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125 HISTORIAS DE HERALDO DE ARAGÓN

Sender, el emotivo final de una larguísima ausencia

Después de treinta y seis años de exilio, Sender regresó a España y a Aragón en 1974, en una breve visita que generó gran expectación

Sender habla en el Ateneo de Zaragoza, el 3 de junio de 1974
Sender habla en el Ateneo de Zaragoza, el 3 de junio de 1974
JUAN G

Ramón J. Sender salió de España en 1938 con diversos encargos del Gobierno de la República y, terminada la Guerra Civil, acabó recalando primero en México y luego en Estados Unidos, donde desarrollaría una larga carrera como profesor de Literatura española en diversas universidades, sobre todo en las de Albuquerque y San Diego. En la Wikipedia puede leerse que Sender visitó España en 1969 con motivo de la concesión del Premio Planeta, pero es inexacto. Quien entonces era ya un escritor consagrado no acudió a recoger en persona el galardón, entre otras razones porque en aquel momento todavía estaban ‘prohibidos’ en nuestro país cinco de sus libros.

Lo cierto es que Sender no volvería a pisar tierra española hasta el año 1974, en un viaje que tendría entre sus etapas principales el regreso a Zaragoza y Huesca, y que fue seguido al detalle por HERALDO. Dos periodistas del diario, Alfonso Zapater y Joaquín Aranda, se desplazaron a Barcelona para estar presentes en la llegada del escritor al aeropuerto del Prat el 29 de mayo, pasar tiempo con él y acompañarlo por carretera, unos días después, a tierras aragonesas.

Llegó a Zaragoza el 1 de junio y en sus calles aseguró que todavía podría recorrer la ciudad, tras treinta y seis años de ausencia, con los ojos cerrados. Acudió también a Huesca, donde se fotografió ante la casa en la que de niño había vivido con su familia. Recibió el día 3 un homenaje especial de HERALDO, compartiendo una comida en el restaurante El Cachirulo con el consejero delegado del diario, Fernando de Yarza García, con el director en funciones y con buena parte de la redacción. El día 4, pronunció una conferencia en el Ateneo, en un abarrotado salón de actos del Centro Mercantil zaragozano, que se quedó pequeño. Pero curiosamente no visitó su Chalamera natal, un reencuentro que se demoró hasta un posterior viaje a España dos años después.

Esta primera visita fue sin duda muy emotiva para el novelista. Pero quizás lo fue todavía más para los muchos aragoneses que lo recibieron con expectación porque apreciaban su obra literaria y porque valoraban el significado y la trascendencia histórica que tenía la vuelta a casa de una de las figuras más destacadas del exilio intelectual de la posguerra española. El asentamiento definitivo de Sender en España, que tanto añoraba y del que tanto se habló, nunca llegó a materializarse.

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