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Aragón

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Miedes, donde el vino nace y se hace

Bodegas San Alejandro, firma fundada en 1962, cuenta con 1.000 hectáreas de viñedo y hace valer su carácter diferencial, con la vista puesta en la innovación.

Con la uva ya a buen recaudo, la actividad es frenética en las naves de Bodegas San Alejandro, en Miedes de Aragón. "Ha sido un año que venía complicado, con lluvias intermitentes, granizadas, enfermedades como el mildiu que hacía mucho tiempo que no se daban, la pandemia… sin embargo, ya en el envero dio muestras de que iba bien, y hemos confirmado que finalmente ha sido bueno tanto en cantidad como en calidad", desgrana Yolanda Díaz, directora gerente de la compañía. Esta bilbilitana entró a formar parte de la empresa en 1997 para abrir el camino de la exportación, una vez que acabó su carrera en Estados Unidos.

"Mi idea era coger experiencia y seguir formándome, pero me encantó y cambié mis planes", reconoce. Cinco años más tarde pasó a estar al frente de la cooperativa y decidió saber más del sector. "No sabía nada de vinos. Empecé a formarme con un máster en Viticultura, Enología y Marketing del Vino y luego hice Enología. He ido profundizando, porque aunque no fuera estrictamente necesario ni quería ser la enóloga, creía interesante tener esos estudios, para entender a mis compañeros y participar de forma más profunda".

De entonces a esta parte, Bodegas San Alejandro ha logrado consolidarse en los mercados internacionales, y ha dado un cambio radical. "Quiero romper una lanza a favor de las cooperativas, porque normalmente han tenido mala fama. En nuestro caso, tenemos una junta rectora, pero no nos diferenciamos de una empresa privada", defiende. "Hemos invertido en talento que se ha podido mantener, porque el capital humano es esencial. Tenemos gente muy buena, comprometida y con inquietudes y ganas de experimentar, algo que nos ha hecho avanzar".

La base de la bodega la componen sus 200 socios y cerca de 1.000 hectáreas –300 de ellas, convertidas al cultivo ecológico este mismo año– repartidas entre Miedes y varios términos municipales de las comarcas de Calatayud y Daroca. "Se ha asentado población; la media de edad de los viticultores ha bajado, cuando aquí se dejaban las viñas no por falta de rentabilidad, sino porque no había una generación detrás", explica. Cuentan con una media de 24 trabajadores durante el año, a los que se unen otras 10 personas en momentos puntuales de campaña.

La capacidad de producción es de 4,2 millones de botellas, lo que la coloca a la cabeza de toda la Denominación de Origen Calatayud; buena parte sale al exterior. "Estamos en cuarenta países, tenemos el vino más vendido de Noruega y algunos están en el ‘top’ diez en Estados Unidos", alardea Díaz con orgullo. Para conseguirlo, llevan recorridos miles de kilómetros de ferias y contactos con importadores, de las más generalistas a citas especializadas.

A esos eventos no van con las manos vacías; se apoyan en variedades como macabeo, syrah, tempranillo y, naturalmente, garnacha. "Tenemos viñedos que se encuentran a 1.100 metros; en el caso de la reina de la zona, la garnacha, esa altura es una gran ayuda", destaca. La variedad de los suelos de arcilla y pizarra, el contraste de temperaturas y la antigüedad de los viñedos son los otros mimbres de su lema: "Distintos por naturaleza".stintos por naturaleza».

Amplio patrimonio, calles con encanto y entorno de gran atractivo

Entre todo el casco urbano de Miedes de Aragón destaca su gran torre fortificada, exenta de la iglesia de San Pedro Apóstol. Se trata de un torreón de sillería; el templo está enclavado dentro del mudéjar. Por lo que respecta a la distribución del pueblo, tiene una clara raíz musulmana y en origen estaba amurallado y apiñado alrededor de su castillo. 

En época moderna se extendió hacia el llano, con nuevas plazas y calles; hay edificios singulares, como el del Ayuntamiento y su arco anexo, adarves, callizos, fachadas y portadas mudéjares. 

En su entorno más inmediato, en la zona de la Magdalena, hay un paraje natural que llama la atención: el llamado Lagar de las Zorras, una sima de unos 30 metros de profundidad originada por el agua de lluvia. A ello se suma el efecto de la erosión en los altiplanos del Campo del Rato y el Campillo, con las cárcavas como figura de referencia.

Casa Ros, tradición y calidad artesanas que asientan población

"¿Nuestra base? Tradición, calidad, profesionalidad y buen trato", sentencia Pilar Hernández; junto a sus socios Fernando y Antonio, puso en marcha Cárnicas Ros en 2013. "Venimos de familias de matachines y mondongueras, por lo que todos esos conocimientos de nuestros antepasados los traemos incorporados", revela esta emprendedora que ríe al hablar de sus "ocho apellidos miedesinos".

Casa Ros tiene su cuartel general en el centro de la localidad. De contar solo con el obrador y el mostrador en el municipio, han pasado a abrir un canal de venta por internet, brasaysal.com, amén de servicio de reparto a domicilio y un puesto en el mercado Cruce de Caspe de Zaragoza, muy cercano a la confluencia entre la avenida de Madrid y vía Univérsitas. "Siempre andamos investigando para crear productos lo más artesanales posibles, y siempre en fresco", explica Pilar Hernández. Cuentan con productos al corte y más de 50 elaborados propios, de cachopos a ‘fingers’, morcilla, fardel, longaniza y güeñas.

En estos siete años, remarca Hernández, han crecido mucho. Además de los tres socios, Casa Ros da trabajo fijo a otras cinco personas y algunos eventuales. "Todos vivimos aquí y eso se traduce en más niños en el colegio, más horas de médico, interés por alquilar viviendas… queremos crear un beneficio y que se quede en el pueblo, aunque también necesitamos un respaldo".

A pesar de la incertidumbre generada por la pandemia, los tres socios tienen en mente planes de crecimiento, a pesar de la actual situación derivada de la pandemia. Las ideas no faltan, pero toca ser prudentes y asentar lo conseguido. "Aquí prima siempre la calidad –concluye Pilar– y no hacemos nada congelado; hay que dar el mejor producto posible".

Miedes

Comarca. Comunidad de Calatayud.

Cómo llegar. El camino más sencillo desde Zaragoza, su capital de provincia, transcurre a lo largo de 90 kilómetros. Se trata de tomar la autovía A-2, hasta la salida 242 dirección Marivella. Tras un par de minutos por la antigua N-II, se toma el cruce de la A-1504.

Las tradiciones. En un proyecto de la Asociación Cultural Grío se recogieron fechas señaladas en la localidad. Entre ellas estaba la conocida como ‘pagar la yara’; al comprar una mula, yegua, tractor o casa, el comprador asumía el compromiso de invitar a sus amigos a una merienda.

El callejón de la Traición. La princesa Leonor, alojada en el castillo de Miedes, fue asesinada en este callejón por una flecha de sus hermanos, lanzada desde lo alto de la torre.

Servicios. Cuenta con el casino local, en el que se presta el servicio de bar, además de estanco, tiendas de alimentación, empresas de construcción, panadería, farmacia y taller de reparación de cerrajería y maquinaria. También hay una gran actividad asociativa.

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