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Aragón

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La visita de Pío Baroja y otros grandes escritores a Zaragoza

Zaragoza es una ciudad culta y acogedora, con una historia bimilenaria de amor a las letras. Escritores de todos los países lo han disfrutado.

Mario Vargas Llosa, en el Paraninfo el 20 de noviembre de 2019
Mario Vargas Llosa, en el Paraninfo el 20 de noviembre de 2019
Oliver Duch

Zaragoza escuna de grandes escritores, pero también ha sido polo de atracción para muchos de los más célebres, llegados desde el resto de España o del extranjero. Es lo propio de una ciudad que fue capital de un reino y viene albergando relevantes instituciones políticas, artísticas y universitarias. Periodistas culturales de larga trayectoria como Antón Castro han dado cuenta de la presencia de estas celebridades de las letras.

Por Zaragoza pasó Pío Baroja, como se narra en la entrevista publicada en HERALDO en 1930 y Miguel de Unamuno. También estuvieron muchas de las figuras anteriores a la Generación del 98, como Benito Pérez Galdós, que la visitó con frecuencia y le dedicó la sexta novela de la primera serie de los ‘Episodios Nacionales’ y algunas obras de teatro. Y también transitaron por la ciudad algunas de las figuras más relevantes de la generación literaria posterior, la del 27. En 1930, lo hizo García Lorca invitado a la Universidad de Verano de Jaca.

Miguel Delibes pisó las calles zaragozanas al menos en cinco ocasiones. A Juan Benet le gustaba sentarse a orillas del Ebro. A la capital aragonesa acudieron otras figuras señeras del siglo XX como Rafael Alberti, Rosa Chacel o Carmen Martín Gaite. Y también del siglo XXI, como Fernando Aramburu, el autor de ‘Patria’, el gran éxito de la literatura española de los últimos años.

La nómina de los visitantes extranjeros es muy extensa y algunos de ellos han hablado de Zaragoza en sus obras. Desde Rubén Darío al holandés Cees Nooteboom, desde Virginia Woolf a William Somerset Maugham, pasando por Ken Follet, que visitó Belchite. Darío Fo recorrió la Expo-2008. Y Roberto Bolaño, autor de algunos de los libros más afamados de las primeras décadas del siglo XXI, como ‘Los detectives salvajes’ o ‘2666’, pudo haber estado en Zaragoza a finales de los años setenta o primeros de los ochenta.

Por las orillas del Ebro transitó el portugués José Saramago, en 1991 y después, cuando ya era Nobel. Y también lo hizo otro de los galardonados recientemente por la Academia Sueca, en 2019, el austriaco Peter Handke. Antes recalaron Ernest Hemingway y Günter Grass. Pero el Nobel que más fervor literario generó entre los zaragozanos a su paso por la ciudad fue Mario Vargas Llosa. En noviembre de 2019, con sus 83 años a la espalda, abarrotó varios salones del Paraninfo universitario. Y otra vez lo hizo para defender la literatura y el credo liberal. El catedrático José-Carlos Mainer (el más brillante de los críticos literarios que hay hoy en España) habló de la furia con la que sigue escribiendo. El autor de ‘Conversación en la Catedral’ demostró su fidelidad a su ideario, que él mismo relacionó hace tiempo con la letra del sillón que ocupa en la Real Academia de la Lengua: la L. Con ella comienzan algunas de las palabras que más ama: literatura, leyes, lectura, libertad.

La imagen de Marín Chivite, llena de fuerza por la mirada de Pío Baroja, muestra un momento de la entrevista. Destaca también la presencia de Julio Caro, uno de los grandes humanistas del siglo XX español.
La imagen de Marín Chivite, llena de fuerza por la mirada de Pío Baroja, muestra un momento de la entrevista. Destaca también la presencia de Julio Caro, uno de los grandes humanistas del siglo XX español.
HA

Pio Baroja en Zaragoza

Marzo de 1930. "¡Pío Baroja se halla en Zaragoza!". Así comienza la entrevista con el escritor que HERALDO publica el 15 de marzo de 1930. En realidad, está de viaje a Teruel, pero pasa unos días en Zaragoza, acompañado por su sobrino Julio Caro Baroja, "por simple simpatía", según él mismo confiesa. Quiere ver el Ebro, que en esos días protagoniza una significativa crecida. Del río dice "que padece de hígado", como la mayoría de los españoles, y que por eso sus aguas presentan un color bilioso. 

En el Maestrazgo quiere recabar datos para escribir una novela sobre las guerras carlistas. Y, efectivamente, la provincia de Teruel le brindó personajes y paisajes para varias de sus novelas, como ‘La nave de los locos’, ‘Los confidentes audaces’ o ‘La venta de Mirambel’. Cuando el periodista, Mario Alegría, le hace ver que resulta una persona mucho más simpática que lo que transmiten sus obras, el escritor vasco le habla de que "todos tenemos variedad de caretas. Una la colocamos para la familia, otra para las visitas, otra para escribir y así sucesivamente".

Pío Baroja desgrana después observaciones muy directas sobre su trabajo como que "la literatura no da un céntimo" o que "se lee muy poco". Sobre sus propias obras, considera que las mejores son ‘Zalacaín, el aventurero’ y ‘El árbol de la ciencia’. A la pregunta sobre los escritores más leídos, cita entre los españoles a Marañón y a Ortega y Gasset. Entre los extranjeros, destaca a Dostoiewski y Proust. La entrevista ilustra la pasión del donostiarra por conocer escenarios de la España interior para poder escribir sus relatos, fiel a la técnica de la novela de aventuras y de viajes. Como otros autores del 98, él también personaliza la escritura además de profesionalizarla.

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