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Aragón

EMPRENDEDORES

Un semáforo en las aulas para medir la necesidad de ventilación

La empresa InBiot, cofundada por la zaragozana María Figols, desarrolla aparatos que monitorizan el CO2 en los espacios cerrados e incluyen un algoritmo de probabilidad de propagación del coronavirus.

Alumnos con abrigos y bufandas en el centro de formación profesional Corona de Aragón.
Alumnos con abrigos y bufandas en el centro de formación profesional Corona de Aragón.
Toni Galán

“Llevábamos año y medio volcados en proyectos de innovación y salud en ambientes interiores. Justo entonces llegó la pandemia y nos dimos cuenta de que los dispositivos que ideamos para monotorizar la calidad del aire podrían ser útiles para combatir la propagación del virus”. María Figols, arquitecta zaragozana formada en La Almunia de Doña Godina, es una de las fundadoras de InBiot, una ‘startup’ tecnológica que diseña y fabrica dispositivos inteligentes para medir la calidad del aire, que están en boca de todos desde que comenzó el curso escolar. Ahora que arrecia el invierno y que los chavales ocupan el pupitre de clase con el plumas puesto, en su empresa han creado una maquinita capaz de señalar cuándo y cuánto hay que ventilar las aulas para no respirar un aire enrarecido.

“La situación de pandemia actual ha puesto de manifiesto la necesidad que ya existía de revisar la calidad del aire que respiramos en los espacios cerrados. No en vano, pasamos entre el 80% y 90% de nuestras vidas en interior (casas, trabajo, gimnasio, centros comerciales…), donde el aire está entre dos y cinco veces más contaminado que el exterior”, explican en la empresa que fabrica sus productos en Noáin (Navarra).

Los aparatos se llaman Mica (acrónimo de monitor inteligente de la calidad de aire) y “no solo miden la concentración de CO2 sino otros parámetros como la temperatura, la humedad relativa o las partículas en suspensión (PM 2.5) que -por explicarlo a grandes rasgos- es a las que suelen adherirse los virus”, cuenta Figols, directora de proyectos de InBiot. Una versión de estas máquinas, la llamada Mica Lite, se ha ideado pensando en los colegios y se ha ingeniado un sencillo sistema de interpretación. “Es como un semáforo con tres lucecitas. Si está en verde, los parámetros son los idóneos, si pasa a amarillo es que el aire comienza a contaminarse y el rojo indica que necesita renovación, esto es, que conviene ventilar”. ¿Durante cuánto tiempo? “Hasta que el aparato vuelve a brindar luz verde”.

María Figols, Xabier Aláez y Sergio Díaz, son los responsables de la 'startup'.
María Figols, Xabier Aláez y Sergio Díaz, son los responsables de la 'startup'.
Heraldo

Varios centros escolares de Zaragoza, públicos y privados, se han interesado por el invento, que ya se ha instalado en la sede de algunas entidades como el Colegio de Aparejadores de la capital aragonesa. “Empezamos instalando en viviendas, oficinas y enseguida se corrió la voz por el tercer sector. Se han presupuestados aparatos para centros de salud, teatros y sedes de asociaciones”, explican desde InBiot. En el caso de los colegios se tiene en cuenta el número de alumnos por aula, los metros cuadrados de la misma e, incluso, la edad y el curso de los estudiantes porque en función de su desarrollo cambian los ritmos de inspiración y espiración.

Explican los técnicos e ingenieros que gran parte de las aulas en las que se sigue dando clase en España están en edificios históricos o en colegios construidos en los años 70 y los 80, “antes de la entrada en vigor del RITE, esto es, el reglamentos de instalaciones térmicas”. En consecuencia, su salubridad no es la más adecuada, dado el que el ambiente acostumbra a cargarse y, antaño, no se ventilaba lo suficiente hasta que los chavales no bajaban al patio. Hoy, y con más motivo con la teoría del contagio por aerosoles, se siguen buscando estas corrientes de aire que gracias a la tecnología pueden controlarse. “Resulta paradójico que se imponga un protocolo estricto de uso de la mascarilla por parte del alumnado y el profesorado, pero que se incumplan los niveles mínimo de ventilación requeridos”, comentan.

El aparato diseñado por InBiot es de pequeñas dimensiones.
El aparato diseñado por InBiot es de pequeñas dimensiones.
Heraldo

“Lo importante para nosotros es que la monitorización sea continua, es decir, que no se haga una medición puntual porque los valores pueden fluctuar muy rápidamente y eso produce una sensación de falsa seguridad”, explica Figols, que cuenta con un máster en Bioconstrucción. El fuerte del trabajo de InBiot es el desarrollo de una plataforma en la ‘nube’ para transferir los datos y poder detectar en tiempo real las necesidades de ventilación de las aulas. “Los dispositivos no tienen display, pero puedes consultar los datos en el móvil, el ordenador, la tablet o proyectarlos, incluso, en pantalla pública en la entrada de un edificio”, explican. Los Mica abarcan unos 50 metros cuadrados de sala (en espacios abiertos puede llegar a los 200), su instalación es sencilla (solo precisan de alimentación eléctrica y red wifi) y su precio es de 260 euros, sin IVA. “También funciona la modalidad de renting, dado que hay quienes consideran que la pandemia se habrá superado el verano que viene si no hay nuevas mutaciones y funcionan las vacunas”, comentan.

El hecho de que un dispositivo indique cuándo es necesario abrir las ventanas de par en par puede ayudar también a mejorar otras patologías como el asma o las alergias, que se suelen agudizar con una mala ventilación. En ocasiones, las reticencias a ventilar más a menudo llegado el invierno se deben al miedo a aumentar los costes de calefacción, pero hay que recordar que Sanidad y el CSIC recomiendan seguir en los coles un mantra en cuatro pasos: reducir el tiempo de exposición en un espacio cerrado, ventilar, purificar el aire filtrándolo y, en aras de priorizar la salud, comprobar su calidad midiendo el CO2.

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