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Aragón

Avanzadilla de la vuelta a clase: "Hay preocupación, pero confío en el colegio"

El Lycée français Molière de Zaragoza ha vivido este jueves un atípico regreso a las aulas entre estrictas medidas de seguridad y la emoción del primer día.

Vuelta al cole y vuelta, al menos, a una parte de la normalidad porque los más pequeños de la casa recuperan el entorno escolar. Lo han vivido los padres que este jueves han llevado a sus hijos al Lycée français Molière, colegio privado de Zaragoza que siguiendo el calendario de Francia se ha convertido en la avanzadilla de un inicio de curso atípico en el que comparten protagonismo las medidas sanitarias y de seguridad con la emoción de los chavales que se reencuentran con amigos y profesores y los inevitables lloros de los que se estrenan en esto de ir a la escuela.

"Hemos vivido con mucha incertidumbre, pero la vida sigue y tenemos que aprender a convivir con el coronavirus hasta que haya una vacuna. Hay preocupación, por supuesto, pero confío en el colegio y que en el plan que ha puesto en marcha los protocolos se van a cumplir bien", dice Pilar Guardia. Explica que tiene la suerte de poder teletrabajar, pero que con las extraescolares en el aire, la conciliación familiar "se ha convertido para muchos en un auténtico quebradero de cabeza". Su hijo, Daniel Frías, de 10 años, se sentía "un poco nervioso", porque empieza en secundaria y no conoce el nuevo edificio en el que está su aula. El tema de la mascarilla se lo toma con filosofía. "Va a ser complicado llevarla tantas horas seguidas, pero nos tenemos que acostumbrar y cumplir la norma".

El escenario es el mismo que otros años, pero el decorado ha cambiado bastante: los padres tienen que evitar arremolinarse en las diferentes puertas de acceso a ver lo que ocurre en el interior, algo que cuesta en este primer día, y los chicos entran al patio y se dirigen al sitio donde está su clase, ese grupo burbuja con el que van a convivir toda la jornada lectiva. Atrás quedaron las escenas de reencuentros en los patios, abrazos, corrillos y primeras carreras. En este primer día, todo el personal del centro está volcado en resolver las dudas que surgen y recordar que hay que seguir los circuitos que marcan las flechas.

"Se ha quedado encantada y saltando de alegría. Aunque le hemos hablado del coronavirus y de cómo tienen que comportarse, es muy sociable y estaba deseando venir. Hemos pasado unas semanas en las que parecía que todo podía pasar, pero ahora nos vamos más tranquilos. Para los niños tan pequeños es importante poder asistir presencialmente para su desarrollo social y emocional", contaba María Lanzuela tras dejar a Julia de tres años. Solo los acompañantes de los alumnos de infantil accedían esta mañana al recreo para recorrer con ellos unos metros hasta la entrada a la clase. A alguno, como siempre, le costó un buen rato convencer a su retoño para que se quedara.

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