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AGROALIMENTACIÓN

Las cifras de lo esencial

Un informe realizado por Caixa Bank Reseach detalla con datos y porcentajes el "excelente" comportamiento del sector agroalimentario en la pandemia.

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La industria aragonesa ha mostrado la fortaleza de sus ventas internacionales con crecimientos de la exportación superiores al 30%.
Aldelís

Siempre ha sido esencial, porque el sector agroalimentario -y en él se incluyen agricultores, ganaderos, pescadores, cooperativas e industria alimentaria, mayoristas, comercio minorista, distribución o logística- es el que se ocupa de las cosas del comer. Pero, la aparición de un desconocido virus (Sars Cov2), que ha provocado una pandemia (no se había vivido situación semejante desde hace un siglo), que obligó a declarar el estado de alarma (una facultad que otorga la Constitución y que únicamente se había utilizado en España solo una vez y solo un día como consecuencia del conflicto laboral protagonizado por Aena y los controladores aéreos) y que confinó (un concepto inhabitual hasta ahora en el vocabulario popular) a todos los españoles en sus domicilios durante dos meses, demostró el carácter esencial, estratégico y resilente que precisamente estaba defendiendo el sector en las calles unos días antes de aquel inolvidable 14 de marzo.

La agroalimentación dio una respuesta "excelente" a una preocupada sociedad que en los momentos previos al estado de alarma se lanzó al acaparamiento de alimentos. No solo garantizó el abastecimiento en un momento en el que la actividad en el país estaba paralizada y los ciudadanos no podían salir de sus hogares. Además demostró -y lo sigue haciendo- su flexibilidad y capacidad para adaptarse con rapidez a los cambios en los patrones de consumo: se hundió el gasto en los restaurantes, se dispararon las compras de alimentos en supermercados y en grandes superficies y tomó un protagonismo -que no se esperaba de momento- la adquisición de productos a través del comercio electrónico.

Todo este comportamiento ha quedado reflejado en cifras. Las recoge un informe sectorial realizado por Caixa Bank Research, en el que los datos confirman que "mientras la sociedad vivía perpleja el confinamiento provocado por la pandemia de la covid-19, el sector agroalimentario y toda la cadena de producción y distribución no solo continuó trabajando para que los mercados siguieran abastecidos, sino que demostró su fortaleza, ganó peso en la economía española y dejó patente su resiliencia en las exportaciones", destaca el documento, que incide en que además lo hacía en un momento en el que el mercado experimentaba todo un vuelco en los hábitos de consumo.

Eso explica que, en su conjunto, el agroalimentario ha sido uno de los menos afectados por la crisis, aunque haya subsectores que no han podido evitar el golpe que ha supuesto especialmente el cierre del canal Horeca. Explica que haya aumentado el peso del sector primario sobre el total de la economía y que la industria agroalimentaria sufriera en el segundo trimestre del año un retroceso mucho más suave que el conjunto de la actividad manufacturera. Y explica que la evolución del mercado laboral de este sector haya sido "relativamente favorable, con una menor destrucción de empleo y una menor proporción de trabajadores afectados por expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE)", señala el servicio de estudios de Caixa Bank.

Claro que la pandemia también ha dado lecciones al sector. Porque si algo ha demostrado la crisis sanitaria es que "las empresas más digitalizadas están mas preparadas para adaptarse a un entorno cambiante", señala el documento, que advierte de la necesidad de aprovechar las ventajas que ofrecen las nuevas tecnologías digitales "en todos los eslabones de la cadena alimentaria".

Durante los meses más duros del confinamiento, mientras el conjunto de la actividad caída de manera excepcional, el sector agroalimentario evolucionaba de forma "muy favorable, incluso contracíclica". Desde luego se lo debe a su condición de proveedor de bienes de primera necesidad para toda la población, pero también a su capacidad de respuesta en un escenario completamente nuevo, desconocido y desconcertante. Por eso, según las cifras del informe sectorial realizado por Caixa Bank Research, el valor añadido bruto del sector primario creció un 3,6% intertrimestral (6,3% interanual) en el segundo trimestre de este año, en el que también ganó peso en el conjunto de la economía española, al pasar del 2,7% con el que contribuía a la riqueza del país en 2019 al 3,8% que aportó en este ejercicio durante ese mismo periodo.

También son positivos los datos de la industria alimentaria. Entre abril y junio la producción manufacturera total -mucho más afectada por el confinamiento- cayó un 26,7% interanual. La caída de la fabricación de productos alimentarios era en este periodo mucho menos acusada, un 9,4%. Un descenso que ha ido recuperando hasta conseguir en el mes de agosto (último dato disponible) que el índice de producción industrial del sector de la alimentación fuera solo un 1,3% inferior al nivel precrisis.

Las cifras recogidas en el informe demuestran también cómo la industria alimentaria estuvo trabajando "prácticamente a pleno rendimiento" durante los meses más críticos de la pandemia. Lo dice su consumo eléctrico que apenas se redujo un 1% entre abril y mayo mientras se desplomaba un 16,3% en el conjunto de la actividad industrial.

