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Fernando Galdámez: "Más que nunca, la Fundación Ozanam necesita ayuda"

Este año no cuentan con los ingresos del Rastrillo, fundamentales para esta entidad benéfica,

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Fernando Galdámez, en la Fundación Ozanam.
FRANCISCO JIMENEZ

La Fundación Federico Ozanam se preocupa de lo que tenemos de humanas las personas. ¿Todas las personas son humanas…?

En cuanto a su comportamiento, el concepto humano puede ser muy amplio… Nuestra obsesión es la igualdad de oportunidades. A ese fin dedicamos gran parte de nuestro recursos y esfuerzos.

Quien no da todo, no da nada…

Suscribo la frase. Nosotros trabajamos con familias desestructuradas, mujeres que sufren violencia de género, parados de larga duración, analfabetos, damos la oportunidad de vivir con confort en nuestras residencias.

¿Dónde nació su filantropía?

Del mismo espíritu que Federico Ozanam. Era francés. Profesor de la Sorbona. Murió joven, a los 42 años. Desde luego, le dio tiempo para aportar a la sociedad. Vivió en la primera parte del siglo XIX. Militaba en movimientos católicos. Decidió irse a los suburbios de París, a procurar comida y cobijo para todo el mundo.

Dios también habita en los arrabales…

Por supuesto. Ozanam fue la primera persona que habló de justicia social.

Justicia social a veces parece un oxímoron, pero me encanta ese concepto.

Hay que defenderlo. En Zaragoza, la fundación nace como tal como hija de las Conferencias de San Vicente de Paúl.

¿Su ideario es católico?

Sí, humanismo cristiano; pero atendemos a gente de todos los credos. Trabajamos 828 personas en todo Aragón. Tenemos siete residencias que dan cobijo a 625 ancianos, refuerzo escolar para 620 niños, el año pasado conseguimos 1.200 contratos de trabajo con formación previa, y escuela de segunda oportunidad para dar formación a personas de 18 a 25 años. También gestionamos 308 viviendas económicas.

¿En qué medida les ha afectado el coronavirus?

A mí me pilló en Alfaro. Estuve ingresado ocho días en el hospital de Calahorra. En cuanto a la Fundación Ozanam, tiene que seguir cubriendo las carencias que nos ocupan. El coronavirus afecta más si cabe a las clases marginadas. La covid entró en varias residencias que gestionamos. El cierre de los colegios nos hizo sustituir la formación presencial por la ‘online’.

¿La influencia también ha sido económica?

Sí. Una importante fuente de financiación, como era el Rastrillo, no va a celebrarse este año. Iba a ser la XXXIII edición. El año pasado pasaron por el Rastrillo más de cien mil personas. Ingresamos por ese concepto 600.000 euros. Está muy claro que, más que nunca, necesitamos ayuda. Porque, sin el Rastrillo, la cuenta de resultados se desequilibra.

Y los fines de Ozanam no pueden desequilibrarse…

Desde luego. Hay que seguir atendiendo a las personas que necesitan ayuda. El Rastrillo tiene unos objetivos cada año. En 2020 nos proponemos aumentar las becas de las personas que no pueden pagar sus cuotas en la residencia. Por nuestro ideario, nunca echaremos a nadie por no poder pagar la cuota. Este año han empezado a aumentar las situaciones de imposibilidad de pago.

¿Qué objetivos más tenía el Rastrillo?

Ayudar a los colectivos más vulnerables, fundamentalmente contribuyendo a superar la brecha digital. Hablamos de familias sin recursos, parados, 600 niños con problemas de escolarización de familias humildes. Peleamos para que consigan un rendimiento escolar normal. Dotar de EPI suficientes a nuestros centros también es importante.

Filosofía global de Ozanam al margen, ¿qué le mueve a Fernando Galdámez a arrimarse a los más necesitados?

Después de desarrollar mi carrera profesional en Ibercaja, donde coincidí con personas de gran valía en todos los sentidos, consideraba que podía aportar a la sociedad. Las finanzas es lo mío. Y ahí seguimos luchando...

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