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Lanza reitera que la víctima llevaba una navaja cuando la golpeó y los testigos lo contradicen

"No sabía que iba a causar el daño que le causé", manifiesta el acusado ante el Jurado en la repetición del juicio del crimen de los tirantes. El dueño del bar donde ocurrió el crimen avisó a Laínez de que Lanza iba a atacarle por detrás.

Rodrigo Lanza presta declaración esta mañana en el juicio del jurado del crimen de los tirantes.
Rodrigo Lanza presta declaración esta mañana en el juicio del jurado del crimen de los tirantes.
Efe/ Javier Cebollada (Pool)

El acusado por el crimen de los tirantes, Rodrigo Lanza, reiteró este martes su versión de que la agresión mortal a Victor Laínez se produjo porque este llevaba una navaja y él reaccionó respondiéndole a golpes, ninguno de ellos por la espalda. "Era la única manera de quitármelo de encima. No sabía que iba a causar el daño que causé", respondió a las preguntas de su abogado Endika Zulueta, al único al que contestó, como ya ocurrió en el primer juicio en noviembre de 2019.

Pero también como sucedió entonces, el principal testigo de los hechos, el que le gritó "¡para, para, que lo vas a matar!" cuando Laínez estaba inerte en el suelo, sangrando por la boca, nariz y oídos y Lanza lo seguía pateando, contradijo su relato de los hechos. Este testigo, dueño del bar Tocadiscos donde ocurrió la agresión, reiteró que la víctima regresaba andando hacia la barra y de espaldas a la puerta cuando el acusado entró "a toda velocidad" y le dio un golpe por detrás en la cabeza. "Le dije ¡ten cuidado Víctor, que viene! Pero no le dio tiempo a girarse, se derrumbó en el suelo y ya no se movió", explicó.

En cuanto a la supuesta arma, Ángel A. subrayó que el fallecido no llevaba nada en las manos, pero que entonces pensó que, por la fuerza y el impacto que recibió la víctima en la cabeza, Lanza si que debía llevar "algo" contundente, aunque tampoco lo vio. Los policías que llegaron al local cuando la víctima apenas respiraba declararon que buscaron sin éxito el arma por todo el local. Tampoco hallaron ningún objeto que pudiera haber usado Lanza.

Como en el juicio anterior, tan solo el amigo del acusado, Pablo M., el mismo que le dijo en el bar que Laínez era un "fascista" porque le había visto con los tirantes con la bandera de España, declaró que "vio" a Víctor Laínez con una navaja en la mano. En lo que este joven coincidió con el dueño del bar es que, desde la puerta, observó a Rodrigo Lanza sentado a horcajadas sobre la víctima dándole puñetazos.

La versión de Lanza

A preguntas de su abogado, Lanza explicó al jurado que Víctor Laínez estaba sentado en la barra del pub Tocadiscos cuando entró con dos chicas a las que acababa de conocer y con su amigo Pablo. Este le dijo al ver a la víctima que era "era un conocido fascista del barrio". El acusado, que relató el recorrido de bares que hizo desde que salió de trabajar, en los que bebió cervezas, chupitos y cubatas, contó que el hombre le miró y decidió ir a hablar con él. Lanza aseguró que le llamó "sudaca" y que le dijo que "no debería estar ahí" y que él le contestó que era un fascista y ya se veía de qué "palo" iba. El activista antisistema, reconoció que el intercambio de palabras fue tenso, pero no se amenazaron.

Ante el jurado y sollozando, reconoció que habló con Laínez para "hacerse el chulo" ante sus amigos y que fue "muy imbécil" y un "capullo". "Al regresar a la mesa, las chicas y Pablo me dijeron que por qué había hecho eso y me quedé avergonzado, pero no le di más importancia", declaró.

Poco después, como vieron que la víctima manipulaba el móvil, pensaron que estaba llamando a gente, les entró "miedo" y se fueron. El grupo se dirigió hacia la salida (el bar tiene con dos para evitar que el ruido salga a la calle) y, según Lanza, él salía el último cuando su acompañante, Pablo M., le gritó: "¡Cuida, Rodri, que lleva una navaja!".

"Yo instintivamente pongo una pierna para que no se me abalance, le doy una patada en el estómago y me voy hacia atrás. Le di un puñetazo y me veo encima de él golpeándolo. Escucho que alguien me dice: "Para, para". Vuelvo en mí. Estaba aturdido en el suelo y veo algo brillante debajo de la banqueta. Y me voy", declaró. Después de la agresión, Lanza cogió su bicicleta y se marchó hacia el Camino de las Torres, donde se quedó en un portal y se puso a llorar. "Me puse a ordenar lo que había pasado. Quería irme a casa. Tenía la mando infladísima, llamé a una amiga en un bar para que me diera hielo y fui", ha añadido.

Si los hechos ocurrieron la noche del jueves 8 de diciembre de 2017, la detención se produjo el domingo a las 17.30 en su casa. "Al llegar a la comisaría, me dijeron que estaba grave. Yo pensé que podría tener la nariz rota, pero no que fuera tan grave. Reconocí que fui yo y que él llevaba una navaja", insistió. Cuando le dijeron que había muerto, asegura que se le cayó el mundo encima.

Las dos chicas que acompañaban al acusado corroboraron que Pablo M. gritó "cuida, Rodri, que lleva navaja", pero ninguna de las dos la vio. Una explicó que ella no vio forcejeo pero sí que en un momento dado, Lanza salió a la calle, tiró sus cosas (una mochila y una prenda de vestir) y volvió a entrar pegando un portazo. Otra indicó que oyó a Pablo M. gritar al acusado que parara de darle golpes a la víctima.

Su explicación contradice la de Lanza de que la agresión se produjo sin solución de continuidad y siempre de frente. Pero coincide con la de Ángel A. de que Laínez, al que reprochó que saliera tras el grupo pero, añadió, tardó un minuto y medio en volver, ya había recorrido medio bar cuando el acusado entró corriendo y lo atacó por la espalda.

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