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Los erasmus zaragozanos que resisten a la covid en un año con el doble de renuncias

Hasta ahora 840 estudiantes de la Universidad de Zaragoza tienen previsto estudiar en Europa este curso, después de que 284 se hayan echado atrás y se reduzca a la mitad la llegada de extranjeros por el miedo a la pandemia.

Erasmus aragoneses en Suecia y Estonia.
Erasmus aragoneses en Suecia y Estonia.
Heraldo.es

El programa Erasmus de intercambio de estudiantes europeos afronta este curso el reto de favorecer la movilidad de los universitarios en medio de una pandemia. El estallido de la crisis sanitaria de la covid-19 provocó en marzo la fuga de muchos erasmus aragoneses de sus destinos para volver a casa. Esto no ha frenado a quienes tenían muy claro que querían hacer su último año fuera de casa, pero la Universidad de Zaragoza ha registrado  el doble de renuncias que el año pasado.

Para el curso 2020-21 que comienza se presentaron 1.124 solicitudes pero solo 840 se mantienen. "A día de hoy", matiza el vicerrector de Internacionalización y Cooperación, Francisco Beltrán, consciente de que "el goteo" de renuncias continuará a medida que se acerque el inicio de las clases en la mayoría de las universidades europeas, entre septiembre y octubre. Un total de 284 estudiantes se han echado atrás, frente a las 125 renuncias del curso anterior. "El número de solicitudes totales ha sido ligeramente inferior, un 7%, al del año pasado. La lectura positiva es que los estudiantes al menos han puesto los medios por si es posible hacer la estancia, lo cual dice mucho del atractivo del programa". apunta.

Bajada de extranjeros

Sin embargo, es consciente de que a los motivos para no ir de otros años como problemas familiares y económicos, estos últimos agravados este año por la crisis, se suma el miedo. La beca europea de unos 200 euros al mes no cubre los gastos "y todos sabemos que más allá del problema sanitario hay familias que lo están pasando mal y es un gasto que no se pueden permitir". En Aragón se puede solicitar una ayuda complementaria de 250 euros mensuales. La Universidad no penaliza a quienes renuncian dadas las circunstancias extraordinarias.

No ayuda a decidirse que haya universidades europeas que aún no tienen claro cómo será el curso. "Antes de ayer llegó una comunicación de una alemana diciendo que no admitía a estudiantes internacionales en el primer semestre", explica. Otras han pasado todas sus clases 'online', hay regiones que están exigiendo pruebas PCR o una cuarentena.

Donde confiesa que ha habido una "bajada espectacular" es en el número de estudiantes extranjeros que han solicitado estudiar en Zaragoza. Las peticiones se han reducido a la mitad, al pasar de 858 a 419. Beltrán confía en que lleguen más para el segundo semestre, cuyo plazo se cierra en noviembre. "Que Zaragoza haya estado liderando los ranking de covid no nos está ayudando". Hay universidades que han suspendido la movilidad. "Es la solución fácil, pero condenas a una promoción a que no se mueva", considera.

Los primeros que han comenzado ya las clases confían en poder completar su estancia y no tener que marcharse a mitad de curso como la anterior promoción. La nueva hornada coincide en que van más informados sobre la pandemia y palabras como confinamiento ya no causan el miedo de hace unos meses.

Juan, 21 años: Cuarentena de 15 días en Estonia o multa de 9.500 euros

Juan Domingo, erasmus zaragozano en Estonia.
Juan Domingo, erasmus zaragozano en Estonia, junto a los robots de reparto de comida del campus.
Heraldo.es

Juan Domingo, zaragozano de 21 años, estudia cuarto de Diseño industrial en la Escuela de Ingeniería y Arquitectura (EINA) del campus del Actur de la Universidad de Zaragoza. Va a cursar el primer semestre a 3.600 kilómetros, en Tallín. Este martes llegó a la capital de Estonia, aunque no ha podido asistir a la inauguración del curso porque está cumpliendo la cuarentena de 14 días obligatoria para los viajeros de países con más de 15 casos por cada 100.000 habitantes como España. "En el aeropuerto cuando enseñamos el DNI nos desviaron a una mesa para firmar un documento", recuerda sobre su llegada con otro compañero de carrera. "Desde nuestra Universidad Taltech nos informaron de las medidas que había que tomar", dice. Entre ellas, la multa por saltarse el confinamiento que es de un mínimo de 9.600 euros, según el documento que firmaron.

La pandemia no ha frenado sus ganas de estudiar fuera para mejorar su formación y su nivel de inglés. "Sabía que el coronavirus había tenido bastante poco impacto aquí. Ahora hay pocos casos", explica sobre la situación en el país. Estonia acumula solo unos 2.300 contagios y alrededor de 70 fallecidos, con una población similar a la de Aragón, de unos 1,3 millones de habitantes. Cree que comparado con otros países "aquí no había tanto peligro salvo la molestia de hacer la cuarentena".

Las clases son presenciales y la mascarilla es voluntaria pero asegura que "no he visto a nadie que la lleve". Mientras esté en cuarentena puede salir a comprar, pasear o hacer deporte, evitando el contacto con otras personas. Esto último afirma que no es un problema para los estonios "Aquí la gente no se junta, son bastante fríos, y aunque no hubiese pandemia irían muy separados", asegura sobre lo que ha ido conociendo del país. En la universidad explica que circula la chiste de que la población quiere que se acabe la pandemia para "poder volver a la distancia social de antes, que era de cinco metros y no de dos", bromea.

"Mientras se me permitiera pensaba irme, dentro de una responsabilidad de no poner en riesgo ni a los de aquí ni a los demás"

"Aquí parece que no ha pasado nada. Están relajados, pero con los de fuera son estrictos", afirma sobre las medidas de prevención. Él tiene que llevar mascarilla, salvo si está solo, y mientras dure la cuarentena, y nota que "la gente se aparta cuando me ve".

