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Aragón

vuelta al cole

La escuela, refugio para los más vulnerables

Millones de niños y adolescentes encuentran a diario en la escuela un lugar seguro donde refugiarse de la pobreza, las agresiones, los abusos. Son los más vulnerables, las víctimas silenciosas de esta pandemia mundial.

Para millones de niños, la escuela es la única oportunidad de escapar de la pobreza

Dentro de muy pocos días arrancará un nuevo curso escolar. Pero lo hará marcado por la incertidumbre -no recordamos una situación similar- ante el temor a unos contagios que no cesan y que podrían conducirnos de nuevo al cierre de las aulas y a pasados e indeseables escenarios pandémicos de confinamiento. Pero la educación debe continuar. Presencial, ‘online’ o mixta, es un pilar fundamental en la recuperación de cualquier crisis; un puente para salvar las cada vez más pronunciadas brechas sociales, económicas y educativas en todo el mundo. Sin embargo, a nadie escapa que la vuelta a las aulas ha de realizarse, tal como han venido exigiendo durante meses docentes y familias, en condiciones de absoluta seguridad, con unos protocolos y medidas sanitarias claros, precisos y eficaces, que garanticen la salud de la comunidad educativa y de toda la población.

Y que, aunque el objetivo es recuperar la normalidad -el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, aseguraba hace unos días que "las puertas de los colegios deben abrirse" con la certeza de que se han gestionado bien los recursos para ello-, será la propia covid-19 la que determine la evolución de los centros educativos y el grado de presencialidad en las aulas.

Sin embargo, angustiados -y con razón- por convertir las escuelas en espacios seguros contra el coronavirus -mascarilla, distanciamiento físico y ‘aulas burbuja’ (grupos estables de convivencia), protocolos de higiene y sanitarios, planes de contingencia...-, cuesta recordar que millones de niños de todo el mundo encuentran a diario en la escuela un lugar seguro donde refugiarse de la pobreza, de las agresiones, de los abusos y de la violencia, especialmente de puertas para dentro de sus propias casas. Son los más vulnerables, las llamadas víctimas ‘silenciosas’ de esta pandemia.

Para millones de niños de todo el mundo, la comida que reciben en la escuela es la única que hacen al día -según Unicef y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), el cierre de las escuelas provocado por la covid-19 ha puesto en peligro la alimentación de 370 millones de pequeños-. Y, cuando los niños no comen, cuando pasan hambre, "están en peligro de enfermar, de abandonar la escuela y de perder la mejor -y tal vez la única- oportunidad de escapar de la pobreza", reconocía el pasado mes de abril David Veasley, director ejecutivo del PMA, al tiempo que Henrietta H. Fore, en nombre de Unicef, alertaba al mundo sobre la necesidad de ampliar esos servicios vitales para la infancia más vulnerable y evitar que las "devastadoras" repercusiones de esta pandemia "duren décadas". 

Carmelo Marcén (Unicef Aragón): "La nutrición saludable y gratuita que las escuelas proporcionan se vio comprometida"

Porque "la escuela es mucho más que un lugar donde se aprende. Para muchos niños -continuaba- es la única forma de acceder a la seguridad y a los servicios de salud y nutrición". "Porque sin escuelas, los menores corren un mayor riesgo de explotación, violencia y abuso infantil". "¿Qué sucede cuando esos niños no pueden salir de casa, desconectados de sus maestros, amigos o servicios de protección?", se preguntaba la directora de Unicef.

La dimensión del impacto

Docentes, orientadores, expertos en educación… todos coinciden en que estos meses de confinamiento, con las aulas cerradas, han ocasionado graves perjuicios. Para entender la dimensión del impacto, Carmelo Marcén, investigador asociado a la Universidad de Zaragoza, exprofesor de instituto y vicepresidente de Unicef Aragón hasta el pasado mes de enero, echa mano de las percepciones señaladas por la Unesco. "Los aprendizajes se vieron interrumpidos, de forma especial en aquellos estudiantes que no disponen de oportunidades educativas más allá de la escuela; la nutrición saludable, gratuita o con descuentos, que las escuelas proporcionan a muchos niños y jóvenes, se vio comprometida; la confusión y el estrés del profesorado y del alumnado no ha podido ser paliada con las transiciones a plataformas de aprendizaje a distancia, muchas de ellas desordenadas y frustrantes". A su juicio, también se han visto comprometidas "las estrategias para medir y validar el aprendizaje", en casi todos los casos, tanto para el profesorado como para el alumnado y las familias.

El investigador incide especialmente en que muchas familias no estaban preparadas para la educación a distancia y en el hogar, "sin la necesaria formación y con recursos limitados", y en que el cuidado de niños y niñas se ha resentido mucho si los adultos han tenido que trabajar, dejándolos solos en los domicilios. Además, según el experto, la situación ha provocado "altos costes económicos" en algunas familias o un "quebranto laboral", sin olvidar que "el incremento de las tasas de deserción" puede ser una realidad en muchos países y que, en algunos lugares del mundo, se ha registrado un aumento "de una mayor exposición a la violencia y la explotación infantil por la no asistencia a clase".

