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Aragón

agricultura

El uso de cubiertas vegetales reduce hasta un 50% los costes en el almendro aragonés

Un estudio demuestra las ventajas económicas y ambientales de esta técnica agrícola de conservación del suelo.

Cubierta vegetal en las calles de una explotación de almendros aragonesa.
Cubierta vegetal en las calles de una explotación de almendros aragonesa.
Agrocultívate

La agricultura de conservación, que va ganando terreno en las tierras de la Comunidad, es también un aliado económico para el cultivo de almendro en zonas semiáridas. De hecho, el uso de cubiertas vegetales –plantas vivas o restos de poda y rastrojos que se aplican formando una capa sobre la tierra situada entre las hileras de árboles– permite la optimización de las materias primas y los recursos naturales y contribuye a reducir a la mitad los gastos directos en el cultivo, que pasan de una media de 229,31 euros a los 112,71 euros. Lo evidencia un estudio, realizado por la consultora agrícola Agrocultívate y que forma parte de un proyecto financiado por el Gobierno aragonés y los fondos Feader de la Unión Europea y en el que participa también Cooperativas Agroalimentarias de Aragón, Arento y la Estación Experimental Aula Dei, que tiene como objetivo impulsar técnicas y sistemas de manejo sostenible en el cultivo de los secanos áridos y semiáridos.

Los beneficios de esta práctica de conservación del suelo no tienen solo carácter económico. Además, dicen los responsables del estudio, estas cubiertas aumentan hasta un 2% el contenido de humedad en la tierra, un factor "muy beneficioso" para el cultivo, especialmente cuando se sitúa en zonas sin riego y con escasa pluviometría. Hay también otra ventaja. "Picar los restos vegetales puede aumentar hasta un 20% la cantidad de minerales disponibles en el suelo", explican desde Agrocultívate.

Para obtener esta información, el estudio se realizó a pie de campo. Y aunque se centró en los secanos de Sierra de Luna (Zaragoza) y de Híjar (Teruel), aunque los impulsores del proyecto aseguran que los resultados son extrapolables a todas las explotaciones situadas en zonas áridas y semiáridas de Aragón. Dicho en números: de estas ventajas podrían beneficiarse, según el estudio, unas 1.500 explotaciones de almendro, que ocupan una superficie de 66.700 hectáreas. "Pero también es una ventaja para los consumidores, ya que se promociona un método de cultivo que puede aumentar el carbono retenido en el suelo y, por lo tanto, frenar el cambio climático", señala la consultora.

Un cultivo en expansión

No es una casualidad que este estudio haya puesto su objetivo en el almendro. Este cultivo, que tradicionalmente era considerado como una producción secundaria e incluso llego a ser marginal, ha tenido en los últimos años un destacado avance tanto económico como social, e incluso ha situado a Aragón entre los primeros productores nacionales de este fruto seco. Eso explica que se haya producido "una lenta, pero clara, tendencia a la mejora del cultivo", señalan desde la consultora agrícola, que recuerda cómo se ha extendido la utilización de variedades productivas de floración tardía, la instalación de riego localizado o la previsión de necesidades de polinización. "Sin embargo, el grado de innovación tecnológica del cultivo es todavía muy inferior si lo comparamos con el de otros cultivos leñosos similares como el olivo o la vid", destaca Agrocultívate. Una brecha que quieren ir estrechando investigaciones como las realizadas en este proyecto, denominado Emaecas.

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