una solución –en forma de voz en off– fue "lo más complicado de todo".

Su año de nacimiento desveló también la edad con que publica su manual de aritmética: 17 años

Su año de nacimiento desveló también la edad con que publica su manual de aritmética: en 1737 tenía 17 años. Una edad temprana pero que debemos poner en un contexto en que las niñas casaban a los 14 años o antes. Algo que nunca hará María Andresa. Con la muerte de su padre, un rico comerciante, "su destino se decide porque el sustento familiar desaparece", señala Miana. No siguió el camino trazado para las mujeres de aquella época: casarse o entrar en la iglesia, sino que trabajó para ganarse la vida. Miana incluso conjetura con que la publicación de su manual fuera en cierto modo "una carta de presentación para dedicarse a enseñar". Porque, en esta investigación impulsada por un documental, fue bonito descubrir también que Casamayor fue maestra de niñas.

Queda constancia de ello gracias a que, relata Bernués, "el Ayuntamiento saca una normativa y obliga a las maestras a mandar un memorial para darles permiso para enseñar". En el listado con los nombres de las diez maestras autorizadas a ejercer está María Casamayor. Ella no llega a mandar el memorial porque para entonces ya ha fallecido, el 23 de octubre de 1780. Este documento conservado en el Archivo Municipal de Zaragoza nos dice también que enseñaba en el ‘Seminario Viejo’, en la desaparecida plaza del Reyno. Este edificio fue la primera sede de la Real Sociedad Económica de Amigos del País; bucear en la posible relación que pudiera tener con nuestra matemática es para Bernués una vía de continuidad de la investigación, así como rastrear los testamentos, por ahora no encontrados.

Según el censo de población de Zaragoza de 1766, vivía sola en una casa de la calle Palomar, actual calle del Doctor Palomar, que aún existe actualmente. Junto a su dirección, se lee «Andresa Casamayor, no paga», por su condición de maestra.
Según el censo de población de Zaragoza de 1766, vivía sola en una casa de la calle Palomar, actual calle del Doctor Palomar, que aún existe actualmente. Junto a su dirección, se lee «Andresa Casamayor, no paga», por su condición de maestra.
‘No te lo vas a creer, tenemos la casa de María Andresa y está en pie’, y le mandé la foto"

Como maestra a sueldo de la ciudad, el Ayuntamiento le proporcionaba una casa donde vivir. Dar con ella fue para los investigadores "el momento más emocionante". Explorando el censo municipal de 1766, "con sus dos mil y pico casas, con sus habitantes y situación", Bernués revisó el barrio del Pilar, donde vivía su hermano, "iba perdiendo la esperanza de encontrarla, pero, buscando a sus primos, miré el barrio de la Magdalena y allí apareció: ‘calle Palomar. María Casamayor, no paga’. Vivía sola y alguien pagaba su casa y daba la localización exacta de su casa". Google Maps le completó el regalo: aquella casa del XVIII, con la fachada herida por la Guerra de la Independencia, existe. "Llamé a Pedro inmediatamente y le dije: ‘No te lo vas a creer, tenemos la casa de María Andresa y está en pie’, y le mandé la foto".

Julio Bernués y Pedro J. Miana, ante la casa donde vivió María Andresa.
Julio Bernués y Pedro J. Miana, ante la casa donde vivió María Andresa.
Javier Belver

Encajando piezas

"Había que llenar los huecos de su historia", señala Mirella Abrisqueta, y algunos se colmaron con ficción en el docudrama ‘La mujer que soñaba con números’, que se ofrece en Aragón Televisión el próximo viernes, pero unos cuantos se nutrieron de información nueva: dónde y cuándo nace y muere, qué edad tenía cuando publicó su libro, a qué dedicó su vida, dónde vivió. "La investigación paralela ha sido fundamental para este trabajo, le da fuerza, credibilidad", reconoce la realizadora. En el camino ha conocido a una mujer "independiente, luchadora, inteligente, rebelde a su manera". Más adjetivos se añaden en cascada. Para Miana es "una mujer libre, que hace lo que tiene que hacer, la universalidad de sus valores la hace muy actual y consigue que estemos de acuerdo y simpaticemos con ella". Bernués resalta "su singularidad para la época: publica un libro, investiga en matemáticas, no se casa y vive de su trabajo; mantiene su manera de pensar, ella sola, toda la vida".

