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Aragón

Montmesa, la avifauna y el agua acogedora

La alberca de Alboré atrae miles de grullas de paso hacia el sur. Muchas se quedan en invierno, y el resto hace parada y fonda de vuelta; es el ‘reposo de las guerreras’.

Foto de Montmesa
Cola del embalse de la Sotonera
Laura Uranga

La Alberca de Alboré, situada junto a la localidad de Montmesa (municipio de Lupiñén-Ortilla) forma parte del entorno del Embalse de la Sotonera, y rivaliza con la laguna de Gallocanta como hotel anual de las grullas en su migración de ida y vuelta desde el norte europeo hacia las tierras del sur. A apenas 29 kilómetros de ciudad de Huesca, el enclave mueve anualmente miles de entusiastas de la ornitología y, por supuesto, meros admiradores de las bellezas naturales que ofrece Aragón. Por encima de la llegada de los ilustres alados en otoño, febrero y marzo son los meses más vistosos en el lugar, ya que se trata de los momentos en que las grullas se pasan por la zona en su regreso a tierras norteñas. En los últimos años, empero, cada vez son más las que se quedan a hibernar, señal inequívoca de que ya encuentran aquí lo que van a buscar a tierras más meridionales. Las aguas no son muy profundas y las orillas pertenecen sobre todo a los tamarices.

Pablo Vallés, responsable del Centro de Interpretación de la Alberca de Alboré, coordina cada año diversas actividades relacionadas con las aves migrantes en este punto de la provincia de Huesca, en colaboración con el ayuntamiento local y la propia Comarca de la Hoya de Huesca. En este caótico 2020 aún dio tiempo a celebrar parte de ellas: no en vano se trata de un espectáculo maravilloso, con miles de grullas regresando desde África hacia el norte de Europa que se encuentra, además, con un número creciente (supera de largo el millar en los últimos años) que deciden quedarse en Montmesa durante el invierno. Un apunte: contrariamente a lo que se cree, no huyen de las bajas temperaturas, sino de la falta de horas de sol, que les dificulta la búsqueda de alimento, amén de los mantos nevados que cubren los campos y no les permiten, por tanto, ,ver claramente dónde lanzarse a por comida.

'Panzadas' de mirar

En Montmesa se hacen jornadas medioambientales que incluyen maratones de observación de 12 horas cada uno: este año se pautaron los días 29 de febrero y 1 y 7 de marzo, precedidas el 27 de febrero por una jornada de plantación de árboles a cargo de los niños del pueblo y de algunos enclaves vecinos, como Bolea. Otras actividades tradicionales año tras año, como el anillamiento de aves, el concurso de tapas, los recorridos interpretativos y las charlas quedaron en suspenso por el advenimiento del estado de alarma derivado de la propagación de la covid-19.

El Mirador de las Grullas aúna relax y pedagogía

La idea de Vallés y del propio municipio es conseguir que la lámina de agua de Alboré sea permanente el año entero, para lo que ya se iniciaron conversaciones (renovadas a principios de este año) con la Confederación Hidrográfico del Ebro y el Gobierno de Aragón: la idea es recuperar azudes. Al mismo tiempo, no se olvida la preocupación de regantes por el suministro, así como la afección del paso de las grullas en las cosechas de grano de la zona, que lógicamente se ven afectadas por su presencia.

Un plus para los visitantes: el atardecer en la alberca de Alboré es realmente mágico. No es el rayo verde del mar, sino el naranja y fuego del horizonte cuando se esconde el sol.  

El Mirador de las Grullas, tocata y fuga para el alma que pide paz

En Montmesa, como pasa con las melodías en la ‘Tocata y fuga’ del maestro Bach, las sensaciones se amontonan en un delicioso desorden antes de jugar entre ellas al alimón, en cadenciosa carrera hacia la elevación del espíritu. María Torres es catalana, y conoció a la mendocina Alicia López en Argentina. Hace año y medio, ambas se hicieron cargo del hotel Mirador de las Grullas en las inmediaciones de la Sotonera y la Alberca de Alboré; estas láminas de agua son refugio de la avifauna más variopinta, que atrae a ornitólogos y amantes de la naturaleza en general.

