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Las estrellas Michelin de Aragón quieren seguir brillando

Tres de los cinco restaurantes de Aragón (Lillas Pastia, El Batán y La Prensa) han cerrado temporalmente por la pandemia, pero mantienen la ilusión. Los otros dos (Can Cook y Tatau Bistro) ofrecen comida para llevar.  

El silencio es el comensal que ocupa cada mesa de los restaurantes aragoneses que lucen la distinción de estrella Michelin en su puerta. Están preparados como si fuera a haber un servicio, pero no esperan a ningún cliente en sus instalaciones.

Adaptaron los locales a las nuevas medidas –aunque sin restricciones ya cumplían los aforos y las distancias entre mesas– y también los horarios, puesto que los menús que se sirven duran dos horas de media. Se adaptaron ellos y sus clientes.

Agradecen la confianza y comprensión que les han brindado en estos meses. "Hace un momento han llamado para preguntarnos si estábamos abiertos", relatan María José Meda y Sebastián Roselló, de El Batán. Este restaurante de Tramacastilla (Teruel) está cerrado porque ven inviable la terraza por el frío, ni la comida a domicilio por su ubicación, a más de un kilómetro del núcleo rural más cercano y con una población envejecida. Tampoco es la solución para el Lillas Pastia, en Huesca, ni para La Prensa, en Zaragoza. "Mis platos no se pueden preparar para llevar", coinciden ambos propietarios.

Foto de Tramacastilla
María José Meda, chef de El Batán, en la cocina del restaurante, en una imagen de archivo
Laura Uranga

"Quiero luchar, pero es que no me dejan. No tenemos armas. Un restaurante, abierto o cerrado, tiene gastos –sostiene David Pérez, de La Prensa–. No digo que no nos cierren, pero es necesaria una contrapartida". "Hay una disputa política cuando se debería salvar a la sociedad, las historias de vida de muchas personas", determina Carmelo Bosque, del Lillas Pastia, a quien afectaron los primeros confinamientos perimetrales.

La comida a domicilio

Los fogones del Cancook, en Zaragoza, y del Tatau Bistro, en Huesca, siguen encendidos: han apostado por el ‘click and collect’, es decir, encargo y recogida en el local. "Está funcionando bastante bien", reconoce Ramces González, del Cancook. Sin embargo, no es la misma oferta que se puede encontrar en el restaurante. "Tenemos algunos de los platos clásicos, pero adaptados, hay que pensar que no se sirven en sala. A esto se suma la opción del pícnic", explica González. Esta fórmula tiene un precio de 15 euros y es el fuerte de su comida para llevar.

"En el anterior confinamiento tomamos la determinación de que, si esa situación se repetía, haríamos todo lo posible por no estar parados. Para nosotros es importante mantener la actividad tanto mentalmente, como para intentar cubrir gastos, y dentro de nuestras posibilidades, facilitar que al menos una parte de nuestro equipo siga también en activo", cuenta Arantxa Sáinz, del Tatau. Desde este restaurante oscense estudian implantar más adelante el servicio ‘delivery’.

Esta semana se anunció el cierre del madrileño Zalacaín, un referente de la cocina nacional. Los cocineros aragoneses auguran que "no será el único". A pesar de ello, mantienen la ilusión por volver a levantar la persiana. "Estamos decididos a mostrar una mejor versión de nosotros, tenemos el espíritu de superación totalmente integrado en nuestro ADN y jamás tiramos la toalla, todo lo contrario", aseguran desde las cocinas del Tatau Bistro. Hasta entonces, algunos aprovechan para ampliar su recetario.

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