Despliega el menú
Aragón

en la uci del clínico

Una intensa jornada que comienza con un fallecido y solo dos camas libres

A la presión por cuidar a los enfermos se suma la tensión extra de pensar que pueden quedarse sin espaci0 en cualquier momento.

Interior de las unidades de cuidados intensivos del Hospital Clínico de Zaragoza.
Interior de las unidades de cuidados intensivos del Hospital Clínico de Zaragoza.
Oliver Duch

Las ucis reflejan la cara más dura de la pandemia de la covid-19: la de los enfermos críticos por un virus que no entiende de edad. En los boxes repartidos por dos unidades del Clínico y en la sala polivalente están los pacientes más graves. Muchos llegan con neumonía bilateral, y en torno al 98% acaban intubados para recibir ventilación mecánica. Su atención requiere una dosis extra de cualificación y de dedicación.

El pasado viernes, pocos minutos después de las 8.00, falleció un enfermo de coronavirus, en otra dura jornada en la que solo había dos camas disponibles en toda la uci: una reservada a covid y otra, a cualquier patología diferente. A la presión por cuidar a estos enfermos se suma la tensión extra de pensar que pueden quedarse sin puestos en cualquier momento. 

Beatriz Costa, enfermera, se encargó de amortajar el cadáver. Más de dos horas seguidas vestida con todo el equipo de protección, tal y como evidenciaban las marcas de su cara: "Estoy cansada, sudada, agotada...". El paciente había ingresado hace un mes. Hasta incluso después de fallecer "se demuestra lo inhumana que es esta enfermedad", resume Juan José Araiz. 

"Los pacientes tienen que pasar la enfermedad y morir solos", dijo, sobre todo al principio de la crisis sanitaria. Ahora, en un intento de mejorar la comunicación con las familias, se asegura una visita a la semana en la zona covid y el acompañamiento familiar en los momentos finales, y se permite el acceso prácticamente en el horario habitual al resto de enfermos. También han echado mano de las videollamadas o las conversaciones a través del móvil.

El personal de enfermería se ocupa del control de la zona covid, en la zona central, separada de los despachos y los boxes por una cristalera. Y lo hacen los tres turnos –mañana, tarde y noche– completamente vestidos con el equipo de protección. Para comunicarse con sus compañeras utilizan walkie-talkie o pizarras. Allí anotan los medicamentos que precisan para un enfermo concreto o las pruebas que tienen que llevar a cabo, como una placa.

En el pasillo, como espacio limpio, se dispone el material que se usa y renueva continuamente según las necesidades. El viernes se ocupaba de esta tarea Susana Ibáñez, TCAE, que junto a otras compañeras apoyaban a los colegas que debían entrar en zona covid. Un espejo les permite comprobar que todo está correcto. La enfermera Conchita Labarta explica que al comienzo de cada turno se reparten aleatoriamente las tareas, intentando sacar tiempo también para un pequeño descanso. 

Pilar Luque, jefa de sección, iniciaba su jornada vistiéndose el equipo de protección individual (EPI) con ayuda de un compañero. Una medida imprescindible para evitar contagios. De hecho, en la uci del Clínico, no se han registrado infecciones en el puesto de trabajo. «Seguir un orden es muy importante, sobre todo a la hora de desvestirse», relató mientras se ponía el equipo. Con suma concentración para no olvidarse nada, Pilar se colocó la mascarilla ffp3 y otra quirúrgica, gorro para el pelo, calzas, dos pares de guantes, bata impermeable y otra quirúrgica, gafas estancas y pantalla facial. Una vez preparada entró a atender a pacientes con coronavirus. La salida es por otra puerta para tener circuitos independientes.

En la sala polivalente había, el viernes, tres pacientes covid: dos de mediana edad y uno, mayor de 80. Uno de los enfermos permanecía en posición de prono, es decir, tendido bocabajo para mejorar la ventilación. El más mayor, que no tenía patologías previas, estaba conectado a un aparato de oxígeno de alto flujo y, por el momento, había evitado ser intubado.

Etiquetas
Comentarios