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¿El auge de la comida a domicilio nos hace comer peor?

La pandemia ha duplicado los pedidos, en los que pizzas y hamburguesas son los auténticos reyes. Los nutricionistas advierten de problemas de salud si se cae en el exceso.

El repartidor de una de las principales plataformas de 'delivery' recorre el paseo de la Independencia.
El repartidor de una de las principales plataformas de 'delivery' recorre el paseo de la Independencia.
FRANCISCO JIMENEZ PHOTOGRAPHY

Pones fin a la jornada laboral, cumples con la rutina del gimnasio, haces ese recado que dejaste pendiente hace ya una semana y llegas a casa sin ganas de caminar más allá del sofá. ¿La cena? Abres una aplicación móvil y pides el antojo del día. En media hora lo tienes en el plato sin el mayor de los esfuerzos. Lo que para unos es una rutina impensable para otros es, o está camino de serlo, su día a día. Y la pandemia ha incrementado, aún más si cabe, esta tendencia.

El peso de la vía telemática en la compra de alimentos en Aragón era, antes de la aparición del coronavirus, del 4,3%, según el reciente barómetro sobre hábitos de consumo de la consultora A+M para HERALDO. Este porcentaje se ha duplicado seis meses más tarde hasta alcanzar el 8,8%. La encuesta arroja otro dato interesante y que completa el anterior: debido a las restricciones y al miedo a frecuentar espacios públicos, las reuniones familiares y con amigos en un domicilio privado ya ocupan casi cuatro de cada diez de los momentos de ocio. En estas citas se recurre, en buena medida, a los servicios de ‘delivery’.

¿Y qué productos son los más demandados? El 39% de las comandas son, cómo no, pizzas, mientras que el 14% de los pedidos se corresponden con hamburguesas, ya sean de franquicia o de restaurante, que por norma general son más generosas -y de mayor coste- que las que portan la enseña de una multinacional. Los restaurantes de comida mexicana, japonesa o china y kebabs son los que más ingresos obtienen por esta vía, según otra investigación, en este caso de la empresa Kantar a nivel nacional, que determina que más de la mitad de los españoles recurrieron durante el año pasado a estas aplicaciones.

Desde la Academia Española de Nutrición y Dietética piden mesura a la hora de recurrir a los servicios de comida a domicilio. “El gran problema es que la práctica promueve el capricho y la probabilidad de pedir una pizza es mucho mayor que la de pedir una ensalada o un filete con una guarnición de verduras asadas. También influye el hecho de que tenemos asociados al ‘delivery’ ciertos productos y a que la oferta mayoritaria es la que es”, explica Manuel Moñino, director del departamento de informes y peritajes científicos de la organización colegial.

El experto señala, en todo caso, que hay que diferencia entre la práctica puntual y la costumbre: “No pasa nada por caer en el exceso una vez cada dos semanas si el resto de los días se lleva una dieta saludable. El problema aparece cuando determinadas circunstancias, como no saber cocinar, no tener tiempo o carecer de unos hábitos saludables, llevan al usuario de las plataformas en ser un cliente habitual, y no solo en casa, también en el trabajo”.

Consecuencias para la salud

¿Y qué le puede ocurrir a una persona que acuda tres o cuatro veces a la semana a la comodidad de que el repartidor toque el timbre con la cena lista para ser servida? “Aumentará, evidentemente, el riesgo de incrementar el peso corporal, lo que promoverá el riesgo de que aparezcan enfermedades relacionadas con el sobrepeso, como la hipertensión. Recordemos que estos productos suelen llevar una gran cantidad de sal y azúcar, y que suelen acompañarse de bebidas azucaradas y carbonatadas. Si la persona está en un peso saludable, el impacto en un primer momento no será excesivo, pero si parte de un mal estado de salud, puede pagar las consecuencias a corto plazo”, lamenta Moñino.

Algunas aplicaciones del sector ofrecen apartados específicos en los que agrupan la oferta de comida sana, aunque su peso en el mercado es minoritario respecto a la alta en calorías o con alimentos ultraprocesados. A lo largo de los últimos años también han ido surgiendo servicios de ‘tuppers’ sanos e, incluso, personalizados en función del tipo de dieta y objetivo que quiera conseguir el cliente. Estos se envían semanalmente al consumidor para que tenga cubierto el mediodía o la noche de lunes a viernes e, incluso, de cara al fin de semana.

Dentro de las tendencias alimenticias también se van abriendo hueco, poco a poco, algunas saludables, como el poké, un plato de origen hawaiano con una implantación creciente. La receta combina una base de arroz o quinoa con pescados como el salmón o el atún, vegetales tales como la cebolla o pimiento y distintos complementos que terminan de darle sabor: aguacate, maíz, o edamames, entre otros.

Los ultraprocesados, más caros

Comer mal perjudica a la salud, pero también al bolsillo. Por ejemplo, un kilo de cereales azucarados para el desayuno ronda los ocho euros, mientras que el precio de la misma cantidad de avena se reduce a la mitad. Lo mismo ocurre con la fruta. Por ejemplo, el kilo de manzanas se encuentra alrededor de 0,65 euros. Y el yogur a 1,80 euros por kilo.

También es económico sustituir por frutos secos o fruta la bollería o zumos azucarados del almuerzo. Un puñado de cacahuetes supone 0,15 euros, mientras que un bollo rara vez bajará de 1 euro. Para las comidas principales, las legumbres, el arroz, el pollo, son productos al alcance de todas las economías, frente a los 5 euros que cuestan medio kilo de nuggets de marca blanca.

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