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Una PCR como regalo de Navidad: ¿una buena idea o un completo disparate?

Los expertos recelan de una cuestionable moda y advierten de que la prueba es una foto fija que no garantiza que no se produzcan contagios. La limitación de reunión a 6 personas y el toque de queda amenazan con deslucir las celebraciones navideñas.

Un profesional sanitario en el momento de hacer una PCR.
Un profesional sanitario en el momento de hacer una PCR.
José Miguel Marco

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, dijo hace unas semanas que el mejor regalo de Navidad sería una vacuna contra el coronavirus. Mientras esta acaba de llegar -si nada se tuerce podría distribuirse el primer semestre de 2021-, muchas familias han recurrido a una idea, que a unos parece brillante y a otros, disparatada: hacer una PCR como regalo de Navidad para poder celebrar las fiestas sin sobresaltos. La ventaja es que, en principio, uno podría tener la conciencia tranquila de que su mesa de Navidad es ‘covid free’ y que no se contagia a nadie durante el recital de villancicos. El inconveniente es que este regalo puede generar una falsa sensación de seguridad porque nada garantiza que, si uno se hace la prueba el día 22, para Nochebuena no pueda haberse contagiado.

"La población tiene que ser consciente de que una PCR no te segura al cien por cien que no estés contagiado: hoy te puede dar negativo y en dos días haber cogido el virus", explica Concha Ferrer, presidenta del Colegio Oficial de Médicos de Zaragoza, que recuerda que estas pruebas "deben ser prescritas por un médico y realizarse en el entorno asistencial adecuado, con garantías de coordinación y un diagnóstico clínico". De hecho, desde el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos consideran que hacerlas sin previsión ni criterio pueden generar “más confusión entre la población y una mayor sobrecarga en los centros de Atención Primaria” porque, como es sabido, un resultado positivo ha de comunicarse al centro de salud correspondiente.

Otro hándicap de tan singular regalo es que solo se puede recurrir a este tipo de pruebas por la Sanidad privada, lo que genera desigualdades y el coste de los test no es del todo asequible. Aunque depende de la mutua, los precios de los PCR varían entre los 100 y los 170 euros, cifra que hay que multiplicar el por número de miembros de la familia… Más económicos y rápidos, pero también menos concluyentes, son otro tipo de test como los serológicos o los de antígenos (rondan los 50 euros), cuyo resultado está disponible en unos minutos.

En Zaragoza hay una docena de centros médicos que hacen este tipo de pruebas algunos sin necesidad de informe médico e, incluso, sin cita previa. En estas mutuas reconocen que en las últimas semanas han aumentado sus consultas, aunque atribuyen la mayor actividad a la nueva embestida del virus en Aragón y no tanto a los previsores regalos de adviento. No obstante, muchos de los reclamos publicitarios de estos centros sí ponen el dedo en la yaga con eslóganes como: “¡Saber que no puedes contagiar a los tuyos es la mejor forma de estar tranquilo!”. Una de las motivaciones principales para hacerse el test, según los profesionales, es “poder reunirse con los mayores sin miedo al contagio” e, incluso, los sanitarios saben de casos en los que es la propia persona mayor la que se ofrece en ‘financiar’ las pruebas con tal de no verse aislado. Otra variable es la de los hijos que viven en el extranjero y tenían previsto regresar a casa por Navidad. Desde el 23 de noviembre se les va a exigir un PCR en los aeropuertos a los procedentes de “países de riesgo” (casi todos) y, en este caso, suelen ser los sufridos padres los que asumen el gasto.

Aunque pueda discutirse con los cuñados, las cenas de Navidad “generan satisfacción, bienestar y reafirman la unidad de grupo” 

El buscar seguridad mediante pruebas PCR es un fenómeno que ya se dio el verano pasado, cuando algunos ‘urbanitas’ quisieron ir al pueblo pero con garantías de que no llevaban la enfermedad para no ser mal vistos. También en algunas de las escasas bodas o comuniones celebradas los últimos meses se incluía como recomendación a los invitados. No obstante, para el sociólogo Juan David Gómez “la Navidad es la fiesta familiar por excelencia” y es poco comparable a otras fechas señaladas y ya suspendidas como la Semana Santa, las vacaciones de verano o las (no) fiestas del Pilar.

En la cultura mediterránea las comidas y cenas navideñas sirven para “reafirmar la unidad del grupo” y vienen a ser nuestros “rituales modernos”. Además, aunque pueda discutirse con los cuñados, “estos encuentros generan satisfacción y bienestar”, afirma Gómez, al tiempo que señala que “en las encuestas del CIS lo que más feliz nos hace es la familia, la salud y el trabajo. Los dos últimos elementos se nos han caído en esta crisis sanitaria, con lo que solo nos queda el refugio familiar”. Bromea el profesor universitario con que no le gustaría estar en la piel de quien decida las restricciones de aquí a cinco semanas y augura unas celebraciones atípicas cuando no traumáticas ni no hay una mentalización previa y prosiguen las severas restricciones.

Desde el Gobierno de Aragón explican que aún es pronto para saber qué limitaciones existirán dentro de un mes, cuando ya se haya colocado el Belén y se consuman polvorones. En el área de Sanidad, que capitanea la consejera Sira Repollés, repiten como un mantra aquello de que “será la situación epidemiológica y sanitaria la que determine que se quiten o pongan medidas”. Es cierto que en las últimas fechas los datos se han ido estabilizando y son esperanzadores, pero en el Ejecutivo temen que levantar el pistón ahora pueda ser contraproducente. Recuerdan, no obstante, que los cierres perimetrales de las capitales -si no se prorrogan- concluirían la semana que viene y que el toque de queda actual está vigente hasta el próximo 30 de noviembre. Aún con los cotillones cancelados, ¿tendría sentido un Fin de Año con un encierro doméstico obligado a las once de la noche? El mismo Javier Lambán aseguró ayer en una entrevista que la intención de su gobierno es “salvar la Navidad” porque “sería un desastre económico quedarse sin puente ni Navidades en el Pirineo”.

"Hay que acompañar a los mayores en Navidad: protegerlos no es sinónimo de aislarlos"

Acaso el puente festivo de la Constitución sea una prueba de fuego para ver la evolución de los indicadores. El propio Fernando Simón, director del Centro de Alertas Sanitarias, afirma que son “cuatro días seguidos que nos pueden generar tantos problemas como la Navidad” y recela de los rebrotes como los que se dieron a los diez días del puente del Pilar. Un empeoramiento súbito de los datos sí podrían en jaque la Navidad, habida cuenta de que las reuniones familiares -donde acostumbramos a relajarnos- suelen ser fuente de contagios. De vuelta a los PCR como hipotético regalo, los profesionales sanitarios subrayan que una PCR aislada, sin contexto, da una información muy limitada por mucho que el resultado momentáneo sea negativo.

Sanitarios, sociólogos e, incluso, políticos sí piden hacer un esfuerzo para acompañar a los mayores en las fechas navideñas porque “protegerlos no significa que deban estar aislados”. “Hay pocas cosas que puedan dar más satisfacción a una persona mayor que estar con sus hijos y nietos. Es una época en la que se es mucho más sensible con los afectos y eso hay que saber cuidarlo”, comenta Juan David Gómez. "En resumen, estamos una época de pandemia y tenemos que actuar en consecuencia, con responsabilidad individual para asegura la salud colectiva", concluye Concha Ferrer.

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