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Aragón

agricultura

¿Un otoño típico para los cultivos?

No parece que las precipitaciones vayan a ser la tónica de estos meses, lo que afectará a las siembras y cosechas.

termino entre daroca y villafeliche / 29-05-2015 / foto: Macipe [[[HA ARCHIVO]]]
El trigo es el principal cereal de invierno, cuya siembra comenzará a mediados del mes de octubre.]
J. Macipe

Si por típico se entiende un otoño lluvioso, ventoso y de bajas temperaturas, podría afirmarse que el de este año 2020 no va a cumplir con los estándares climáticos. Las predicciones de la Agencia Estatal de Metereología para Aragón apuntan a una estación más cálida y seca que en años anteriores, según estadísticas y promedios de la última década.

¿Y esto va a beneficiar o no a los cultivos aragoneses más representivos del otoño? Habrá que tener en cuenta de qué cultivo se trate, en qué zona se desarrolle y cuáles son las condiciones del suelo en cada caso, pero, en principio, hay más peros que poner a la escasez de lluvias que argumentos a favor.

Así lo pone de manifiesto Ferdinand Cookson, responsable de cereal de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Aragón (UAGA), que explica que para la siembra del trigo, la cebada o el centeno, que comenzará a mediados del mes de octubre, es preferible un clima lluvioso para que el suelo tenga la humedad adecuada: «No tanto en las zonas que se han dejado en barbecho un año, como en aquellas en las se trabaja con el rastrojo del año anterior», puntualiza. Por otra parte, si no hay precipitaciones, «las malas hierbas no recrecen», tal y como señala Cookson, y su eliminación es más costosa. Como consecuencia, es probable que se exija un mayor uso de fitosanitarios, dificultando el trabajo con los cultivos ecológicos.

Otro de los cultivos característicos del otoño es el brócoli, que se recolecta a finales del mes de octubre o principios de noviembre. Para su cosecha «necesita frío», tal y como afirma Ángel García, agricultor de Garrapinillos que dedica entre 10 y 11 hectáreas al cultivo de esta verdura. Según él, el fruto aguanta más en la mata con temperaturas bajas, consiguiendo, además, que la pella se haga grande y prieta. Eso sí, ahora para su desarrollo demanda sol, por lo que el final del verano se está ajustando a las necesidades del cultivo.

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