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Aragón

125 hIstorias/125 aniversario de herald

Lacasitos, Conguitos y los populares adoquines dulces de la Virgen del Pilar

En el libro 125 Historias, con motivo del 125 aniversario de HERALDO DE ARAGÓN, se recuerda la visita de reporteros de este periódico a la fábrica de regaliz zara (La casa Tur), ubicada entonces en la calle de Asalto,  en 1829.

Fábrica de Lacasa
Fábrica de Lacasa
José Miguel Marco

En 1929, el periodista Emilio Colás Laguía y el fotógrafo Miguel Marín Chivitie visitan la fábrica de regaliz zara (La casa Tur), ubicada entonces en la calle de Asalto, junto al zaragozano paseo de la Mina.   

El regaliz de Zara (Zara... Zaragoza) no es el único dulce aragonés -si es que se le puede llamar así, por su peculiar sabor- que ha encandilado a grandes y a chicos de más de medio mundo. Mucho más modernos e innovadores, en 1982 -a la vez que el Mundial de Fútbol en España- aparecieron para revolucionar el mercado los Lacasitos -seguro que pocos han olvidado su pegadiza cancioncilla publicitaria: "Uh, ih, uh, ah, ah, uh, ah toma Lacasitos, uh, ih, uh, ah, ah, verás que buenos que están"- directamente salidos de la fábrica de chocolates Lacasa en Utebo, cuyos orígenes hay que buscarlos en un almacén de la calle Mayor de Jaca, donde, en 1852, Antonio Lacasa vendía tejidos, garbanzos y el chocolate que él mismo elaboraba en la trasera del almacén. Aquellas vistosas grageas de chocolate con leche -que recordaban a los ‘lenti’ (de lenteja) italianos-, cubiertas por 150 capas de azúcar de siete colores diferentes tuvieron tanto éxito que cinco años después, en 1987, permitieron a Lacasa comprar la empresa zaragozana que fabricaba los célebres y populares Conguitos. ¿Se acuerdan?: "Somos los Conguitos y estamos requetebién, vestidos de chocolate con cuerpo de cacahué". Aquel ‘spot’ televisivo de 1983 forma ya parte de la memoria colectiva de millones de Españoles.

Dicen que con los Lacasitos que se producen al año -son tan imitados que incluso cada uno de ellos lleva marcada la firma de Lacasa- se podrían dar dos vueltas y media a la tierra, mientras millones de sus hermanos, los Conguitos, llegan a diario a Canadá, Gran Bretaña, México, Argentina, Japón...

Sin embargo, no existe un dulce con mayor carga icónica zaragozana que los adoquines de la Virgen del Pilar. Y, aunque circula la leyenda de que su gran tamaño -por eso se llaman adoquines- se debe a que tenían que ser dignos de un rey -el de entonces, Jaime I-, son fruto del ingenio del pastelero bilbilitano Manuel Caro, que, en 1920, creo un descomunal caramelo de 500 gramos -hoy se fabrican de diferentes tamaños, incluso hasta de un kilo-, imposible de metérselo entero en la boca -hay que partirlo en trozos- y que dura días y días. En su envoltorio, en el centro, lucen siempre la imagen de la Virgen del Pilar, cuyo manto cambia de color según el sabor del caramelo; sus extremos se cierran con la forma y dibujo de un cachirulo; y en el interior, impresa, esconden una jota clásica, cómica o de picadillo. Pero, por encima de todo, son recuerdo y embajadores de Zaragoza.

 

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