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Covid-19

Bares y comercios acatan con resignación el cierre a las 20.00 "en plena hora punta"

Las calles de Zaragoza pasaron de las filas a las persianas bajadas entre críticas de los empresarios afectados.

Comerciantes y hosteleros acataron ayer "con resignación" el cierre a las 20.00, "en plena hora punta". Locales que a las 19.00 tenían fila para entrar bajaban la persiana una hora más tarde obligados por el nivel 3 de alerta agravado, que adelanta tres horas el toque de queda para toda la actividad no esencial.

Establecimientos como La Lobera de Martín, en la plaza de España, comenzaron a avisar a sus clientes con una hora de antelación. "Todas las mesas que se quedan vacías son ya para recoger", explicaba uno de los trabajadores, al tiempo que indicaba a una joven que ya no podía hacer uso de las sillas ya recogidas. "Si no lo hacemos así es imposible llegar a las 20.00", añadía. Pedro Faña, otro de los empleados, aseguraba que la medida "va a hacer mucho daño al sector". "Así no hay cenas. Va a ser una catástrofe", decía.

Otros negocios, en cambio, apuraron prácticamente hasta el último minuto y cerraron sobre la bocina. Al ser viernes, las calles estaban especialmente animadas, con abundantes grupos de jóvenes y familias. Pero llegada de la hora límite, el centro se transformó. Con las ocho campanadas del Pilar de fondo y puntualidad británica, las perfumerías, restaurantes y tiendas de moda y accesorios de la calle de Alfonso I comenzaron a bajar la persiana incluso con clientes en el interior.

Las restricciones del nivel 3 agravado también cortaron las ventas en las administraciones de lotería, que, en cuestión de minutos, pasaron de registrar filas y atender a un goteo de clientes a dar la jornada por finalizada. "Quita público, pero no queda otra. Por el momento las ventas de cara al Sorteo de Navidad van bien, aunque todo es muy distinto a otros años", afirmaba una de las trabajadoras de la Administración de Lotería del Rosario.

Hubo negocios que, por desgracia, lo tuvieron mucho más fácil. "En nuestro caso, hay días que podríamos cerrar incluso antes. Estamos aquí por no estar en casa, así que individualmente no nos afecta para nada", admitía José Antonio Domínguez, propietario de la tienda Regalicos. La falta de turistas ha hecho que las ventas se hayan desplomado y no tengan nada que ver a las de años anteriores. "Ahora estamos en la guerra, y, aunque pocas, hay ayudas, pero lo peor será la posguerra. No sé qué resultado darán estas medidas", añadía en el exterior de su negocio, situado junto a una farmacia y un estanco que sí pudieron mantener su horario habitual.

En la calle de Don Jaime, las sensaciones eran parecidas. "Adelantar media hora el cierre no cambia nada, hay muy poca gente. Tendrá más efecto en las grandes superficies. Seguramente, la gente saldrá antes y, al haber menos horas, se aglomerará", comentaba Natalia Lleida, de la tienda Portebel.

Para muchos, los minutos posteriores a las 20.00 fueron "extraños", ya que era posible entrar a floristerías y tiendas de electrónica o de telefonía, pero no tomarse una cerveza o comprar ropa. 

Esta sensación se vio agravada por la falta de información. Los ajustados plazos entre la publicación de las medidas en el Boletín Oficial de Aragón (BOA) –donde se aclaró qué negocios podían abrir más allá de las 20.00 y cuáles no– y su puesta en marcha hicieron que la mayoría de los establecimientos ni siquiera tuvieran tiempo de actualizar sus horarios. Sí lo hicieron las grandes superficies. "Nuevo horario: de 10.00 a 20.00 excepto alimentación, parafarmacia, óptica y perfumería general", se leía a las puertas de una de cadenas instaladas en el paseo de la Independencia.

También llamaba la atención la presencia de numerosos repartidores de comida a domicilio en el exterior de bares y restaurantes. Para muchos, la imagen resultante era "especialmente triste", ya que nada tenía que ver con la registrada hace justo una semana. "Un martes o un miércoles es menos llamativo, pero este fin de semana se notará mucho", razonaba uno de los hosteleros consultados. El principal problema, añadieron, es que estas medidas no tienen fecha de finalización y podrían comprometer la campaña navideña.

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