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Aragón

125 historias de heraldo de aragón

Las fábricas de hielo en Zaragoza

La industria del hielo de Zaragoza ha abandonado ya los sistemas artesanales de fabricación para incorporar las últimas tecnologías.

HERALDO informó en septiembre de 1932 de las dificultades que pasaron los fabricantes de hielo ese verano
HERALDO informó en septiembre de 1932 de las dificultades que pasaron los fabricantes de hielo ese verano
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Juan José Torralba sonríe al leer el artículo sobre la fabricación del hielo en Zaragoza en los años 30. Explica que en aquella época el hielo se distribuía en grandes bloques, que después se llevaban por las casas y se troceaban con la ayuda de un punzón. "Era un trabajo supermanual", explica. Hoy todo ha cambiado. La industria del frío ha incorporado las últimas tecnologías, como el secado de hielo o la purificación del agua, en las que Aragón está en vanguardia.

Juan José Torralba es socio y director comercial de Frescofrío, la principal empresa de fabricación de hielo de Aragón, bien en cubitos o en escamas, y una de las más importantes de España. "En el artículo se explica que en mayo de 1932 las fábricas de hielo produjeron 117 toneladas. Nosotros esa cantidad la hacemos en dos días. Pero aún así me parecen números muy altos", afirma. Frescofrío produce diariamente 50 toneladas de cubitos y otras 30 de hielo en escamas y factura tres millones de euros al año con sus suministros a hostelería, supermercados y tiendas de productos frescos.

Aunque el hielo es en la actualidad menos estacional que hace casi un siglo, cuando las neveras eran un lujo, hoy como ayer depende mucho de las temperaturas. Mayo sigue siendo el mes en el que llega el pico de producción, porque el tiempo es bueno y los zaragozanos aún no se han ido de vacaciones. "El clima es importante, porque al final la distribución se hace en la hostelería y la gente, cuando llueve, no sale", concluye Torralba.

Proceso de fabricación de cubitos de hielo en las instalaciones de Frescofrío de Mercazaragoza
Proceso de fabricación de cubitos de hielo en las instalaciones de Frescofrío de Mercazaragoza
Oliver Duch

Un verano atípico el de 1932

Las bajas temperaturas del inicio del verano de 1932 pusieron en jaque la industria del hielo de Zaragoza. La llegada del calor en agosto mejoró la situación, pero los fabricantes pasaron apuros para atender la elevada demanda. Así lo contó HERALDO: En los meses de junio y julio de 1932, a los fabricantes de hielo, horchateros y demás vendedores de refrescos no les llegaba la camisa al cuerpo. "¡Si el tiempo sigue así... la ruina será con nosotros", clamaban los hombres vinculados a estos negocios con más que sobrada razón. El calor no se dignaba a hacer su aparición, como es uso y costumbre en los meses de verano desde que el mundo es mundo. El problema no era solo que la temperatura no era propicia para que la expedición del clásico trozo más o menos cristalino con el que se refrescaba el agua o el vino y todos los demás líquidos ingeribles. Lo grave estaba en que las cinco fábricas de hielo de Zaragoza -la del Mercado, la Licorera, la Zaragozana, la Gremial y la de los sucesores de Pilar Lana- habían almacenado en sus cámaras toneladas del frigorífico producto que se veían obligadas a tirar por la ventana como si se tratara de un artículo viejo y pasado de moda. 

En el verano pasado vendieron durante la canícula cinco millones de kilos de hielo y aquel año iban a tener que cerrar por falta de clientela. La comparación con el año anterior era más que significativa. 352 toneladas de hielo en junio del 31 contra 191 en junio del 32. Pero llegó agosto y el consumo de hielo estaba igualándose al de agosto del año último. El descenso de las temperaturas que se producía pasada la Virgen de agosto, en la segunda quincena del mes, no se había llegado a notar. Al contrario, cada día el calor era más pegajoso, más insoportable. Pero no llueve a gusto de todos. 

"Aparte de que hubimos de desalojar las cámaras porque toda nuestra producción almacenada en el invierno no nos servía para maldita de Dios la cosa, ahora, la excesiva demanda nos hace ir de cabeza", protestaban los fabricantes. Mientras tanto, "¡Al buen hielo!" gritaban las mozas portando el capazo con el producto veraniego por excelencia, bien cubierto y preservado del sol por trozos de arpillera. Y el grito quedaba en el aire, ingrávido, como una invitación que agradecían los cuerpos sudorosos de los viandantes".

Todos los 125 reportajes del libro '125 Historias de HERALDO DE ARAGÓN'.

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