"Es algo que siempre he querido hacer", explica sobre su decisión de salir. Pese a la pandemia, tenía claro que "mientras se me permitiera pensaba hacerlo, dentro de una responsabilidad de no poner en riesgo ni a los de aquí ni a los demás". Asegura que "miedo de la pandemia, ninguno". No ha pensado qué haría si la situación sanitaria empeorara y se suspendieran las clases presenciales o hubiera un confinamiento. "Si se pudiese salir a la calle como ahora aunque fuesen las clases 'online' igual me quedaría", asegura.

Agustina, 23 años: Acostumbrarse a no llevar mascarilla en Suecia

Agustina Noya, erasmus de la Universidad de Zaragoza en Suecia.
Agustina Noya, erasmus de la Universidad de Zaragoza en Suecia.
Heraldo.es

El cambio cultural es similar para los estudiantes que han empezado estos días en Suecia. La poca relación entre la gente hace que mantener la distancia social no sea un problema y tampoco se ven mascarillas por la calle. En Suecia, las medidas frente a la pandemia han sido totalmente diferentes a España. El país sigue la política de no confinamiento desde el inicio de la crisis sanitaria con bares y comercios abiertos, y las medidas de prevención se limitan a la distancia social en busca de la cuestionada inmunidad de grupo a medida que hay más personas que hayan pasado la enfermedad.

"Llama la atención no ver a la gente con mascarilla, el primer día tienes hasta inseguridad", confiesa, Agustina Noya, de 23 años, que acaba de llegar a Linköping, una ciudad universitaria al sur de Suecia de unos 150.000 habitantes. Lo que sí le llamó la atención es que no tuviera que rellenar ningún formulario al llegar. El país no impone cuarentena  a los viajeros.

"Vi que era mi último año de carrera y pensé que si no aprovechaba ahora la oportunidad no iba a poder irme fuera"

Este viernes ha asistido a la presentación por internet del curso, pero las clases serán presenciales. Estudia Ingeniería Industrial y tras cuatro años de carrera y uno de master en la EINA va a hacer el segundo como erasmus. "Vi que era mi último año de carrera y pensé que si no aprovechaba ahora la oportunidad no iba a poder irme fuera". Además, en la universidad podía especializarse en logística y mejorar el inglés.

Le dio seguridad que el país no fuera de los que habían registrado más casos. "Con los pocos casos que tienen tan mal no lo estarán haciendo", cree. El país, que tiene unos 10 millones de habitantes, acumula unos 80.000 casos desde el inicio de la pandemia y casi 6.000 fallecimientos. 

En caso de que empeorara la crisis sanitaria tampoco tiene claro si volvería enseguida a casa. "Depende mucho de la situación, si veo que aquí va mejor que en España me quedo aquí, pero si está peor me vuelvo a casa".

Julia y Miriam: clases presenciales en grupos de menos de 50 alumnos

Las zaragozanas Miriam Hernández y Julia Lázaro, en la universidad sueca en la que estudian.
Las zaragozanas Miriam Hernández y Julia Lázaro, en la universidad sueca Jönköping en la que estudian.
Heraldo.es

Julia Lázaro y Miriam Hernández tienen 20 años. Hace dos semanas que llegaron Suecia. "Cuando bajamos del avión, volamos de Barcelona a Goteburgo, todos los suecos se quitaron la mascarilla y todos los españoles nos la dejamos", recuerdan. Una imagen que refleja la diferencia de medidas entre ambos países. "No tuvimos que estar en cuarentena ni hacernos PCR. Pensaba que me tendría que hacer una", afirma Julia.

Las clases en la Universidad de Jönköping a la que acuden, en la ciudad del mismo nombre de unos 100.000 habitantes, empezaron este lunes con la única indicación de respetar la distancia social y utilizar los geles hidroalcohólicos que hay en los edificios. "En los pasillos se han puesto dos caminos para ir en dos direcciones", explica.

Su grupo de master lo forman solo 20 estudiantes y pueden acudir todos a clase aunque tienen una asignatura a distancia. Para solucionar la falta de espacio al tener que respetar la distancia de seguridad, "en los grupos de más de 50 personas los primeros que se apuntan pueden ir presencial y el resto, por videollamada".

Confiesan que "aquí el covid lo tienen un poco olvidado. Aquí no te dicen que ha estado mal el país, sino que solo ha afectado a las residencias. Es casi vida normal", aseguran. Ellas ya han dejado la mascarilla en la maleta y "ahora cuando ves a alguien con mascarilla lo ves raro".

No tuvieron miedo a salir de España pese a la covid. "Yo solo lo iba a cancelar si me lo cancelaban. Es nuestro último año y no podíamos posponerlo más", explica Miriam. Valora la experiencia de poder mejorar el idioma y estudiar de forma diferente a España.

Incluso algunos de los erasmus del curso pasado confiesan que volverían. Es el caso de Belén Abencia, de 22 años y estudiante de ADE que salió de Venecia en marzo y terminó el curso por internet desde Zaragoza. En julio fue a por sus cosas a la residencia. "Yo he disfrutado tanto que recomiendo ir de erasmus, pero tal y como están ahora las cosas, depende de si se van a un país donde no han tenido muchos casos". Juan se marchó de Milán en marzo y también acabó la carrera con clases por internet pero repetiría. "Volvería a salir a cualquier país si en el futuro se me diese la oportunidad".

El vicerrector es consciente de que será un curso "complicado", pero cree que lo fue más el anterior. "No teníamos experiencia en una situación tan irreal como vivimos desde marzo. Este año vamos a intentar con la experiencia del anterior procurar capear el temporal", explica.

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