¿Por qué firma con nombre de hombre? Marta Macho, profesora de la Universidad del País Vasco experta en mujer y ciencia, entiende que "porque era inteligente y sabía que, en otro caso, nadie publicaría su propuesta de transmitir esas matemáticas. Esto es propio de mujeres, anteponer la transmisión del conocimiento (u otras muchas causas) al reconocimiento personal". 

Tras años de invisibilidad, ahora María Andresa Casamayor existe en la Wikipedia y desde la Real Academia de la Historia pidieron a los investigadores del IUMA un texto ya incluido en el ‘Diccionario biográfico español’. En junio, Correos le dedicó un sello, emitido en formato pliego premium, que abre una serie dedicada a ‘Mujeres en la ciencia’. Raquel Villacampa, subdirectora del IUMA, impulsó este tema, junto a Miguel Ángel Campo. Para ella, la figura de María Andresa, "autora de un libro de autoaprendizaje, para leer y aprender por uno mismo, tiene mucha fuerza para inspirar a otras mujeres".

El propio planteamiento de su obra da fe de "un pensamiento adelantado a su época: en favor de una educación para todos"

Un pensamiento moderno

Algunos historiadores dicen que, desgraciadamente, los libros de matemáticas arden muy bien, que si tienes mucho frío y poco interés por la materia, da menos pena echarlos al fuego que otros. Esperemos que no sea esa la razón por la que tan solo ha llegado hasta nuestros días un ejemplar de la obra escrita por María Andresa Casamayor, el ‘Tyrocinio arithmetico, Instrucción de las quatro reglas llanas’. Se conserva en la Biblioteca Nacional, pero los investigadores Pedro J. Miana y Julio Bernués no pierden la esperanza de que haya algún otro en alguna biblioteca privada o pública, "aunque seguramente se editarían pocos ejemplares". Con motivo del 300 aniversario, volverá a las librerías gracias a la reedición que se presenta mañana lunes, abriendo una semana de actividades dedicadas a dar a conocer a esta zaragozana pionera. Pionera porque el propio planteamiento de su obra da fe de "un pensamiento adelantado a su época: en favor de una educación para todos", afirma Bernués. 

La Biblioteca Nacional conserva el único ejemplar del 'Tyrocinio arithmetico, instrucción de las quatro reglas llanas' de María Andresa Casamayor
La Biblioteca Nacional conserva el único ejemplar del 'Tyrocinio arithmetico, instrucción de las quatro reglas llanas' de María Andresa Casamayor

".. Y es que su fin, en esta Obrilla, solo es, facilitar esta instrucción a muchos, que no pueden lograrla de otro modo", escribe su censor. "Esa manera de pensar será la manera de pensar ilustrada –continúa Bernués–. Porque existían textos más amplios de matemáticas, en gruesos volúmenes más caros, pero este es un manual de aritmética, muy práctico, con las cuatro reglas y todos los trucos para cambiar de unidades de medida, para uso de comerciantes y fines educativos". Además, ella es la primera mujer en escribir un libro de ciencia en español del que se tiene constancia. "Esa labor de acercar ciencia poco comprensible a más personas la han realizado muchas mujeres a lo largo de la historia –señala Marta Macho–. Es poner el conocimiento al servicio del mayor número de personas, no solo de una elite que conoce la jerga técnica".

"De haberse publicado, las tablas de raíces de María Andresa habrían sido probablemente las primeras en ver la luz en España"

Pero no fue esta su única obra, se sabe que dejó otro manuscrito, del que no hay rastro, que deja ver sus cualidades matemáticas. "Es un libro que incluye tablas de raíces, que eran las calculadoras de la época para hacer operaciones rápidas sin usar el álgebra", destaca Bernués, para quien, "de haberse publicado, las tablas de raíces de María Andresa habrían sido probablemente las primeras en ver la luz en España".

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