En definitiva, Marcén insiste en que "mucho de lo que la escuela y la educación significan -con sus fortalezas y debilidades- se vino abajo". "La formación ‘online’ -continúa- no fue, no será, la solución universal, ya que no hace fácil la cercanía entre profesorado y alumnado y no está al alcance de muchas familias -menos todavía en los países de ingresos bajos-, pero tampoco lo está en sectores importantes de los de ingresos medios e, incluso, altos, ni en barrios de las megalópolis".

En su opinión, el paisaje educativo tras la pandemia "ha perdido nitidez y debe enfrentarse a graves retos en los cursos venideros". Y, cuando la emergencia de salud disminuya, habrá que renovar la educación colectiva y particular, "hacerla más reflexiva". "En este proceso -reflexiona Marcén- cabría preguntarse si la monotonía escolar dificulta su comprensión organizativa, si no se interioriza la dimensión de la escuela como institución, con sus virtudes y sus defectos".

Isabel Rech: "Cuando no se va a la escuela, todo esto se pierde en muchísimas familias; y, si se pierde, estaríamos abocados a un fracaso social sin precedentes"

Aunque el debate durante las últimas semanas sobre las condiciones de seguridad necesarias para volver a abrir las aulas ha sido tenso y ha sembrado el temor e incluso la indignación en buena parte de la comunidad educativa por la indecisión, lentitud y falta de coordinación y unidad política, a la hora de aportar soluciones, para Isabel Rech Olivan, orientadora escolar de infantil y primaria en el equipo de Monzón (Huesca), que atiende a los colegios de la zona, y vocal de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía, es "absolutamente necesario", siempre que la evolución de la pandemia lo permita, volver a abrir las escuelas. "Porque ir a la escuela -enfatiza- es garantía de igualdad de derechos y de oportunidades para el desarrollo de la personalidad y de la superación de cualquier tipo de discriminación, a través de la accesibilidad universal del aprendizaje, teniendo en cuenta a todo el alumnado, sin distinción -estoy hablando de inclusión-, y en especial al alunado con necesidades especiales". "Y, cuando no se va a la escuela, todo esto se pierde en muchísimas familias; y, si se pierde, estaríamos abocados a un fracaso social sin precedentes".

Personal del colegio Nuestra Señora del Carmen pinta y desinfecta las aulas para septiembre.
Personal del colegio Nuestra Señora del Carmen pinta y desinfecta las aulas para septiembre.
Toni Galán

Escenario de detección

Nadie cuestiona ya que los centros escolares son el escenario ideal para las tareas de detección y prevención de muchos problemas; tareas que resultan mucho más complejas a través de la educación ‘online’. "Durante el confinamiento -añade Rech- encontramos a niños que, cuando conectaban a través del ordenador eran incapaces de hablar con sus compañeros, sentían pudor y les costaba muchísimo interactuar".

La orientadora constata que, aunque en la escuela ya tenían conocimiento de situaciones familiares muy complicadas -ya que "el acompañamiento que se realiza en las aulas aporta datos que hacen que te des cuenta, enseguida, de que algo pasa en esa familia"-, la situación "se agravó mucho durante el confinamiento". Y nos referimos a situaciones de "malos tratos, problemas de alcoholismo, carencias económicas que conllevan comportamientos violentos...". "De hecho -insiste-, fue difícil detectar algunos cosos al principio, ya que estas familias, por lo general, son las que menos posibilidades tenían de conectarse a internet". "En la escuela -sostiene-, enseguida te das cuenta de que detrás de un niño agresivo, callado o demasiado tímido puede haber un problema". Pero, además, para Isabel Rech "la escuela tiene un maravilloso mecanismo compensatorio, que es capaz de hacer que los niños más vulnerables vivan otras experiencias y se olviden de las que sufren en sus casas".

Y, ahora, a la vuelta, según la especialista, toca trabajar a fondo "en la acción tutorial, a través de un plan de refuerzo emocional", para dar seguridad a los niños y confianza a las familias, porque "han pasado mucho miedo, angustia y un exceso de ansiedad tremendo". Toca saber cómo están los niños, cómo se sienten, qué cosas les han pasado cuando estaban en casa con sus familias… "porque de todo esto -asegura- sacaremos una información valiosísima". Y toca trabajar, "en coordinación con ayuntamientos y servicios sociales -es imprescindible-, con esas familias, sobre las que ya tenemos referencias, con necesidades sociales, porque si no, la brecha social será enorme y hará que se queden totalmente marginadas. Muchas están ya con ERTE o dependen de ayudas sociales, lo que, sin duda, agravará los problemas ya existentes".

