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Aragón

covid-19

Cena en Zaragoza, rebrote en el pueblo: el caso felizmente controlado de Boquiñeni

Esta localidad de la Ribera Alta del Ebro ha logrado acotar a ocho los casos gracias a un eficaz rastreo, al cierre de todos los equipamientos y al cumplimiento de la población.

Las calles desiertas de Boquiñeni, en una imagen de archivo.
Las calles desiertas de Boquiñeni, en una imagen de archivo.
Laura Uranga

Varios jóvenes se van de cena de fin de semana a Zaragoza. Durante los días siguientes, de vuelta en el pueblo, uno de ellos empieza a tener síntomas. Se hace una PCR que da positivo y, en ese momento, comienza un trabajo a varios niveles para tratar de controlar el brote. Se trata de Boquiñeni, uno de los pueblos que se han visto afectados por los inevitables contactos con la capital aragonesa, inmersa en plena ola de rebrotes. Afortunadamente, ha logrado controlarlo a tiempo gracias a la aportación de todos.

Según apuntan desde el centro de salud de Gallur (del que depende Boquiñeni) y desde el Ayuntamiento, el paciente 0 del rebrote se contagió en Zaragoza. “Hubo tres jóvenes que estuvieron de cena el fin de semana”, apunta Daniel Horenstein, coordinador del centro de salud. “Son chicos de entre 20 y 30 años que estuvieron con amigos, pero la verdad es que nos podía pasar a cualquiera que vayamos para cualquier cosa a Zaragoza o a Ejea”, añade el alcalde de la localidad, Juan Manuel Sanz.

Lo importante es que el brote se pudo controlar rápidamente. El joven afectado se hizo la prueba el viernes siguientes a la cena, y el lunes día 13 llegó el resultado. En ese momento, una médico y una rastreadora se pusieron manos a la obra en busca de los contactos del joven. El alcalde, por su parte, ordenó el cierre inmediato de las piscinas, el centro de la tercera edad, la pista de petanca… “En un pueblo pequeño como este (850 habitantes) es todo más fácil”, señala Sanz.

El trabajo de rastreo acabó con pruebas PCR para 25 personas que habían estado con el joven los días posteriores. Salieron cuatro positivos, cuyos contactos, a su vez, se empezaron a investigar. En total, pasaron por el consultorio para hacer las pruebas más de 50 personas, que tuvieron que estar confinadas a la espera de los resultados. Entre ellos, el propio alcalde. “Estuve tomando una cerveza con uno de ellos, así que tuve que hacerme la prueba y estar nueve días confinado”. Los test dijeron que no estaba contagiado.

En total, el rastreo arrojó ocho casos positivos: el paciente 0, cuatro miembros de una misma casa y tres amigos, todos ellos jóvenes o de mediana edad. Afortunadamente, solo tres tuvieron síntomas leves (ninguno tuvo que ser hospitalizado) y el resto fueron asintomáticos.

“El brote se controló estupendamente, se paró en seco”, apunta el coordinador del centro de salud de Gallur, quien achaca el mérito a la médico y a la rastreadora, quienes hicieron “un trabajo inmenso”. “Ya están todos dados de alta, trabajando y no ha habido nuevos episodios”, sentencia Horenstein.

Evidentemente, es más sencillo controlar un brote en Boquiñeni que en el barrio de Las Delicias de Zaragoza. “En las grandes ciudades es más difícil, porque el positivo igual ha ido a comprarse una camisa, se ha tomado un café, ha subido al tranvía, ha entrado en El Corte Inglés… Nosotros lo tenemos más fácil”, apunta el alcalde de la localidad de la Ribera Alta del Ebro.

No obstante, Juan Manuel Sanz destaca el alto grado de cumplimiento que los vecinos de este pueblo han tenido durante el rebrote. “Ha habido mucho respeto a las normas, la gente ha cumplido”, señala. Este lunes, con la alerta sanitaria ya más relajada, reabrieron las piscinas. “Hay gente que aún así apenas sale de casa, y los que salen cumplen con los protocolos que hay en cada sitio”, concluye.

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