El constante ritmo productivo del sector ha tenido reflejo en la evolución de su mercado laboral, en el que se ha evidenciado una escasa utilización de los instrumentos disponibles para contener la destrucción de empleo, entre ellos los ERTE.

Expedientes ha habido, porque a pesar de la buena marcha del conjunto de la industria alimentaria algunos subsectores no han podido escapar del zarpazo de la crisis que ha provocado el cierre del canal Horeca o la ausencia de turistas. Pero han sido los menos. El informe de Caixa Bank destaca que, en el mes de mayo, más de tres millones de trabajadores españoles por cuenta ajena (un 20,8% del total) estaban afectados por un expediente de regulación de empleo. Sin embargo, el porcentaje de asalariados en ERTE en el sector primario, dice el documento, fue tan solo del 0,5% (unas 4.000 personas) y del 11,8% en la industria agroalimentaria (frente al 18,3% en la manufacturera).

Y mientras en el conjunto de la economía el 43,7% de los trabajadores por cuenta propia se acogían a la prestación por cese de actividad (34,1% en la industria manufacturera), los autónomos del sector primario que acudieron a esta ayuda apenas alcanzaron el 3,5% del total. Además, la intensidad en el ajuste del empleo también ha mostrado claras diferencias. En el sector primario, el número de afiliados a la Seguridad Social retrocedió un 1,9% interanual en el segundo trimestre (un -4,4% en el total de afiliados) y en la industria agroalimentaria cayó un 2,4% (frente a un -3,7% en el conjunto de la industria).

Fuertes en el exterior

El comercio internacional no ha sido ajeno a una crisis sanitaria que no entiende de fronteras. Sin embargo, incluso en los momentos más duros de la pandemia, el sector agroalimentario español exhibió fortaleza en sus exportaciones, que crecieron entre abril y julio un 4,9% interanual. Muy vigorosas fueron las ventas internacionales de la actividad agraria (aumento del 6,3%), pero no se quedaron atrás las protagonizadas por la industria alimentaria (4,6%).

Estos datos contrastan con el retroceso que en ese mismo periodo se anotaba la exportación de bienes (-14,6%).

Es precisamente en las ventas internacionales en las que el sector aragonés ha mostrado músculo. Su comercialización en los mercados internacionales tomó ventaja hasta colocarse en el podio de las comunidades autónomas, con un incremento, destaca el documento, de nada menos que del 33,8%. Se lo debe a su especialización en carne porcina, que ha visto repuntar su demanda especialmente de países asiáticos y más concretamente de China. Porque las ventas al gigante asiático, segundo destino extracomunitario de exportaciones agroalimentarias españolas, prácticamente se han duplicado en los primeros siete meses de 2020, impulsadas por un alza del que el 216% de las exportaciones de carne de cerdo a este país, cuya producción continúa todavía muy afectada por la peste porcina africana.

Otra forma de comprar y gastar

El reto -superado con creces- del sector durante la pandemia no ha sido solo garantizar el abastecimiento a la población. Además, insiste el estudio de Caixa Bank, ha tenido que hacerlo mientras se producía un cambio en los patrones de consumo, que fue "radical" durante el confinamiento.

El gasto de los hogares en la restauración se desplomó (como no podía ser de otra manera) y los supermercados y grandes superficies se convirtieron en el lugar habitual para llenar la cesta de la compra sin tener que hacer varios desplazamientos.

Los datos de actividad de tarjetas en los terminales de punto de venta (TPV) de Caixa Bank evidencian que el gasto en alimentación en estos establecimientos creció cerca de un 50% interanual durante el estado de alarma. Aún más, en la semana entre el 9 al 15 de marzo -justo antes de que comenzara el duro confinamiento- el repunte llegó a ser del 90%, es decir, prácticamente se duplicaron las ventas facturadas con tarjeta respecto a la misma semana del año anterior. Y esta situación, señala el servicio de estudios de la entidad, "puso a prueba la capacidad de resiliencia y de adaptación de la cadena alimentaria a un incremento súbito de la demanda, pues en la historia reciente nunca se había visto sometida a un nivel de estrés semejante".

Su respuesta, señala, no pudo ser más "excelente", como lo fue para responder a un consumo creciente a golpe de clic. Todos los canales de distribución ganaron en ventas, pero entre ellos destaca el "notable" aumento de las compras ‘online’. «Si bien durante las primeras semanas del estado de alarma el sector no siempre pudo dar respuesta al pico de demanda por este canal, al cabo de poco tiempo, muchas empresas ya habían ampliado su capacidad logística y la plantilla de trabajadores para satisfacer las nuevas necesidades de los consumidores", recoge el informe de Caixa Bank, cuyas cifras muestran que el e-commerce todavía mantiene el fuerte repunte experimentado en abril, con tasas de crecimiento cercanas al 60%.

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