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Omella define a Escribano, arzobispo de Zaragoza, como un «hombre sereno»

El presidente de la Confederación Episcopal aragonés, que comparte con él experiencia y destinos, influyó positivamente en su elección por el papa Francisco

Juan José Omella, en el Vatilcajo este miércoles.
Juan José Omella, en el Vatilcajo en foto de archivo cuandoi fue nombrado cardenal .
Alberto Pizzoli/AFP

El nombramiento de Carlos Escribano Subías como arzobispo de Zaragoza surgió de una terna por elección personal del papa Francisco. No se sabe quiénes fueros los otros candidatos, pues forma parte del secreto pontificio. Así lo narran fuentes de la Confederación Episcopal Española (CEE), que explican que la selección inicial que se envía al Papa se hace en la Congregación de los Obispos de Roma. Desde 2014 pertenece a ella el cardenal aragonés Juan José Omella, arzobispo de Barcelona y presidente de la Conferencia Episcopal Española. Su estela está detrás de la elección del nuevo arzobispo de Zaragoza. «Al ser un obispo español y al conocerle por paso en Aragón, le tocaba participar en esta decisión», señalaron.

Hace unos días Juan José Omella estuvo en Roma con el recién elegido obispo auxiliar de Barcelona, el sacerdote catalán Javier Vilanova Pellisa. En su viaje de regreso, se refirió por escrito sobre el nombramiento de Escribano, al que conoce desde hace muchos años.

Carismo con la juventud 

«Ante todo, quiero tener unas palabras de reconocimiento y agradecimiento por los años de servicio de monseñor Vicente Jiménez», señaló. A Carlos Escribano le definió como «un hombre sereno, bien formado, con experiencia pastoral y de gobierno», ya que ha ejercido su ministerio en parroquias de Zaragoza y ha sido obispo de Teruel y obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño. «Conoce bien el apostolado seglar, lo que significa trabajar con los laicos y es consiliario nacional de Manos Unidas, por lo tanto, conoce la tarea de la Iglesia para con los países en vías de desarrollo. Tiene un especial carisma con la juventud. Creo que hará un buen trabajo en la archidiócesis de Zaragoza», expresó Omella.

Carlos Escribano, arzobispo electo de Zaragoza, en las dependencias del seminario de Logroño.
Carlos Escribano, arzobispo electo de Zaragoza, en las dependencias del seminario de Logroño.
Abel Alonso

El historiador Isidoro Miguel, archivero-bibliotecario del Cabildo Metropolitano de Zaragoza, tiene claro que esa relación e «influencia» del cardenal Omella para el nombramiento de Escribano es «clara y estrecha». De hecho, menciona que el recién nombrado de arzobispo de Zaragoza ha ido sustituyendo a Omella en los mismos puestos que él desempeñó como Consiliario en Acción Católica y en Manos Unidas, dentro de la Conferencia Episcopal. También como obispo en Calahorra-La Calzada-Logroño (el cardenal estuvo desde 2004 a 2015), donde continuó su tarea en los últimos cuatro años, antes de que fuera elegido por el papa Francisco para el Arzobispado de Zaragoza.

Vida religiosa en paralelo 

Esta vida religiosa en paralelo de Juan José Omella, de 74 años, y Carlos Escribano, de 56, solo difiere en la edad pues los dos se han formado en Aragón. Aunque el arzobispo de Zaragoza nació en Carballo (La Coruña), se crió en Barbastro con su familia, estudió en Navarra y cuando llegó a Zaragoza ya era cura. En la capital aragonesa estuvo destinado en la iglesia de Santa Engracia y en la del Sagrado Corazón, en el parque Miraflores. «En el Seminario daba clases de Moral. Es cercano y sencillo, aunque parezca algo tímido», según le describe Isidoro Miguel, compañero como profesor.

Una de las características que valora el historiador del nuevo arzobispo es su «sensibilidad al apostolado seglar». Aun así, Isidoro Miguel destaca que «conoce la vida de la diócesis de Zaragoza, en la que estuvo 15 años antes de irse como obispo a Teruel y a Calahorra». Concluye que en su elección como arzobispo ha influido su relación con Aragón.

Elm único arzobispo aragonés que no tomó posesión

A la hora de ver el listado de los arzobispos de Zaragoza desde 1901, como destaca Isidoro Miguel, solo ha habido uno de ellos aragonés, Antonio María de Cascajares y Azara, que era natural de Calanda (Teruel), y tuvo la mala suerte de no llegar a tomar posesión con 67 años porque falleció antes de llegar a Zaragoza. Ocurrió en Calahorra el 27 de julio de 1901 y está sepultado en la Capilla del Milagro en Calanda.

A él lo sustituyó Juan Soldevilla y Romero, natural de Fuentelapeña (Zamora), que había estado de obispo en Tarazona (1888) y fue nombrado arzobispo de Zaragoza el 16 de diciembre de 1902 cuando tenía 59 años, pero al final fue asesinado por un grupo anarquista en 1923 cuando era cardenal desde 1919.

Se achaca a las “leyendas populares” que después de este crimen los arzobispos elegidos por la Iglesia española eran mayores hasta que fue elegido Carlos Escribano, con 56. Pero cuando se revisan los elegidos en el siglo XX y XXI, sus edades son variadas: Rigorberto Domenech y Valls, de 46 años (arzobispo desde 1924 a 1955), Casimiro Morcillo González, de 49, (desde 1955 a 1964), Pedro Cantero Cuadrado, de 62 (1964 a 1977), Elías Yanes, de 49 (1977 a 2005), Manuel Ureña, de 60 (2005 a 2014), y Vicente Jiménez, de 70 (2014 a 2020).

Lo que está claro es que ninguno era aragonés. Después del crimen del arzobispo zamorano, llegaron por este orden un alicantino, un madrileño, un paletino, un tinerfeño, un valenciano y un soriano. Aunque el recién elegido es nacido en La Coruña, parte de su vida con su familia se desarrolló en Aragón. Como dice el historiador al nombrar el dicho: “Se es más de donde paces que de donde naces”.

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