“Somos mayores, pero no nos faltan ganas en este reto –apunta Alicia– porque nos gusta lo que hacemos. María tenía bastante experiencia previa en el sector, además”. “Llegamos aquí –corrobora María– huyendo de la crisis económica argentina, y buscábamos un pueblo para vivir y ganarnos la vida. Primero paramos en Fayón y desde allí buscamos un negocio similar al que habíamos llevado en Argentina, que resultó ser este Mirador de las Grullas en Montmesa. Llegamos a un acuerdo con el dueño y aquí estamos desde hace casi dos años. En Argentina trabajábamos en la precordillera de los Andes”.

El hotel alberga distintos tipos de turismo según la época, siendo el familiar el más habitual el primavera y verano; el ornitológico llega en noviembre y fluye hasta finales de marzo. “De las grullas hemos aprendido gracias a Pablo Vallés –explican ambas y sus salidas pedagógicas, que por supuesto recomendamos a nuestros clientes”. El Centro de Interpretación de la Alberca se abre los fines de semana. En la zona, además de grullas, también hay cigüeñas y aguiluchos, gorriones, golondrinas… de todo. Este año ha habido más pájaros de lo normal en Montmesa... que está, por cierto, a un paso de Bolea (con su magnífica colegiata y sus cerezas en primavera y verano) y del castillo de Loarre.

Marcos, nieto de Alicia, se vino igualmente de Argentina hace un año por la crisis económica. “Somos un conjunto de tres ahora; nos repartimos tareas de mantenimiento, jardinería, cuidado de los animalitos, servicio de camareros… de todo un poco. Tenemos dos perros, Paco y Lola, el gato Julio, cinco gallinas viejitas que son el espectáculo del lugar para los visitantes, y seis ocas, tuvimos pavos y burro… ¡una minigranja!

El hotel tiene seis habitaciones, decoradas con sencillez y mucho gusto; cuatro de ellas son dobles, y dos suites con capacidad para cuatro personas. El precio del hospedaje incluye desayuno, y se ofrece la posibilidad de comer o cenar bajo solicitud, solamente a los alojados. Hay piscina de verano. “De cara a la próxima temporada ornitológica ya estamos contactando con agencias de Francia y Holanda para grupos reducidos, porque cabe poca gente, tenemos 16 plazas. También recibimos muchas parejas, que vienen de fin de semana a desconectar, leer, oír música y ver el horizonte. También ha resultado ser un lugar estratégico de reunión para amigos que viven en ciudades equidistantes de toda esta zona del país”.

MONTMESA

Comarca. Hoya de Huesca. Pertenece al municipio de Lupiñén-Ortilla.

Cómo llegar. Desde Huesca, su capital de provincia, hay 29 kilómetros por la A-132 y la A-1207.

Dónde comer y dormir. Además del hotel Mirador Las Grullas en Montmesa, el municipio ofrece la Casa Solariega de Lupiñén, de tres habitaciones, con jardín y uso gratuito de bicicletas.

La manzanilla. Montmesa es conocida por la abundancia de manzanilla, sobre todo en los suelos próximos a la alberca de Alboré. Se recolecta desde antaño en el pueblo, siempre de manera artesanal.

Las Casas de Nuevo. Muy próximo a Lupiñén, este pequeño núcleo integrado en el municipio se compone de casas de construcción popular y la iglesia de San Salvador.

BTT. Por los pelos, pero este año se pudo celebrar la XI Marcha Cicloturista BTT de las Grullas en Montmesa el pasado 8 de marzo. Organiza la Comarca de la Hoya de Huesca junto al Ayuntamiento y la asociación Alberca de Alboré.

Estoesloquehay. El festival itinerante de artes, que recorre la provincia de Huesca desde hace dos décadas, para en este municipio entre el 2 y el 4 de octubre.  

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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