Rech no quiere dejar escapar la ocasión y hace especial hincapié en los niños con necesidades educativas especiales que, aislados en sus casas durante el periodo de confinamiento, "dejaron de recibir los apoyos y refuerzos de profesores especializados y tutores que tenían en la escuela". "Es una pena -se lamenta- que, cuando parecía que en los últimos años se había logrado esta atención tan necesaria a la diversidad, ahora todo se pueda volver a resquebrajar. Por eso estas familias y sus hijos tienen que ser prioritarios".

La orientadora también alerta de que, si los niños se ven obligados a quedarse en casa, corremos el riesgo de que las relaciones interpersonales -esas que tanto enriquecen y preparan para la vida- y las habilidades socioemocionales se vean muy mermadas, tanto que, "cuando lleguen a la adolescencia, nos podemos encontrar con verdaderos problemas y trastornos psicológicos". "Ya hay muchos niños en primaria -añade-, que presentan trastornos de conducta alimentaria (más propios de la adolescencia), cuadros de ansiedad, estrés y miedos, que se detectaron en la escuela, se agravaron con el confinamiento, y que hora estamos derivando a los centros de salud porque necesitan apoyo especializado".

En Aragón el regreso a las aulas comenzará el día 7, pero será escalonado por cursos
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La pertenencia al entorno

Como su colega, Edna Pérez Esteban, orientadora educativa de infantil y primaria en un centro de educación especial, en Zaragoza, y miembro de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía, sostiene que la comunicación afectiva con los chavales es mucho más complicada a través de un ordenador y que, por eso, cuando los alumnos con necesidades educativas especiales están en el colegio, "aunque sea a ritmos diferentes, sienten que pertenecen a ese entorno y están mucho mejor supervisados y acompañados, ofreciéndoles toda la ayuda que necesitan". Y, en este sentido, si por la evolución negativa de la pandemia no se pudiera volver a la escuela, esos niños y familias vulnerables se verían embargados por una sensación "de pérdida y de alejamiento" de difícil recuperación, pues para estas familias "el apoyo del centro es vital".

La orientadora considera que es "prioritaria" la puesta en marcha de un plan de refuerzo emocional, que contemple la acogida del alumnado y sus familias. Tanto "para cerrar el curso anterior, que no se cerró" como para para darles un espacio en el aula. "Para ver cómo estamos y cómo vamos a convertir el cole en un espacio seguro, porque, si no se sienten seguros, si no se encuentran emocionalmente estables, aparecerán otros signos preocupantes, como el miedo, y esas percepciones negativas van a interferir en la dinámica del aprendizaje". Será imprescindible "insistir mucho en la regulación emocional -añade-, que identifique todas esas emociones que se generan, y apuntalar fuerte la responsabilidad individual de niños y padres, es decir, asumir que todos somos importantes y que todos contribuimos a lo que nos ocurre a nuestro alrededor. O, citando a Alejandro Magno: ‘De la conducta de cada uno depende el futuro de todos’". "Es una pena -concluye-, que tengamos que volver a una escuela en la que la máxima prioridad sea la salud -que evidentemente lo es- porque se perderá toda a esencia del arte de educar y del disfrute del cole".

Y, como a todos, le preocupa especialmente cómo se va "a lograr que los niños socialicen de una forma segura, ya que la socialización es una de las funciones esenciales de la escuela y motor de su desarrollo integral".

La escuela que atiende

Preocupada pero, a la vez, muy positiva y creativa con respecto al regreso a las aulas, para Pilar Martínez Aguilar, tutora de 4º del CEIP Calixto Ariño, en el zaragozano barrio de San José, la escuela tiene que ser capaz de dotar de medios a aquellos que no los tienen -libros, recursos, materiales, profesionales-, "porque la escuela atiende" y hay niños, sobre todos los más humildes y vulnerables, que carecen de estos medios en sus casas y que "encuentran en la escuela la posibilidad de aprender, de convivir, de educarse". "Nuestra obligación como maestros -enfatiza- es hacer de la escuela un lugar donde los niños sean felices, convivan y aprendan, porque hay cosas que no se pueden aprender si no se ve la cara del que las enseña. En casa, la pared es siempre la misma. Por eso es tan importante la educación presencial". Y destaca y ensalza la labor que desempeñan en los centros educativos los equipos de orientación, de atención a la diversidad y de educación especial, "verdaderos profesionales" capaces de detectar las dificultades y problemas que se generan tanto en casa como en el aula.

"La escuela -continúa- es un lugar donde todos son bienvenidos y cada uno aporta lo que tiene; es un espacio de convivencia. Y los niños, ahora, están pidiendo a gritos esa convivencia, en el marco, por supuesto, de las medidas sanitarias necesarias, que eviten la propagación de la pandemia". En aras de esa convivencia, la maestra reconoce que no está dispuesta a "rendirse" y que, si los niños no se pueden tocar, pues se diseñarán "actividades integradoras", en las que se guarden las distancias preventivas. "¡Que para eso estamos los maestros! -aclara-. Yo, personalmente, estoy dispuesta a dar las clases en el parque, si hace falta".

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